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Resucita BoNY en la Argentina: vuelve a operar
Thomas Griesa
La llegada de Alfonso Prat Gay al Ministerio de Hacienda y de Federico Sturzenegger como presidente del Central hizo que la situación cambiara y que, primero casi en secreto y luego públicamente, el vínculo se reconstruyera hasta que la conducción de las negociaciones con los fondos buitre y acreedores resolviera recontratar al BoNY en sus funciones de agente financiero. La entidad volverá a ser el agente financiero y de pago del país a partir de mañana, cuando gire los u$s 12.500 millones a los fondos buitre y los acreedores luego del acuerdo firmado con la Argentina para salir del default. Y hacia delante será además la entidad encargada de realizar todas las operaciones financieras vinculadas con la operación de liquidación del pasivo impago desde 2001, como también los pagos de la deuda "performing" (al día a partir de las reestructuraciones de deuda de 2005 y 2010). Para cumplir esta tarea en los próximos años, deberá refundar su presencia en Buenos Aires, siempre como banca especializada en grandes capitales y operaciones y como entidad de "segundo piso".
El anuncio de la expulsión del BoNY había sido anunciada por el entonces jefe de Gabinete Jorge Capitanich. Éste anunció el 26 de agosto del año pasado que el Central revocaba la autorización otorgada para operar en el país por no haber efectivizado el pago a los bonistas reestructurados. Ese mismo día el BoNY era demandado por fondos inversores tenedores de esos u$s 539 millones que no cobraron el dinero por no haber sido liquidado por el banco (que a su vez cumplía órdenes de Griesa, bajo amenaza de tener sanciones para operar en Wall Street). Entre los demandantes se encontraban fondos ingleses, como el de George Soros y Kyle Bass.
Oficialmente, los motivos por los cuales el Gobierno de Cristina de Kirchner retiraba la autorización para operar en la Argentina incluían el incumplimiento de los deberes según las exigencias de la normativa local y la "falta de financiamiento a residentes del país" por parte de la entidad financiera norteamericana.
El banco mantenía una muy pequeña oficina en el microcentro porteño, donde, en realidad, no realizaba más operaciones que las que le encomendaba el Gobierno argentino. De hecho, la última operación privada había sido en noviembre de 2012.


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