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"Riesgo de crisis europea es una recesión crónica"
• ENTREVISTA A YANG YAO, UNO DE LOS ECONOMISTAS CHINOS CON MÁS PROYECCIÓN EN OCCIDENTE
Yang Yao
Yang Yao, uno de los economistas chinos más escuchados en Occidente, nació en 1964, estudió Desarrollo Económico en la Universidad de Pekín y luego obtuvo un doctorado en esa especialidad en la Universidad de Winsconsin (Madison). Actualmente es director del Centro de Investigaciones Económicas de China y profesor de Economía en la Universidad de Pekín. Es miembro del «A-List» de columnistas del Financial Times y también columnista invitado de la revista The Economist. Sus artículos son regularmente publicados en Project Syndicate y es editor de la publicación China Economic Quarterly. Su área de especialización es el desarrollo económico y la transformación institucional en China y es autor de numerosos artículos académicos y varios libros sobre el tema. Por su formación y experiencia, Yao ofrece una visión y perspectiva distintas de la crisis y del futuro de la economía mundial.
Emilio Ocampo: Más allá de sus múltiples causas inmediatas, en su opinión... ¿la crisis fue consecuencia de mucha o poca intervención del Gobierno?
Yang Yao: Creo que no es cuestión de mucha o poca intervención gubernamental. En Estados Unidos la crisis fue el resultado del «ultracapitalismo» norteamericano, una versión del capitalismo que se basa en una alta rentabilidad, mucha innovación y salarios altos para los ejecutivos de las empresas. Esta versión es consistente con la cultura norteamericana que realza la libertad e independencia individual, y contribuyó a que EE.UU. se convirtiera en la potencia número uno del mundo. Sin embargo, también es la causa principal de las fluctuaciones económicas. El sector financiero, la «joya de la corona» de esta versión del capitalismo, provocó la crisis financiera y aún contribuye al déficit de cuenta corriente norteamericano. A través de sus intermediarios supereficientes, el sistema financiero norteamericano promueve el consumo y atrae capital en grandes cantidades de otros países para financiarlo. El mercado laboral norteamericano es más flexible que el de otros países avanzados. Aunque esto es bueno para la eficiencia económica, destruye el capital humano. Inspirado en el «ultracapitalismo», el sistema educativo de Estados Unidos se enfoca en producir genios en vez de formar obreros calificados. Esto ayudó a que EE.UU. sea el país más innovador del mundo, pero también destruye la oferta laboral para empresas medianas y grandes que se ven forzadas a relocalizar su producción en otros países. La crisis de Europa es de otra naturaleza. Es por «vivir más allá de los propios medios». Desde esta perspectiva no es muy diferente a las crisis de deuda soberana que experimentó América Latina en los años ochenta. En aquel entonces, el FMI, el Banco Mundial y los gobiernos occidentales impusieron duras condiciones de austeridad a los países latinoamericanos a cambio de una reducción y reprogramación de su deuda. En la actual crisis, los países del sur de Europa han sido tratados de manera más indulgente.
E.O.: ¿Qué encuentra de parecido entre la crisis que afectó a Estados Unidos y la que afecta actualmente a Europa?
Y.Y.: Ambas comparten un alto endeudamiento externo. Sin embargo, Estados Unidos no ha experimentado una crisis de deuda soberana porque el dólar es la moneda del mundo. Además, EE.UU. sigue siendo la economía más fuerte del planeta en términos de su capacidad de innovación. Tiene esperanzas de recuperarse y superar la crisis. El sur de Europa enfrenta otro panorama. Mi instinto me dice que estos países tendrán que reducir su estándar de vida, de la misma manera que lo hizo América Latina.
E.O.: ¿Cómo ha afectado a China la crisis de EE.UU. y Europa?
Y.Y.: La ha afectado mucho. En la década pasada, un tercio del crecimiento económico de China provenía del crecimiento de las exportaciones. La desaceleración de la economía mundial le ha dado un golpe al crecimiento chino. La segunda recesión de Europa es una de las razones por las cuales China no crecerá tanto este año.
E.O.: Hay quienes sostienen que esta crisis significa el fin del capitalismo: ¿concuerda con esta opinión?
Y.Y.: No. Hay muchas versiones del capitalismo. La
crisis actual quizás deje en evidencia serias fallas en la versión norteamericana del capitalismo, el «ultra capitalismo», pero no en la versión alemana del capitalismo. Las versiones alemana y nórdica del capitalismo son mucho menos ambiciosas que la norteamericana. Por esa razón no son tan innovadoras. Sin embargo, son más estables que la versión norteamericana y por lo tanto menos proclives a experimentar crisis. Al final, Estados Unidos necesita atenuar su «ultracapitalismo», lo que en definitiva significa no sólo menos rentabilidad, innovación y compensación de los ejecutivos sino también menos competencia más cooperación entre los estratos grupos.
