24 de junio 2014 - 00:00

Se acelera la caída del empleo privado

Se acelera la caída del empleo privado
El mercado de trabajo presenta importantes cambios desde la segunda mitad de 2013. Considerando sólo los aspectos de ocupación, es decir, dejando de lado el descenso de los salarios reales a una tasa que supera el 6% anual -primera caída de magnitud en una década-, se puede observar que la tasa de empleo (porcentaje de ocupados en la población) lleva 9 meses cayendo a un ritmo de 0,4 punto porcentual por año. La reducción se explica por el fuerte descenso en el Gran Buenos Aires apenas mitigado por la estabilidad del empleo en partes del interior. El fenómeno en GBA es similar al observado durante la crisis de 2009, aún cuando la caída del PBI fue menor en los últimos 9 meses y los costos laborales ya no crecen al ritmo del pasado. El mercado parece estar en un proceso de corregir el exceso de empleo dado el deterioro de competitividad y las expectativas negativas en actividad.

Aparte del freno en el empleo agregado se observa también un aumento de la proporción de empleos informales. Se trata de un cambio de ciclo ya que la informalidad asalariada cayó hasta poco antes de la recesión de la primera mitad de 2012 para finalmente volver a crecer desde inicios de 2014.

No sabemos mucho de la evolución reciente del empleo público ya que INDEC interrumpió la publicación de los datos de empleo formal desde el tercer trimestre del año pasado (sólo se elabora una serie con información parcial por parte del Ministerio de Trabajo). Podemos asumir que el empleo público tuvo algún freno respecto de la expansión observada en la última década (5% anual), y que eventualmente crece a una tasa menor que la del año pasado (3,3%) ya que la restricción fiscal está operando. Asumiendo que ese empleo público crece no más del 1,6% anual, el freno del empleo agregado junto con el aumento de la informalidad implican que el empleo privado formal está cayendo, y con fuerza. Es más, si el empleo público estuviera creciendo a la misma tasa que el año pasado, tendríamos un desplome del empleo privado formal.

Aún con escasez de datos se puede vislumbrar lo que está ocurriendo con el empleo privado formal observando que la ocupación industrial cayó un 1,2% en el primer trimestre. En la construcción el empleo cayó un 1,6% y proyecta una contracción superior al 4% anual en el segundo trimestre. Una mejor aproximación al cuadro general surge de la encuesta de hogares (EPH) combinada con la información sobre empleo informal y la hipótesis de un suave crecimiento del empleo público. El resultado es una caída del 2% del empleo privado formal en el primer trimestre.

Las perspectivas para el resto del año son de una caída mayor -aún sin entrar en un escenario macroeconómico más complejo de default-. En efecto, con el empleo agregado cayendo un 0,4% en todo el año -asumiendo una caída del PBI no mayor al 1,5%- y las tendencias mencionadas en informalidad y empleo público, el empleo privado formal caería del 3% a 4%, la mayor contracción desde la crisis de 2001.

Con este panorama vale la pena tener en cuenta un par de observaciones. En primer lugar, el ajuste en el mercado laboral está hoy teniendo lugar por la vía de menores salarios y caída del empleo. La magnitud de la caída en el empleo dependerá no sólo de cuánto caigan los costos laborales (léase los salarios reales), sino de las expectativas de los agentes acerca de la profundidad y extensión de la recesión. En una recesión corta se utilizan extensamente los mecanismos de suspensiones -"despidos transitorios" en la jerga inglesa-. En mayo las suspensiones se multiplicaron por 4 respecto de abril, y la tendencia para junio anticipa un nuevo salto. Si la recesión se prolonga, la legislación laboral no da margen para mantener las suspensiones y lo transitorio se convierte en definitivo, de modo que con expectativas de una recesión prolongada sólo resta esperar un aumento de los despidos y una virtual parálisis del mercado laboral en la segunda mitad del año. Un escenario de turbulencias macroeconómicas adicionales sólo complicaría el panorama del empleo formal.

En segundo lugar, se observa la actitud pasiva de las autoridades ante el desplome del empleo. En parte ello puede explicarse porque no hay margen fiscal: en un escenario de creciente déficit fiscal se hace difícil pensar en políticas que atenúen el ciclo y protejan el empleo por la vía de reducciones sustanciales de la carga fiscal sobre el empleo. Pero la pasividad es también el reflejo de una política regulatoria que sólo entiende la relación laboral como un juego de suma cero entre empresa y trabajador, en una concepción que nos aparta cada vez más del resto del mundo. Y para jugar un mundial, al menos hay que saber cómo juega el resto de los equipos.

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