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"Relatos salvajes" y otras profecías (casuales) del cine
El film de Damián Szifron, las Torres Gemelas incendiadas de “Armageddon” y el tsunami de “El último día”. Hechos que el cine anticipó sin proponérselo.
El caso de "Relatos salvajes", de esa manera, le añade a su propio y exitoso historial otro mojón más, el de convertirse en profética a pesar suyo. No son muy numerosos los casos en los que el cine acertó tan cerca de los hechos y con tanta precisión una catástrofe, sobre todo en la que participara la voluntad. Pueden recordarse, de los últimos años, películas como "Cuenta regresiva" (2010), con Nicolas Cage, que se anticipó al desastre petrolero de BP en el Golfo de México, o un poco más atrás "Armageddon", de Michael Bay (1998), en una de cuyas escenas se veía algo similar a la caída de las Torres Gemelas (aunque, desde luego, sin que el agente fuera algún grupo fundamentalista). Los films premonitorios sobre desastres naturales tampoco son tan corrientes; acaso, el más acercado fue "El último día" (2010), del coreano J.K. Youn, cuyas imágenes son estremecedoramente similares al tsunami más devastador que padeció Japón (mérito profético, por otro lado, bastante pobre para el señor Youn, porque sería casi como considerar que el famoso film catástrofe de los '70 "Terremoto" se anticipó a los sucesivos sismos que continuó padeciendo la ciudad de Los Ángeles).
Del otro lado de la balanza, en esta línea, hay que ubicar los centenares de películas que se propusieron ser proféticas y fracasaron miserablemente, desde la histórica "Metrópolis" (1927) de Fritz Lang, que imaginó un año 2000 con coches voladores, y que no fue la única en atribuirle esa ventaja al siglo XXI: sin ir tan lejos, "Volver al futuro 2", estrenada en 1989, imaginaba el año que estamos transitando, el 2015, con otra forma de vehículos voladores alimentados a chatarra. Y ni qué decir "Inteligencia artificial" de Steven Spielberg, que llegó a los cines poco antes del 11 de septiembre de 2001, y en cuya escena inicial, una Nueva York post-apocalíptica y semidestruida, lo único que permanecía en pie eran... las Torres Gemelas.
El caso de "Relatos salvajes", sin embargo, posee un plus que escapa al del síntoma de la profecía involuntaria. No son pocos los que especularon, en las redes sociales y ahora entre los espectadores ingleses, si el copiloto Andreas Lubitz pudo haber visto la película y, como dicen los psicólogos, pasar al acto en su decisión criminal. Pero, aun en ese caso (del que no existe ninguna prueba), culpabilizar al cine por inducir a los psicópatas a perpetrar sus actos criminales caería en el mismo sofisma sobre el que se edificó, desde el nacimiento mismo del arte, la historia de la censura.



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