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Regocijante visita a los musicales de Cole Porter
Florencia Peña y Diego Ramos animan los números principales de “Todo vale”, comedia musical basada en el espíritu y las canciones de Cole Porter.
"Vale todo" ("Anything goes") es la quintaesencia del musical pasatista y glamoroso que floreció en Broadway durante la década del '30 y al que hoy siguen venerando los amantes del género con cierto dejo de nostalgia. Su objetivo de origen fue capear los tiempos difíciles con fantasías amorosas y sueños de opulencia. No todo lo que sucede en escena tiene su razón de ser, pero es difícil sustraerse al encanto de las canciones de Cole Porter que invitan al romance, al desprejuicio y a tomarse la vida a la ligera como si fuese una copa de champagne.
El tema que da título a la obra -junto a "It's De-lovely" ("Qué adorable") y "You're the top" ("Sos lo más")- son particularmente seductores y persisten en la memoria ("De-Lovely", justamente, fue el título de la biopic de Cole Porter, interpretada por Kevin Kline, que se estrenó en los cines en 2004).
Entre chistes muy básicos, sazonados con algunos porteñismos para aumentar su eficacia, coreografías de gran vigor (se destaca el cuadro de tap dance que cierra el último acto) y un amplio despliegue de escenografía y vestuario, la puesta de Alejandro Tantanián cumple con su misión de entretener a lo largo de dos horas cuarenta.
La acción transcurre en un trasatlántico de lujo con destino a Inglaterra y en el conviven gente de alcurnia, millonarios venidos a menos, gángster de poca monta y mujeres de vida liviana capaces de tener sexo con toda la tripulación. Todo es fugaz y cambiante, por eso nada debe tomarse muy en serio. Ni siquiera el amor.
Y allí va Billy Crocker (Diego Ramos) dispuesto a conquistar a la bella heredera Hope Harcourt (papel a cargo de la excelente cantante Josefina Scaglione) que está comprometida con un Lord inglés (Martín Salazar), tan cómico como estrafalario. Sin merecerlo, Billy contará con la ayuda de su nueva amiga, la cantante Reno Sweeney (Florencia Peña) y la inesperada colaboración de Moonface Martin (Enrique Pinti), un delincuente venido a menos.
Entre identidades falsas y disfraces de pacotilla, el espectáculo avanza sin desmayo, sostenido ante todo por la labor de Peña. La actriz de "Casados con hijos" canta, baila y marca el ritmo de la acción con picardía y sensualidad (dos virtudes que no abundan en Broadway, donde las intérpretes tienden a hacer alarde de su voz). Por otra parte, el brillo y la energía de Peña consiguen realzar la labor de Ramos, quien no posee tan buenos recursos para la comedia musical.
Pinti arranca carcajadas con su hampón malhablado y Sofía Pachano es toda una revelación como la descocada Erma, sobre todo cuando canta "Cuidate de mí. También se destacan Noralih Gago como la ambiciosa madre de Hope, y Roberto Catarineu, un veterano del género que transita por el musical como pez en el agua. Basta con escuchar a su banquero Whitney (el jefe de Billy) cantar a capella la palabra "Harvard", para apreciar su enorme talento.


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