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Sátira política mexicana cautivó a todo Biarritz
El realizador mexicano Luis Estrada presentó en Biarritz su nueva sátira política, “La dictadura perfecta”, con la que se puso al público en el bolsillo.
Se alude, por ejemplo, al entonces presidente Vicente Fox Quesada, cuando habló de la capacidad de los mexicanos para encarar en EE.UU. trabajos que "ya ni los negros hacen". O la cobertura de un exitoso allanamiento que resultó toda una "reconstrucción mejorada" de los hechos reales. Y el escándalo de la cámara oculta (y la cama tendida) que registró a un alto miembro de la Asamblea Legislativa recibiendo un maletín lleno de dólares de manos de un empresario, lo que le hizo retroceder varios casilleros en su carrera política (dicho sea de paso, el empresario era argentino, pero, por suerte, en la comedia eso no se advierte). Y así, a todo lo largo.
Por supuesto, en México esas alusiones son inmediatamente reconocidas. Lo interesante es que también en este rincón de Francia la película haya causado tantas risas y aplausos. En gran parte porque las situaciones, de mucho ritmo, son muy graciosas, pero también porque algún punto en común debe haber, aunque no tenga el nivel de disparate y caradurez que aquí se pinta. Muy bien llevada, "La dictadura perfecta" (frase de Mario Vargas Llosa aludiendo al partido político dominante en México) es la tercera sátira política de Luis Estrada. Las anteriores son "La ley de Herodes (si lo votas, te jodes)" y "El infierno", que satiriza las bestialidades de narcotraficantes, socios y encubridores.
Más que larga, sus 143 minutos de duración se pasan volando. Se arrastran, en cambio, los apenas 93 de "El cielo del centauro", trabajosa fantasía de Hugo Santiago filmada en Buenos Aires. Despareja, la obra tiene méritos formales indiscutibles, sobre todo un tratamiento fotográfico que resalta ciertos colores (como el lila de los jacarandáes) dejando el resto de la pantalla en blanco y negro, y estalla de pronto en un capítulo donde alguien analiza los cuadros de Cándido López sobre la Guerra del Paraguay. El público aplaudió tibiamente, pero no hubo deserciones. Un poco, porque en la presentación Hugo Santiago, autodefinido "porteño de París", estuvo muy comprador. Hace años que vive en Francia, y allá también es casi un mito. Es el hombre que filmó "Invasión", nada menos que con Borges y Bioy Casares como guionistas, y el compositor Juan Carlos Paz como singular protagonista de poncho y chambergo brillando en un reparto memorable.
"Invasión", precisamente, y un documental de Estanislao Buisel e Ignacio Masllorens completaron, en el mismo día, una auténtica triada "santiaguien". Que coincidió en las salas del Royal con un par de documentales santiaguinos: "Allende, mi abuelo Allende", de Marcia Tambutti, ausente con aviso, y "La once", de Maite Alberdi, delicioso seguimiento de unas viejitas que se juntan a tomar la merienda desde los tiempos en que iban a la escuela. Una de ellas, ya ausente, era abuela de la directora. En verdad, del grupo inicial solo quedan tres. "Primero les hice una función para ellas, lloraron mucho, pero desde que se estrenó, hace cuatro meses, van a cada rato al cine, para que la gente las felicite. Y hasta la han llevado a un festival en EEUU", contó la directora, y agregó algo muy interesante: "Mi miedo al estrenarla era la reacción de la gente de izquierda, porque son mujeres muy de derecha, pero la película gustó a todos. El tema de la amistad a través del tiempo, de la vejez bien vivida, hizo que todo el público las quiera, más allá de sus diferencias políticas". Una pena, ninguna de estas películas tiene distribuidor en la Argentina.
(*) Enviado especial

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