Rowling y otra caldera del diablo

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J.K. Rowling «Una vacante imprevista» (Bs.As., Salamandra, 2012, 604 págs.)

La súbita muerte de un concejal desata una feroz competencia entre miembros de las fuerzas vivas de un pueblito; buscan hacerse cargo de la «vacante imprevista» para solucionar, cada uno a su manera, cada cual con su beneficio, un antiguo litigio territorial. El conflicto crece hasta enfrentar hijos contra padres, pobres contra ricos, esposas contra maridos, alumnos contra maestros, y el viceversa de todo eso. La novela, lenta y minuciosa al comienzo, se vuelve acelerada e intensa para contar enfrentamientos manifiestos y latentes, violencias de género, pedofilia, drogadicción, acoso escolar, entre otras tantas lindezas. La historia está servida para que la «novela adulta» de la autora de «Harry Potter» se convierta en serial de la BBC de Londres.

Esta feroz comedia de costumbres tiene un glorioso antecedente estadounidense. Hace más de medio siglo una mujer que sale de la pobreza haciendo notas periodísticas, Grace Metallious, publica una novela desnudando los secretos, las hipocresías, las intimidades de un pueblito. La novela tiene el nombre del pueblo imaginario, «Peyton Place», y es uno de los más recordados best sellers con 52 semanas en las listas y más de 32 millones de ejemplares vendidos ¡en 1956!. Y al poco tiempo se convirtió en una de las series de TV más famosas del mundo, «La caldera del diablo». La novela de «Jo» Rowling tiene mucho de esa caldera donde se cocina, fundamentalmente, lo peor de la gente.

Luego del rotundo éxito mundial de su magistral saga de Harry Potter, la gran Joanne Rowling decidió pasar a otro campo narrativo, contar una historia que incurriera en la crítica social directa, que se desmadrara en la exposición y el juicio de costumbres, que desnudara simulaciones y dobleces, que contara sin pudor los más variados orgasmos, y que no se privara de lanzar los insultos que surgen en los momentos justos (algo que ya había aprendido de su maestro de literatura juvenil, el genial Roal Dahl).

Los críticos que no pudieron decir que «Una vacante imprevista» era aburrida, dijeron que era «decepcionante». Como no podían decir que estaba mal escrita, dijeron que era «banal». Y lo más gracioso es que dijeron que «le faltaba magia» como si quisieran que en una novela de costumbres, a mitad de camino entre Daphne du Maurier y la Nobel Doris Lessing de «Canta la hierba», pusiera mujeres voladoras al estilo García Márquez o hiciera aparecer a los ridículos Dursley, esa familia que le ocultaba a Harry su identidad de mago. Había quienes querían condenar a la talentosa J.K. Rowling a repetir la senda de Enid Blayton que se dedicó hasta su muerte a tejer sagas de pandillas juveniles. Se podría suponer que la equivocación de Rowling fue avisar (por cuestiones de marketing) que había escrito una «historia para adultos» y publicarla con su nombre, le hubiera ayudado hacer como, entre otras, Ruth Randell que firma como Barbara Vine algunas obras. Algo que quienes gozaron leyendo «Mr. Gwyn» de Alessandro Baricco comprenderan plenamente.

M.S.

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