Roma logró quórum en todos los bloques

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La delegación de diputados y senadores que trotó por Roma en las últimas 72 horas cubrió, más allá de lo esperado, el marco de armonía política que se esperaba de la ceremonia de inicio de un pontificado con matriz argentina.

Mientras Cristina de Kirchner ejercitó hasta lo impensado su rol de presidente del país en el que nació el nuevo papa, los legisladores pasearon por la ciudad en conjunto como si el grupo hubiera contratado un tour.

Para la tropa, entonces, Roma fue una fiesta. Ayer en la Plaza San Pedro los argentinos tuvieron lugares de privilegio. Los diputados y senadores se ubicaron en primera fila, cerca del palco reservado a Cristina de Kirchner y desde donde vieron pasar a Francisco en su papamóvil sin blindaje por lo menos en dos ocasiones. Por lo menos lo suficientemente cerca como para que les llegara alguna sonrisa de saludo del Papa.

No era para menos: en esa fila se sentaron el kirchnerista Agustín Rossi; los radicales Mario Negri, Ricardo Gil Lavedra, Juan Carlos Marino y José Cano; el macrista Federico Pinedo y los socialistas Rubén Giustiniani y Juan Carlos Zabalza. Muchos de ellos tuvieron largas reuniones con Jorge Bergoglio en el arzobispado.

Desde allí podían ver bien cerca a Cristina de Kirchner y la otra delegación, la "oficial". En ese otro palco hubo también representantes del Congreso: Julián Domínguez se ubicó en primera fila con la Presidente y al fondo ubicaron a Ricardo Alfonsín, al que le tocó ese palco netamente oficialista por su rol de vicepresidente de la Cámara de Diputados. Antes del inicio de la misa, desde allí los saludó Cristina de Kirchner a mano alzada.

En realidad, tanto la cruadrícula de cinco filas que le reservaron a la Presidente como los lugares extra para diputados y senadores fueron mucho más que la disponibilidad que tuvieron otros países, aunque por otro lado pareció lógico habida cuenta la nacionalidad del Papa.

El final de la misa de iniciación de mandato en la Plaza San Pedro marcó también la terminación de las obligaciones de la delegación argentina.

De allí partieron todos al Hotel Savoy, donde paró en pleno la delegación del Congreso y, también en grupo, a cenar a un restorán cercano. Sólo Federico Pinedo se desmarcó del grupo para comer con su jefe Mauricio Macri y su esposa en un restorán cercano a la Fontana de Trevi.

Anoche, el grupo partió al Trastevere, el barrio de Roma más allá del río Tiber, de moda en materia de restoranes, para la cena, esta vez todos en grupo de nuevo y sin desmarcarse, como para dejar bien claro que las rencillas son en Buenos Aires y ante las cámaras de TV.

Hoy el grupo volverá a Buenos Aires, pero con cambio de itinerario: partirán, como también lo hará Macri, en un vuelo directo desde Roma en lugar de hacer escala en Madrid, como sucedió a la ida. Será el fin de esa armonía que sólo el papado pudo lograr.

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