Tras el rechazo generalizado a la oferta que el jefe de los diputados kirchneristas, Agustín Rossi, trajo de su reunión con la Presidente en la quinta de Olivos, el Gobierno salió a buscar 20 votos cruciales de aliados para retener las facultades delegadas que vencen el 24 de este mes. El principal objetivo de la Casa Rosada es conservar por un año el ejercicio extraordinario de prerrogativas propias del Congreso que le permiten fijar el nivel de retenciones. Nadie consideraba serio ayer en los pasillos de la Cámara de Diputados que el kirchnerismo muestre como una concesión permitirle al Congreso elevar el nivel de retenciones.
«La oferta del Gobierno sigue siendo inconstitucional. Además, es impresentable ofrecerle al Congreso que recupere sus facultades delegadas para subir las retenciones. Siguen sin entender la discusión», martilló ayer el macrista Christian Gribaudo, vicepresidente de la Comisión de Agricultura de la Cámara baja. El radical Pedro Morini, el socialista Lisandro Viales, Francisco Ferro y la peronista disidente Irma García también anticiparon su rechazo de plano al proyecto kirchnerista.
Casting
Sin quórum propio ni mayoría garantizada en el recinto, ahora el oficialismo empezó un casting de aliados para imponer su propuesta en el recinto. Fuentes del Frente para la Victoria admitieron ayer ante este diario que sería imposible emitir un dictamen unificado sobre la prórroga de facultades delegadas y por eso se preparan para librar la batalla en la sesión plenaria de la Cámara baja. Después de la diáspora que provocó la pelea con el campo y la derrota electoral, el bloque kirchnerista quedó reducido a 110 diputados. Con ese piso, Rossi saldrá a buscar un pelotón de 20 aliados de partidos de centroizquierda que apoyen la retórica oficialista en la discusión sobre retenciones y redistribución del ingreso. Más allá de ser la única opción que le queda al oficialismo, la misión no es tan complicada, y ya existe un borrador de potenciales aliados:
El Partido Renovador de Salta y otros sellos provinciales podrían terminar de dibujar una ajustada y efímera victoria del kirchnerismo en Diputados, que duraría sólo hasta el 10 de diciembre, cuando asuman los nuevos legisladores y el Gobierno se despida de las mayorías en ambas Cámaras.


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