28 de enero 2010 - 00:00

Rusia eleva víctimas mortales a 4 millones

El rostro y la mirada de sobrevivientes ayer en el campo de concentración de Polonia volvieron a dar cuenta de la atrocidad del nazismo y de la dignidad de sus víctimas, que no olvidan.
El rostro y la mirada de sobrevivientes ayer en el campo de concentración de Polonia volvieron a dar cuenta de la atrocidad del nazismo y de la dignidad de sus víctimas, que no olvidan.
El Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB), heredero del KGB, aprovechó la conmemoración del 65º aniversario de la liberación de Auschwitz para presumir de tener documentos que acreditan que las cifras manejadas sobre el número de personas asesinadas en las cámaras de gas son tres veces superiores a las dadas hasta ahora por válidas.

En declaraciones reproducidas por la agencia Interfax, el experto del Archivo Central del FSB, el historiador Vladímir Makárov, aseguró que «los fascistas no lograron destruir toda la documentación sobre Auschwitz. La Comisión Extraordinaria que interrogó a testigos y verdugos llegó a la conclusión de que en Auschwitz murieron más de cuatro millones de personas».

En el mundo académico, las afirmaciones de Makárov han causado gran sorpresa, porque esas mismas cifras, utilizadas a menudo por los negacionistas del genocidio nazi por exageradas, fueron las empleadas durante los juicios de Nüremberg y desmentidas años después. David Bankier, director del Instituto de Investigación de Yad Vashem de Jerusalén, las desmiente sin reservas y declara que la cifra de asesinados en Auschwitz sólo podía ser calculada contabilizando el número de personas que entraban al campo (cifra imposible de saber, porque muchas de ellas pasaron directamente a las cámaras de gas sin ser registradas) o sumando las personas que fueron deportadas a Auschwitz desde diversos puntos de Europa. De esta forma, se pudo determinar que desde que fue puesto en marcha en la primavera de 1940, por los tres campos principales que formaban el complejo de Auschwitz pasaron 1.300.000 personas. De ellas, 1.100.000 (el 90% judíos) encontraron allí la muerte de una manera hasta entonces inédita: un proceso metódico e industrializado destinado a cumplir los objetivos ideológicos de una Europa libre de la presencia judía, tal y como rezaba el ideario nacionalsocialista. Pero independientemente de la polémica, siempre interesada, en torno a las cifras, el Holocausto es para muchos historiadores el acontecimiento más decisivo del siglo XX.

Lo que se conmemoró ayer en todo el mundo no sucedió sólo en Auschwitz, aunque sí principalmente en la Polonia ocupada entre 1939 y 1945. El inicio del Holocausto lo marca la conferencia de Wannsee, celebrada en Berlín en enero de 1942, en la que se decide la eliminación física de 11 millones de judíos en toda Europa. Para ello se pone el marcha la llamada Operación Reinhard, que establece la creación en Polonia de tres campos, no ya de concentración, sino de exterminio. Así, Treblinka, a pocos kilómetros de Varsovia, y Bélzec y Sóbibór, en las cercanías de Lublin, empiezan a funcionar en la primavera de 1942. En el primero, son asesinados con monóxido de carbono producido por motores diésel en cámaras de gas unos 800.000 judíos procedentes, principalmente, del gueto de Varsovia. En Bélzec, unos 450.000, y en Sóbibór, 150.000, utilizando el mismo sistema.

Para apoyar a los campos de la Operación Reinhard, que concluyó en noviembre de 1943, se instalaron también cámaras en un campo de trabajo ubicado a las afueras de Lublin, en Majdanek, donde son gaseados, utilizando indistintamente monóxido de carbono y Zyklón B, unos 50.000 judíos. Pero el Zyklón B (nombre comercial del cianuro de hidrógeno, usado para combatir plagas en las plantaciones agrícolas) fue utilizado de manera exclusiva en Auschwitz, donde se canaliza todo el proceso de exterminio después de que fuesen borradas las huellas de los campos de Bélzec, Sóbibór y Treblinka.

Tras probar su eficacia con un grupo de prisioneros rusos el 3 de setiembre de 1941, el comandante de Auschwitz, Rudolf Höss, decide usar este sistema en las cuatro cámaras de gas de Birkenau (o Auschwitz II), fabricadas e instaladas por empresas civiles alemanas entre marzo y junio de 1943.

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