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Retrato a fondo de una mujer atribulada
Talita Braga presentará una única función de su premiada obra “Las rosas en el Jardín de Zula”.
Dirigido por Cida Falabella y coprotagonizado Andreia Quaresma, el espectáculo describe el derrotero de Rosângela, una mujer oriunda de Minas Gerais que en su búsqueda de nuevos caminos se prostituye, hace amistades, va presa por tráfico de drogas y afronta toda clase de experiencias hasta que un camionero la rescata de su crisis personal. Dialogamos con Braga:
Periodista: ¿Esta obra dio origen a la Compañía?
Talita Braga: Sí. El grupo se inició con una investigación acerca del uso de la realidad en el teatro y de cómo convertir una historia personal en la historia de muchos.
P.: ¿Cómo está estructurada?
T.B.: El espectáculo oscila entre ese pasado que evocamos las actrices y el tiempo presente. Se sumerge en la historia de la protagonista y desmitifica de forma poética y respetuosa la figura de la madre que es un tema universal. Al inicio mostramos opiniones del público, para salir del registro personal y para abrir más la discusión, y mientras la historia avanza sumamos nuestros testimonios, los míos y los de Andréia (Quaresma). Las dos reflexionamos sobre la relación madre-hijo, la identidad femenina y la condición de la mujer en la sociedad actual. Este es un material que nos atraviesa en tanto mujeres, hijas y actrices. Después de cada función pedimos la opinión al público.
P.: ¿Qué procedimientos utilizaron para dar credibilidad a esta historia?
T.B.: En teatro es casi imposible retratar una historia real con total fidelidad, y para hacerla más veraz utilizamos cartas, fotografías familiares, testimonios grabados y fragmentos de una entrevista de tres horas (en video) que le hice a mi madre. También incluimos el vestido de casamiento de Zula, mi abuela materna. Ella murió cuando Rosângela tenía apenas un año y ocho meses. Su ausencia en la vida de mi madre forma parte de esta historia.
P.: ¿Su caso refleja los conflictos sociales de Brasil?
T.B.: No, el caso de mi madre responde a una cuestión humana, existencial, de crisis de identidad que afecta a personas de cualquier región.
P.: Una espectadora nordestina declaró que es muy habitual, en el Estado de Ceará, que alguien diga: "salgo un rato" y después no vuelva más.
T.B.: La persona que cedió el testimonio para ese video de Youtube se refirió al deseo que muchas personas tienen de desaparecer, de abandonar una vida que las oprime. Para lograr esa libertad muchos dejan atrás una existencia aparentemente más cómoda por otra más difícil, pero que al menos le da más verdad y autonomía a sus vidas. Existen regiones de Brasil en las que el índice de prostitución es muy alto y eso sí está conectado con una situación de pobreza, pero no fue el caso de mi madre. P.: ¿Cuáles fueron las razones concretas de su partida?
T.B.: Esa fue la primera pregunta que le hice cuando la entrevisté para este espectáculo. La respuesta fue: "Esto, usted no me lo pregunta, no. Porque yo no sé... no sé. Ella no sabe y yo tampoco sé... Mi madre murió el 8 de septiembre de 2013. Sólo asistió a un video del espectáculo.
P.: ¿Qué aprendió su madre de aquel vagabundeo?
T.B.: No lo puedo enumerar aquí. Sólo puedo decir que fue una persona que salió de los límites y consiguió volver para contar lo que vivió. En este trabajo decidimos hablar del momento en que mi madre abandona su hogar, de la vida en la calle y de su decisión de retomar su vida. A partir de esa experiencia hablamos del amor y de la fuerza de lo femenino.
P.: ¿Fue posible el reencuentro familiar?
T.B.: Mi madre retomó su vida, recuperó el vínculo con nosotros. Seguimos como una familia normal, si es que eso existe. ¿Y qué puedo decir de mi padre? Fue un hombre que nunca juzgó las actitudes de mi madre, así que para mí y mis hermanos eso quedó atrás.
Entrevista de Patricia Espinosa


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