E.O.: El mundo desarrollado exhibe ratios de Deuda Pública sobre PBI no vistos desde el fin de la 2ª Guerra Mundial y altísimos déficits fiscales. Además, la mayoría de los países tienen una población que envejece, lo cual aumentará el presión sobre el gasto público. ¿Cómo podrán los gobiernos manejar la situación sin recurrir al default o a la reestructuración de su deuda? Siendo un acreedor tan importante de estos países... ¿cómo debería posicionarse China?
Y.Y.: Quizás haya una sola manera de resolver el problema para los países desarrollados de Europa: ajustar sus estándares de vida por un tiempo y recuperar la competitividad industrial. Para otros países desarrollados, como EE.UU., el problema quizás se resuelva con más innovación. Al final, las economías emergentes ganarán cada vez más participación en la economía mundial. China debe utilizar sus ahorros sabiamente. Para mi, la única manera en que puede evitar sufrir pérdidas en el caso de un default es convirtiendo sus tenencias de deuda en inversiones o aumentar su inversión directa en los países avanzados. Esto puede tomar tiempo pero al final ocurrirá.
E.O.: ¿Cómo ve la economía mundial de acá a diez años? ¿Cuáles países serán ganadores y cuáles perdedores una vez que el mundo salga de la crisis?
Y.Y.: No hay ganadores en esta crisis. China probablemente se convertirá en la economía más grande del mundo en diez años. Pero eso no es porque China ha ganado gracias a la crisis. De hecho, probablemente China hubiera llegado más rápido a esa posición de no haber sido por la crisis ya que habría crecido más rápido sin esta crisis. A mi juicio los principales riesgos son: 1) que la crisis europea se convierte en una recesión crónica, y 2) que Estados Unidos no logre ningún avance tecnológico importante en los próximos 5 a 10 años.
E.O.: En la última década, la economía china ha requerido niveles de inversión cada vez más altos para mantener la misma tasa de crecimiento del PBI. ¿Es sostenible esto? ¿Cuál es el riesgo de que China sufra una crisis de exceso de inversión?
Y.Y.: No me preocupa el exceso de inversión en general. China necesita más autopistas y subterráneos, y nuevas fábricas y nuevos edificios. Lo que sí me preocupa es un exceso de inversión por parte del Gobierno. Comparados con las empresas privadas, los gobiernos invierten por invertir ya que ganan incluso cuando las inversiones son malas. China tiene que reducir la inversión pública y dejar que el sector privado asuma un rol más importante para aumentar la eficiencia de la economía.
E.O.: Hay quienes sostienen que la abundancia de los recursos naturales es cosa del pasado y que los precios de los commodities entraron en un ciclo secular alcista, en gran medida provocado por China. ¿Concuerda con esta opinión? ¿Cómo puede seguir creciendo a estas tasas la economía china cuando enfrenta precios cada vez más altos en energía, alimentos, etc.?
Y.Y.: China es un factor importante detrás del aumento de los precios de los commodities. El crecimiento chino representó el 30 o el 40% del crecimiento mundial en los últimos años. Por ello no sorprende que este crecimiento ha puesto presión alcista sobre el precio de los commodities. Sin embargo, el aumento de precios no frenará el crecimiento chino porque a) los costos asociados a los commodities representan una porción pequeña del PBI, b) China puede traspasar parte de estos costos al resto del mundo, y c) las empresas se verán forzadas a adoptar tecnologías más eficientes en el consumo de commodities.
E.O.: En el siglo XIX Gran Bretaña forjó una alianza con países ricos en recursos naturales (entre ellos Argentina) para asegurarse la provisión de materias primas y alimentos. ¿China sigue la misma estrategia?
Y.Y.: Sí. China está haciendo lo mismo.
E.O.: Los actuales problemas de Europa y la favorable situación para naciones ricas en recursos naturales provocada por el crecimiento de India y China ofrecen a Argentina una oportunidad histórica para cerrar la brecha de ingreso per cápita que la separa del sur de Europa. ¿Cree Ud. que la manera de aprovechar esta oportunidad es promoviendo el consumo con subsidios, administrando precios con controles, amenazas y presión del Gobierno, interviniendo el mercado cambiario con medidas policiales, estableciendo barreras al comercio e imponiendo una carga impositiva extra sobre los sectores agropecuario y energético?
Y.Y.: Creo que estas no son las políticas adecuadas. Los precios de los commodities no seguirán subiendo eternamente. De hecho, probablemente caigan cuando India y China comiencen a adoptar fuentes de energía alternativa. Nunca estuve en Argentina pero sospecho que experimenta el clásico problema de la «enfermedad holandesa»: altos precios internos y un sub desarrollo relativo del sector industrial. En Brasil, cuya economía tiene cierto parecido con la de Argentina, he encontrado las hamburguesas de Mac Donalds más caras del mundo: la última vez que visité ese país un almuerzo en ese local me costó 20 dólares. En vez de concentrarse en redistribuir las ganancias generadas por el boom de los commodities, el Gobierno argentino debería prestar más atención a desarrollar la industria local.

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