- ámbito
- Edición Impresa
Retos titánicos esperan al nuevo líder haitiano
Con la luz del nuevo día llegaba también con toda claridad la inmensidad de la tarea que le espera al popular cantante reconvertido en político como 56° presidente del país más pobre del hemisferio occidental, que en el último año se ha visto abatido por catástrofes como un terremoto que se cobró cientos de miles de vidas e instituciones y una epidemia de cólera que sigue sin desaparecer.
«Gracias por la confianza. Vamos a trabajar para todos los haitianos», escribió Martelly en su cuenta de Twitter -el intenso uso de las nuevas tecnologías ha sido uno de los elementos que más lo han diferenciado de sus contrincantes electorales- apenas conoció que los resultados preliminares le otorgaban casi el 68% de los votos en la segunda ronda celebrada el 20 de marzo, frente al poco más del 31% de su rival, Mirlande Manigat (esta denunció ayer un fraude pero no dijo si impugnaría el escrutinio).
Los analistas coinciden en que la «arrolladora» victoria de «Sweet Micky», como se lo conoce por su antiguo apodo musical, se debe a su capacidad de haber logrado presentarse como la única alternativa en el país al «establishment» político que ha regido los agitados designios de Haití en las últimas décadas.
Su otro apodo, «Tet Kale» o «cabeza rapada» en referencia a su atributo físico más sobresaliente, se convirtió en los últimos meses de un Haití sumido en una profunda crisis electoral en un auténtico grito de guerra de multitudes de jóvenes que ya dejaron claro con sus violentas protestas en diciembre, cuando Martelly quedó inicialmente descartado de la carrera electoral, que no iban a admitir a otro presidente que a quien adoran casi como a un ídolo.
Su elección «debería ser vista como un fuerte rechazo a la élite política de Haití», dijo el experto en ese país de la Universidad Trinity Washington, Robert Maguire, a The Wall Street Journal.
«El estatus de outsider de Martelly ha sido una importante parte de su presentación como candidato», coincidió en The New York Times, Laurent Dubois, profesor de la Duke University. «La cuestión, sin embargo -puntualizó Dubois- es cómo y de qué manera esto conformará la manera en que gobierne una vez que llegue al poder».
Ante todo Martelly deberá encarrilar de una vez la retrasada reconstrucción del país con ayuda de los 10.000 millones de dólares que ha prometido la comunidad internacional, un jugoso «pastel» que puede atraer muchos problemas más allá de soluciones en un Haití de pasado corrupto.
No podrá dejar de lado en ello la búsqueda de una solución para las casi 700.000 personas que siguen en campamentos temporales tras haberlo perdido todo en el terremoto, ni dejar de contener la epidemia de cólera latente en Haití desde finales del año pasado. Todo ello con un panorama político interno más que complicado.
En un informe que el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, presentó a finales de marzo sobre la Misión de Estabilización de Haití de la ONU (MINUSTAH), el alto funcionario advertía de las «temibles dificultades» que heredará el nuevo Gobierno resultante de los comicios.
A las consecuencias del terremoto, alertó Ban, se unirá «el comienzo de la próxima temporada de huracanes, la falta de capacidad del sector público» y la «creciente desilusión de la población hacia sus dirigentes y la clase política actual, así como por la situación socioeconómica reinante después de mucho tiempo».
Martelly tendrá además que lidiar con la presencia en Haití de dos largas sombras del pasado del país: el dictador Jean-Claude «Baby Doc» Duvalier y el ex presidente Jean-Bertrand Aristide,quien si bien hasta ahora se ha mantenido en un discreto silencio sigue contando con una fortísima base popular. Su antipatía por «Tet Kale» es bien conocida. Y es mutua.
Agencia DPA


Dejá tu comentario