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Resiste Sarkozy presión de los sindicatos
«Es un deber efectuar esta reforma y llevarla adelante hasta el final», dijo Sarkozy, citado tras una reunión de gabinete por la secretaria de Estado para la Familia, Nadine Morano, al día siguiente de la mayor jornada de protestas contra esta reforma, que involucró según los organizadores a 3,5 millones de personas.
El Gobierno se ha mantenido firme en los principales puntos de la reforma y los más rechazados en la calle: el aumento de 60 a 62 años de la edad mínima para tener derecho a jubilarse y de 65 a 67 para cobrar una pensión completa.
«No serán las protestas de la calle las que hagan dar marcha atrás a una reforma indispensable», dijo Sarkozy, quien más tarde, ante diputados centristas aliados de su partido UMP (derecha), aseguró que no puede «ir más allá» en las concesiones que hizo la semana pasada.
Justificación
Las reformas que se propone Sarkozy son razonables. El Gobierno afirma con lógica que el aumento de la esperanza de vida y un déficit del sistema de pensiones que la crisis triplicó en 2010 a 32.000 millones de euros justifican esta reforma, respaldada por las cámaras empresariales. Si se implementa, Francia tan sólo estará adoptando lo que muchos vecinos europeos ya instrumentaron hace un tiempo.
«Sarkozy no puede permitirse dar marcha atrás», opinaba la noche del martes Roland Cayrol, fundador del instituto CSA. El asunto ahora es que «ninguna de las dos partes sabe de qué forma la otra está dispuesta a salir de la crisis», puntualizó el analista.
«La intransigencia de Sarkozy, al rechazar el más mínimo diálogo, alimenta el escenario de la radicalización», opinó en su editorial el diario francés Le Monde, y advirtió: «En momentos en que registra el más bajo apoyo en las encuestas, (Sarkozy) corre el riesgo de un efecto búmeran en las elecciones presidenciales de 2012».
El Gobierno hizo algunos ajustes favorables a las madres de tres hijos; de quienes empezaron a trabajar jóvenes o efectúan labores difíciles, aunque esas concesiones no lograron frenar las manifestaciones.
El martes los sindicatos consiguieron las movilizaciones más numerosas de los últimos 15 años en Francia. Según el Gobierno, los manifestantes fueron 1,2 millón, un tercio de lo que difundieron los sindicatos.
Las protestas, además, siguen contando con un fuerte respaldo de la opinión pública. Estudiantes secundarios y universitarios se hicieron notar en las manifestaciones.
Con un acatamiento del 17% al 53% en el sector público, las huelgas se mantenían ayer en sectores clave como el ferroviario y las refinerías.
La dirección del grupo petrolero Total indicó que sus seis refinerías estaban interrumpiendo sus operaciones. Industriales del sector aclararon que la escasez de nafta podría sentirse recién en las próximas semanas.
Trenes
Un tercio de los trenes de gran velocidad y la mitad de los regionales circulaban tras la prolongación de la huelga en el sector.
«No hemos llegado al final del proceso. Naturalmente, sería más sano que el jefe de Estado y el Gobierno tomaran conciencia del alcance del descontento», afirmó Bernard Thibault, secretario general de la CGT, primer sindicato francés que junto a las otras centrales obreras prevé una nueva jornada de manifestaciones el sábado y estudiaría otra para la semana próxima.
Agencias AFP y EFE

