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Resultado puede cambiar la relación con EE.UU.
«Estamos esperando los resultados de las elecciones israelíes para empezar a trabajar con el nuevo gobierno», dijo la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, el viernes luego de que el enviado especial George Mitchell le hubo informado sobre su viaje a la región.
«Esperamos trabajar con todas las partes para avanzar hacia un acuerdo negociado que ponga fin al conflicto entre Israel y los palestinos», aseguró en conferencia de prensa.
Clinton se comprometió a trabajar con todas las partes para «crear un Estado Palestino independiente y viable en Cisjordania y la Franja de Gaza, y que le dé a Israel la seguridad que busca».
Los responsables de la nueva administración estadounidense, que parece menos inclinada que la precedente a darle un apoyo incondicional a Israel, evitaron expresar una preferencia por cualquiera de los dos candidatos en las elecciones legislativas de mañana: el jefe de la oposición de derecha, Benjamín Netanyahu, y la ministra centrista de Relaciones Exteriores, Tzipi Livni.
Pero para M.J. Rosenberg, autor de una publicación semanal de la comunidad judía progresista de Estados Unidos -IPF Friday-, la nueva administración estadounidense se inclina, sin sorpresa, por Livni.
Los expertos coinciden, sin embargo, en que el resultado de las elecciones no alterará sustancialmente la política de Estados Unidos hacia Israel.
«No predigo una ruptura en las relaciones entre Estados Unidos e Israel, y no preveo el fin del proceso de paz, cualquiera sea el vencedor», indica Aaron David Miller, del Woodrow Wilson Center. «La realidad es que, sea quien fuere el elegido, Livni o Netanyahu, ningún primer ministro israelí podrá ignorar las oportunidades de paz árabe-israelíes cuando éstas se presenten», dijo este ex negociador en Medio Oriente.
Por otro lado, las diferencias «entre Netanyahu y Livni son mínimas y sobre Irán son casi indetectables», agregó.
De todos modos, recuerda David Makovsky, del Washington Institute for Near East Policy, Netanyahu prometió que su partido, el Likud, colaboraría con Kadima de Livni y el Partido Laborista tras las elecciones.
«Este llamado a la unidad parece satisfacer a la opinión pública, que teme que un gobierno puramente de derecha, como el que encabezó Netanyahu a fines de los 90 sea sinónimo de enfrentamiento con Estados Unidos», declaró Makovsky.
La historia demuestra que los primeros ministros de la derecha más dura firmaron acuerdos de paz cuando Estados Unidos ejerció presión sobre ellos, destacan los tres expertos.
En 1977 Menajem Begin, representante del ala derecha del Likud, eligió primero la confrontación con el presidente estadounidense de la época, Jimmy Carter, indica David Miller. «¿Adivine cómo terminó aquello? Con un tratado de paz con Egipto».
En 1996, cuando acababa de acceder por primera vez al cargo de primer ministro, Netanyahu se opuso a Bill Clinton. Terminó firmando dos acuerdos provisorios con el líder palestino Yaser Arafat, agregan.
Según M.J. Rosenberg, «las 'palomas', que se preparan para ponerse de luto si gana la derecha, deben tener presente la historia. Las cosas no son siempre lo que parecen», explicó.
Agencia AFP


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