23 de abril 2013 - 00:00

Scioli, el equilibrista, de aislado a rodeado

Un equilibrio inmóvil: Daniel Scioli habló de los cacerolazos, sin críticas, mientras recupera el protocolo de su pertenencia “formal” al kirchnerismo.
Un equilibrio inmóvil: Daniel Scioli habló de los cacerolazos, sin críticas, mientras recupera el protocolo de su pertenencia “formal” al kirchnerismo.
La foto explica lo que, muchas veces torpes, las palabras apenas logran sugerir. Muestra a Daniel Scioli sonriente y distendido montado a una patineta que, bajo sus pies, está detenida.

La foto captura el instante cuando pasaron unas pocas horas de la peor semana K en lo que va de 2013: la que vio estallar el escándalo mediático por el caso Báez, donde asomó el esperado fallo adverso sobre la ley de medios y se desató el cacerolazo del 18A que, por primera vez, contó con una presencia efectiva -aunque todavía no se sabe si eficaz- de la oposición.

Scioli nada dijo -nadie del dispositivo K habló del asunto- sobre la denuncia contra el empresario santacruceño, no hizo referencia a la resolución de cámara sobre la ley de medios pero, como en otras ocasiones, se refirió a la movilización anti K del jueves pasado pero en vez de cuestionarla, eligió el recurso de aceptar la manifestación de las diferencias.

Es el estilo Scioli, un equilibrio inmóvil y expectatnte, como -es elocuente la foto- si surfeara sobre una patineta quieta.

Luego de un inicio de año abrumador, que no hizo más que marcar la continuidad del clima que se gestó y expresó en 2012 con la reducción casi al mínimo de la asistencia nacional a las cuentas bonarenses, la inundación en La Plata se reveló como la instancia de una tregua forzada, anticipo de una cohabitación previa a la temporada electoral en la que, posiblemente, el gobernador deba conformarse con ser el socio menor, sino ínfimo, en el reparto de espacios en las listas del Frente para la Victoria.

Pero el cambio es sintomático. No sólo por la visita de Cristina de Kirchner, en las horas feroces post temporal, sino porque desde entonces se sistematizó la reincorporación, todavía frágil pero permanente, del gobernador al protocolo de la Casa Rosada y de la Presidente: pocas semanas atrás, no sólo Cristina de Kirchner no atendía los llamados del gobernador sino que ni siquiera se lo tenía como invitado habitual a las actividades presidenciales.

Hay, fuera de eso, gestos menos visibles pero de otra relevancia. Ayer, Scioli estuvo en la Universidad de Lomas de Zamora donde se mostró con Martín Insaurralde, el alcalde local, y los intendentes de Avellaneda; Jorge Ferraresi, y de Lanús, Darío Díaz Pérez, tres de los caciques del PJ del conurbano más cercanos a la Casa Rosada.

Es un procedimiento diferente: esos mismos dirigentes apenas un mes y medio atrás aislaban a Scioli. Ahora son los encargados de entornarlo.

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