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Scioli muestra a MI como un trofeo sacado a Massa
Martín Insaurralde, Alberto Pérez y Raúl Othacehé
El vozarrón de Raúl Othacehé retumbó más lento y con otro énfasis al nombrar a Sergio, que es Massa, y a Martín, el remitente directo de la frase, que es Insaurralde. El veterano y multirreelecto alcalde de Merlo fue, en la mesa chica del massismo con territorio, el promotor senior de la llegada de MI al FR pero sus argumentos no fueron suficientes para quebrar la resistencia del lomense que hoy, al atardecer, posará con Daniel Scioli como parte de un principio de pacto sin condiciones ni garantías.
MI, la mayor inversión política de Cristina de Kirchner en 2013, ingresó en la atmósfera de la resignacíón. "Sergio no tiene nada en ningún lado ¿qué acuerdo fuerte hizo en las provincias?" castiga Insaurralde que maniobró hasta la semana pasada en torno a un acuerdo que tenía una cláusula inaceptable para Massa: que MI sea el candidato a gobernador del FR, sin PASO mediante.
Se trataba de un prerrequisito prácticamente planeado para abortar cualquier posibilidad en entendimiento y venía precedido por reproches. "Dicen que me quieren con ellos pero nadie me llama para decirme nada" pataleó Insaurralde por el destrato del triunvirato massista, Gabriel Katopodis (San Martín); Joaquín de la Torre (San Miguel) y José Eseverri (Olavarría), clan pragmático que decía quererlo en el FR
Al final, con la agenda de las policías locales que usa para recorrer la provincia, hoy Scioli llegará a Lomas y se mostrará con el intendente. Los gestos de amabilidad no nublan, de todos modos, el diagnóstico que MI hace del gobernador-candidato a quien juzga más que complicado respecto a su aventura presidencial. Pero ahora, Insaurralde se nutre de las enseñanzas de Alejandro Granados, ministro de Seguridad sciolista y vitalicio de Ezeiza, que se cita como ejemplo y le sugiere a MI: "Quedate tranquilo, acá, en el peronismo, ganá Lomas y después ves".
Granados, que manda en su distrito desde mediados de los 90, es el túnel porque el que Insaurralde llega a Scioli donde, por razones añejas y difusas para los pedrestes, choca con la resistencia de Alberto Pérez, jefe de Gabinete provincial y desde hace unos días CEO de la campaña presidencial de Scioli. Ayer, en Ezeiza, Granados armó un acto con Scioli y le hizo reservar un lugar especial en el escenario. Pero su protegido no apareció.
Permisos
Hasta anoche, en Lomas estaba todo listo para recibir a Scioli y en La Plata confirmaban la presencia del gobernador a las 18.30. Un acto "de gestión", agenda policial, con trasfondo político porque para el peronismo K implica, así sea para un revoleo corto, mostrarse con un dirigente que estuvo prácticamente sentado en la mesa chica de Massa y ahora más cerca del dispositivo Scioli aunque eso no implica, ni mucho menos, que tenga password para reingresar al universo K donde sumó furias y maldiciones.
La contrariedad de MI es de diván. Sus indicadores cayeron en picada pero mantiene aún buenos números en el plano provincial que le alcanzan para sobresalir en un pelotón que carece de grandes estrellas y donde prácticamente no hay figurones con buen nivel de conocimiento o, mucho menos, en intención de voto.
Por esa simple razón de comparaciones, permanece competitivo pero, como dato negativo, no tiene equipo donde jugar ya que Scioli, más allá de sus gestualidad y contención, no está en condiciones de darle garantías respecto a que podrá ser candidato, tal como le susurra Granados ya no sólo como ministro sciolista sino como fan kirchnerista.
El permiso para competir es doblemente complejo porque Cristina de Kirchner ya apostó una vez por Insaurralde y terminó decepcionada. En simultáneo, la elección de gobernador está colgada de la presidencial, lo que hace que la candidatura a gobernador no asome esencial. En el peronismo K, pero sobre todo entre los híper K, está arraigado la idea -válida, en cierto punto científica- de que ningún candidato ni a presidente ni a gobernador suma nada al bolsón de votos K. Con esa doble lógica, las chances de que la Presidente, como gran electora, pose su dedo sobre MI tienden, como ciertas operaciones matemáticas, a cero.


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