8 de marzo 2011 - 00:00

Sabbatella colector no es lo mismo que Ramos

El periodista Jorge Raventos, miembro del Centro Segundo Centenario, hace algunas puntualizaciones sobre el relato que dio Charlas de Quincho en la edición del lunes 14 de febrero pasado sobre la «colectora» que en 1973 armó el dirigente del FIP Jorge Abelardo Ramos en apoyo de la candidatura de Juan Perón. Aporta datos sobre las razones de esa colgadura y también sobre el rédito económico que pudo tener Ramos.

Como es natural, Jorge Abelardo Ramos no «anotó» la candidatura de Perón en su boleta a espaldas del interesado: el viejo General quería que hubiera un canal para encuadrar y contener a quienes quisieran apoyarlo desde la izquierda, pero que eso ocurriera fuera de su propio movimiento. Pero, sobre todo, necesitaba sumar votos para superar, no ya a la fórmula radical Ricardo Balbín-Fernando de la Rúa (eso se daba largamente por descontado), sino el caudal que había logrado en marzo de ese mismo año Héctor Cámpora, electo con el 49,3 por ciento (ante la proscripción que el Gobierno militar le había impuesto a Perón y le había perdonado a Cámpora).

Él sabía que a la sombra de Cámpora se había amparado y había tomado fragmentos del Estado (desde gobernaciones y vicegobernaciones hasta ministerios y manejo de fuerzas policiales) el sector de los montoneros que lo hostigaba (y que, por esos días, planificaba ya el asesinato de José Rucci). Por eso quería dar una gran batalla por la legitimidad y abrumar con votos a ese camporismo. Perón obtuvo el 62 por ciento de los votos y a través de la boleta del FIP se canalizaron cerca de 900.000 sufragios.

Tales los motivos fuertes por los que hubo una boleta de izquierda apoyando a Perón en septiembre de 1973: la clave está en Perón, no sólo (ni principalmente) en Ramos.

Muchos de aquellos camporistas que fueron derrotados, desplazados y finalmente expulsados de la Plaza por Perón (más algunos camporistas tardíos) pretenden ahora usar aquel antecedente para avalar con la autoridad del General el actual proyecto de listas colectoras bonaerenses y el apoyo a la sedicente candidatura progre del señor Sabbatella.

Se trata de un fraude argumental. Esa candidatura de Sabbatella se propone colgarse de la boleta presidencial justicialista para competir con el peronismo por los cargos provinciales y municipales. Con todo respeto, se trata de una táctica de arrebato. La boleta del FIP no competía con los peronistas por ningún cargo: los únicos nombres que contenía eran los de Juan Perón y su esposa.

Se afirmó que Ramos había acumulado «una fortuna personal» con «el dinero que el Estado pagaba por cada sufragio». Ramos solía bromear con sus debilidades («las tengo todas: soy zurdo, judío, pelirrojo, pecoso, apoyé al peronismo y hasta fui trotskista»). Entre esas debilidades no estaba tener el brazo largo. Ni siquiera sus enemigos -que suelen ser los peores- han sugerido que usara en su provecho los fondos de su partido. Le reprocharon que apoyara a Carlos Menem, que fuera embajador durante su presidencia, que entonces impulsara a su movimiento a disolverse e integrarse orgánicamente en el peronismo.

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