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¿Resurrección?: elogios unánimes al discurso de Obama en Arizona
Barack Obama emocionó a todo Estados Unidos el miércoles a la noche con su discurso en homenaje a las víctimas del atentado de Tucson, Arizona. Sus palabras fueron un brillante llamado a la recuperación de la mesura en el debate político.
Y ello justamente cuando uno de sus potenciales rivales en las elecciones de 2012, Sarah Palin, metió la pata al usar el controvertido término «libelo de sangre» en su primera larga -y esperada- respuesta a las acusaciones vertidas en los últimos días a su corresponsabilidad en la masacre del sábado por usar un lenguaje políticamente violento (ver aparte).
La diferencia entre ambos discursos no podría ser más grande, y prácticamente todos los medios y analistas así lo destacaron ayer.
«Obama aprovecha la oportunidad que pierde Palin», afirmó el diario Político, para el que la ex gobernadora de Alaska y representante del ala más conservadora del Partido Republicano «demostró que tiene poco interés -o capacidad- en ir más allá de su marca de política basada en agravios». En cambio, sobre el presidente apuntó que «recordó incluso a sus críticos su capacidad de unir a los más dispares estadounidenses en torno a un mensaje de reconciliación».
«El tono de ambos discursos no podría haber sido más diferente», coincidió The New York Times. «Y ambos sirven de recordatorio del choque político por venir cuando comience en serio la campaña presidencial de 2012 el año próximo», agregó.
Más allá de un nuevo llamamiento a calmar el acalorado tono del «polarizado» debate entre los partidos, poco en el emocional discurso de Obama de la noche del miércoles puede ser considerado como un mensaje politizado.
Indudablemente, sus palabras tendrán consecuencias políticas y, por una vez, favorables para una Casa Blanca que hace tiempo que no recibe demasiadas buenas noticias, pero que se apresta ya a la carrera de fondo que supondrán las elecciones presidenciales del año próximo.
No en vano, la historia reciente de Estados Unidos está llena de momentos «definitorios» como el que muchos consideraron ayer que fue el discurso de Arizona.
Basta recordar la imagen del predecesor de Obama, George W. Bush, hablando sobre los escombros de las Torres Gemelas tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 y el fuerte impulso de popularidad que obtuvo. Y que cadenas de televisión como CNN repitieron ayer, comparándola con la de Obama.
Que un comentarista del prodemócrata Huffington Post calificara ayer el discurso de Obama como un «momento decisivo de la oratoria presidencial» en el que el mandatario «una vez más demostró el mejor aspecto de su liderazgo» no es demasiado sorprendente.
Hay que hacer, sin embargo, un buen esfuerzo de memoria para encontrar, si es que existe, una aprobación tan generalizada entre la oposición republicana que desde el inicio del mandato de Obama apenas ha dado tregua al presidente.
Tan inusual de hecho, que en su página web el Times recogió ayer la avalancha de comentarios positivos anotando que la respuesta fue «positiva de forma uniforme, incluso de algunos de sus mayores críticos».
«Excelente. Hizo exactamente lo que un líder debe hacer en un momento como éste», dijo al programa «Good Morning», de ABC, el gobernador republicano de Nueva Jersey, Chris Christie.
«Fue inesperado. Fue valiente. Fue genuino. Y el presidente merece que le demos crédito», declaró al Post Marc Thiessen, que escribía discursos al ex presidente George Bush.
Y aunque le costó, hasta el comentarista de radio ultraconservador Glenn Beck, que el pasado verano boreal lideró un mitin de la derecha más radical en Washington cerca de la Casa Blanca, admitió en Fox News que el de la víspera fue «probablemente el mejor discurso que jamás ha dado» Obama. Para el comentarista de MSNBC y ex congresista republicano Joe Scarborough, «si se vuelven a lanzar flechas hoy, y va a pasar, sólo servirá para depreciar» a aquellos que critican al presidente.
Que las críticas volverán a arreciar, y muy pronto, es algo que nadie duda en un panorama político todavía muy polarizado. Pero Obama demostró el miércoles a la noche que no ha perdido esa capacidad oratoria que en buena parte lo llevó a la Casa Blanca y de la que seguramente tendrá que seguir haciendo buen uso para repetir mandato.
Agencia DPA


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