Renovada izquierda de Francia no teme hablar de seguridad

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París - Que un partido socialista tenga en su Secretariado Nacional a un responsable para Seguridad es algo sorprendente, considerando la tendencia de la izquierda a negar el problema o a verlo como bandera de la derecha. Pero el socialismo francés parece decidido a asumir el reclamo de un electorado que ve su vida cotidiana envenenada por el incremento de la delincuencia. Las promesas incumplidas del presidente Nicolas Sarkozy en la materia explican, además, en buena medida la derrota del oficialismo y el resurgimiento socialista en las elecciones regionales del pasado 21 de marzo. Ámbito Financiero entrevistó a Jean-Jacques Urvoas, diputado por Quimper (Bretaña) y secretario nacional para la Seguridad del PS -»soy un ministro del Interior», ironiza- en su despacho contiguo al Palacio Bourbon donde sesiona la Asamblea francesa.

Periodista: ¿Ha cambiado el discurso de la izquierda sobre la inseguridad?

Jean-Jacques Urvoas: El Partido Socialista ha tenido siempre una mirada lúcida sobre este tema. Pero desde 1997 nos atrevimos a decirlo de modo diferente, dejando de lado términos como «sensación de inseguridad», que podían hacer pensar que no se trataba de una realidad. Asumimos plenamente que la seguridad no es algo accesorio. La diferencia con la derecha es que creemos que hay que castigar mejor, pero también prevenir mejor. Un castigo es eficaz si evita que una persona que ha cometido un crimen tenga deseos de reincidir.

P.: ¿Cómo se logra eso?

J.J.U.: Nada peor que una pena que no se cumple. En Francia muchas condenas no se efectivizan porque los tribunales están desbordados, faltan medios, etcétera. De allí nace el sentimiento de impunidad. Pero la pena debe ser proporcionada, la sanción no tiene por qué ser necesariamente el encierro. La derecha tiende a medir la eficiencia por el encierro. Por eso nuestras cárceles están saturadas y la delincuencia no baja. La prisión es criminógena: uno sale más decidido a delinquir que cuando ingresó. La escala de penas debe adaptarse al delito y a la persona. Cuando juzgo un delito también juzgo a un hombre. El acto no basta para determinar la pena.

P.: ¿Ha aumentado la inseguridad?

J.J.U.: Sí, porque la Policía y la Gendarmería -nuestras dos fuerzas de seguridad- no tienen los medios ni los métodos para luchar eficazmente contra la delincuencia. Una Policía eficaz es una Policía presente. La que vemos todos los días, la que vive en los barrios en los cuales trabaja. La población confiará en su Policía si la conoce y el policía conocerá mejor un lugar si vive en él.

P.: ¿Faltan policías en las calles?

J.J.U.: La Policía debe estar en la calle para proteger a la gente, pero el Gobierno suprime puestos y los reemplaza con cámaras de vigilancia. Nosotros preferimos que haya más policías en las calles. Porque la prevención siempre será más eficaz si se hace con personas que con aparatos. Hoy la Policía no está allí donde la necesitamos porque no se ha superpuesto el mapa de la presencia policial con el del delito. Durante seis días no vemos a nadie y el día siete vienen los patrulleros a saturar el espacio y asustar a los delincuentes que, cuando llegan los móviles, se van. Si hubiera Policía toda la semana, quizá los delincuentes no estarían. Tenemos una Policía de interpelación. El año pasado hubo un récord escandaloso de 800.000 arrestos. Es porque el Gobierno cambió las leyes de modo que, ante el menor delito, se puede proceder a un arresto. Además, impuso una lógica del número, un imperativo de rendimiento que la Policía vive muy mal porque la condena a ser menos eficaz. Si se es evaluado, por ejemplo, a partir del número de arrestos de vendedores de cannabis, es tentador dedicarse a eso y no a desmantelar la red. La relación entre la gente y la Policía se ha degradado. La Policía no protege a la población, sino que se dedica a hacer números para que el Gobierno pueda decir que es eficiente. Pero lo cierto es que la inseguridad aumenta.

P.: ¿Cuáles son los delitos más frecuentes?

J.J.U.: La pequeña delincuencia, la que más afecta a la gente, está aumentando: el arrebato, la agresión gratuita en la calle, el robo en casas, etcétera.

P.: ¿La crisis incide en este aumento de la delincuencia?

J.J.U.: Por supuesto, de momento que existe una pauperización creciente hay sin duda tentaciones más fuertes. Pero no por eso la delincuencia está condenada a crecer. El Estado debe adaptarse. Garantizar la seguridad de las personas y los bienes es una obligación del Estado, no una facultad. Justamente porque la situación se deteriora en el plano económico, es que la seguridad debe ser garantizada. La seguridad es un derecho.

P.: ¿Influyó la inseguridad en estas elecciones regionales?

J.J.U.: Mucho. Nicolas Sarkozy se hizo elegir sobre la base de la promesa de seguridad. Fue su marca de origen. Y no ha cumplido. Las cifras -incluso oficiales- muestran que la situación se está degradando. Se puede decir por televisión que las cosas mejoran, pero no si una persona no se siente segura cuando sale a la calle.

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