19 de abril 2011 - 00:00

Sabbatella, factor para descifrar preferencia K

Martín Sabbatella
Martín Sabbatella
El dispositivo electoral que la Casa Rosada le habilitará a Martín Sabbatella, a simple vista un elemento accesorio, esconde una clave que permitirá descifrar las preferencias de Cristina de Kirchner sobre lo que vendrá a partir del 11 de diciembre de 2011.

La bendición o la negativa para que el sabbatellismo tenga una boleta propia de senadores y diputados nacionales, aunque conlleva una especulación numérica -respecto de porcentajes y bancas- expresará, sobre todo, la voluntad política del cristinismo.

La reglamentación de la Ley de Primarias, publicada el último viernes autoriza, por igual, las dos alternativas. El formato final está supeditado, entonces, a una decisión de Olivos. Sabbatella aparece, por tanto, cautivo de los antojos de la Pre-sidente.

A su lado, invocan que en ningún momento esa cuestión estuvo en la agenda. No lo atribuyen a un olvido: observan como un hecho per se de que el acuerdo, sellado con Néstor Kirchner, ratificado luego con su esposa, consistía en apoyar sólo al candidato presidencial.

Argumento

«Sea él o sea ella», rezaba el contrato original. Aquello se sostenía sobre un argumento: el expresidente, al promover la colectora de Sabbatella, buscaba una variante opuesta a la del peronismo oficial.

Tenía, entonces, una razón electoral: tras la experiencia de 2009, Kirchner asumió que el PJ no le alcanzaba para garantizar un triunfo en primera vuelta. Sabbatella había logrado el 5,7% en esa legislativa, podía crecer a 8 o 10 puntos y, de ese modo, aportar 4 a los 40 puntos para evitar un balotaje.

Con los meses, ese propósito -sobre todo tras la muerte del patagónico- mutó. La boleta de Sabbatella dejó de tener una justificación de matemática electoral. En teoría, con Cristina de Kirchner como candidata, el oficialismo ganaría con o sin una colectora.

Pero apareció otro componente: la voluntad de la Casa Rosada de ganar en la provincia, con una diferencia amplia sobre Daniel Scioli. Superar por 8, 10 o 12 puntos al gobernador aparece, en los cálculos K, como un recurso para mitigar futuras rebeldías.

Enigma

En Balcarce 50 son, por momentos, bestiales: «Cristina va a sacar 15 más que Scioli y va a ser la demostración de que Scioli no expresa a todo el modelo». Lo dijo días atrás un funcionario de primer nivel. No despejó, sin embargo, el enigma de la boleta nacional.

Colisionan en ese punto dos lecturas: una interpretación numérica, que sugiere que cederle la lista a Sabbatella implica regalarle 3 o 4 diputados; otra, con pretensiones ideológicas, plantea que darle entidad autóno-ma al diputado de Morón es expresar «algo diferente» al FpV.

¿Y con Sabbatella, sólo como gobernador, sin boleta de legisladores nacionales eso no se lograría? Parcialmente se explica: «mezclar» al dirigente, que ha hecho de las críticas al PJ del conurbano su leitmotiv, con los candidatos del peronismo clásico, podría desperfilarlo y, por extensión, espantar a votantes cristinistas que reniegan del esquema PJ-Moyano.

De la sumatoria entre la diferencia de votos con Scioli y la distinción de lo que expresan el PJ y Moyano germina una voluntad, una preferencia de Cristina de Kirchner, por sesgar a esos actores.

Mientras espera, Sabbatella cosecha gestos: ayer, por caso, Nilda Garré visitó Morón: más que un acto institucional fue un gesto político. En estos días, el sabbatellismo saldrá a la calle con un mensaje único: Cristina presidente.

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