Valls, jefe del Gobierno francés, presentó a Hollande la dimisión en bloque de su gabinete luego de un fin de semana marcado por las críticas de Montebourg, lo que precipitó una nueva crisis en el Ejecutivo francés.
El nuevo equipo ministerial deberá ser presentado hoy y deberá ser "coherente con las orientaciones" definidas por el mandatario, señaló ayer un comunicado de la Presidencia francesa. Según el Palacio del Elíseo, la decisión de la renuncia y nueva formación del Ejecutivo se tomó de común acuerdo entre Hollande y Valls, y parece un gesto para demostrar que no se tolerarán las disidencias de los ministros.
Esta es la primera crisis gubernamental desde que Valls fue designado a fines de marzo para dirigir el Gobierno francés, en sustitución de Jean-Marc Ayrault tras la derrota de la izquierda en las elecciones municipales, y dejó en evidencia que el oficialista Partido Socialista (PS) está a un paso de la fractura.
El ministro de Economía, de 51 años, en una declaración ayer por la tarde confirmó que dejará el cargo para "recuperar su libertad". Ante la prensa, insistió en sus declaraciones anteriores y reiteró que las políticas de austeridad y reducción de los déficits son un "absurdo financiero que lastran el crecimiento".
Montebourg y Benoît Hamon, el encargado de la cartera de Educación que anunció que no formará parte del nuevo gabinete, eran los garantes del ala izquierda del Gobierno de Hollande y ambos son considerados posibles candidatos de los socialistas para las próximas elecciones presidenciales de 2017, para las que el mandatario, debilitado en las encuestas y con el nivel de aprobación más bajo de los últimos 30 años, no planea presentarse.
Una parte cada vez mayor del PS es crítica a la política económica del Gobierno, a la que considera contraria a las promesas electorales realizadas durante 2012.
Junto con Montebourg, Hamon y medio centenar de diputados, otros ministros también rechazaron en las últimas semanas las reformas emprendidas por el Gobierno aunque de forma más moderada. Es el caso de las ministras de Justicia, Christiane Taubira, y de Cultura, Aurélie Filipetti. Esta última anunció ayer que no seguirá en el gabinete porque prefiere ser "fiel a sus ideales".
Según los analistas, los choques en el Ejecutivo reflejan la división en las filas socialistas entre un campo pragmático liderado por Valls y Hollande, que creen en la disciplina fiscal y la reducción del costo del trabajo, y un ala que considera ambas ideas una profanación del ideario socialista.
Francia quedó por detrás de otras economías europeas a la hora de salir de la reciente crisis económica, alimentando la frustración ciudadana con la gestión socialista, tanto entre los partidarios como en la oposición.
Así lo demuestran los sondeos. Valls, representante del ala derecha socialista que se inmoló en una misión imposible: de su óptima cuota de popularidad (45%) ya perdió 9 puntos en el papel más ingrato de la política francesa. Lo sacrificó en el intento de enderezar una situación económica comprometida, la misma que hundió los índices de popularidad de Hollande al 17%.
Montebourg había sido llamado al orden el domingo por el entorno del primer ministro, que consideró inaceptables las críticas contra la austeridad impuesta por Berlín. En una entrevista con Le Monde, el sábado, había denunciado que "Alemania cayó en la trampa de la política de austeridad que impuso a Europa". "Francia no tiene vocación de alinearse con los axiomas ideológicos de la derecha alemana", dijo.
Por su parte, la administración de Merkel declinó hacer comentarios sobre la dimisión del Gobierno francés. "No tendrán comentarios por mi parte sobre la dimisión del Gobierno francés. Es una cuestión interior francesa", dijo el portavoz del Ejecutivo alemán, Georg Streiter.
| Agencias AFP, |
DPA, EFE y Reuters

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