Se inicia hoy la competencia en el Bafici

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Empiezan hoy las tres competencias del Bafici. 19 títulos tiene la sección internacional, 13 la argentina, y 15 la de cortos locales. Condición sine qua non de la internacional, sólo se aceptan obras de debutantes (primera o segunda, con muy ocasionales y pequeñas excepciones). Pero entre esos debutantes suele haber piezas de mucho interés. Este año, por ejemplo, participan «Ajami», la israelí que fue candidata al Oscar; «Mary and Max», animación australiana en plastilina, sólo para adultos, «Der RTMuber», el ladrón, que compitió en Berlín, «Os famosos e os duendes da morte», ganadora del Festival de Rio de Janeiro, «Alamar», mexicana también premiada, que además aspira a un premio Unicef por su relato sobre la relación padre-hijo, «La bocca del lupo», drama de amarguras genovesas, y «Politist, adjectiv», de Corneliu Porumboiu, el de la ya conocida sátira «Bucarest 12:08».

La lista se completa con las argentinas «El ambulante» (seguimiento de un supuesto cineasta amateur), «Centro» (documental sobre el microcentro), y «Lo que más quiero» (un duelo amoroso en los lagos patagónicos y otras cosas), «Cuchillo de palo» (documental sobre el maltrato a los homosexuales paraguayos en tiempos de Stroessner) «La mujer sin piano» (minimalismo hispano), «Bummer Summer» (EE.UU., traducible como «verano plomazo»), «Gog et some Rosemary» (tribulaciones de un padre neoyorkino cuando debe pasar unos días con sus hijos), «Putty Hill» (también EE.UU., descripción del velatorio de un chico muerto por sobredosis), «Les beaux gosses» (anunciada como comedia francesa de preadolescentes), «Paraíso», retrato peruano de jóvenes que trabajan en pos de algún futuro, «Red Dragonflies», tailandesa a la que se atribuyen ecos de «Cuenta conmigo», y «La quemadura», documental chileno de un hijo sobre su propia madre, directora de una famosa editorial de los 70.

La sección nacional entremezcla expertos con debutantes, y títulos de variada clase: están los documentales «Gorri» (Carmen Guarini, sobre el pintor Carlos Gorriarena), «El Rati Horror Show» (Enrique Piñeyro), «Hacerme feriante» (Julián DAngiolillo en La Salada), y «Torino» (Agustín Rolandelli, con Oreste Berta y otras glorias del automovilismo criollo). Y también, «El recuento de los daños» (Inés de Oliveira César, con la actualización de «Edipo Rey» que presentó en Berlin) «Los actos cotidianos» (Raúl Perrone, Ituzaingó), «Invernadero» (Gonzalo Castro, cuyas obras sólo se ven en el Bafici), «El pasante» (Clara Picasso, cómo se forma un empleado de hotel), «Ocio» (Juan Villegas y Alejandro Lingenti), «Los labios» (Iván Fund y Santiago Loza, con un relato de tres sanadoras), «Rodríguez» (Julian Borrell, Demian Santander, y dos chicas en pantalla), «Somos nosotros» (Mariano Blanco, jóvenes en el invierno marplatense), y una a tres lenguas: «Las pistas- Lanhoyij- Nmitaxanaxac» (Sebastián Lingiardi, en lo que parece una de espías con participación de lo que hoy se llama pueblos originarios).

Curiosamente, el catálogo informa que «son más bien escasas las incursiones que tienen a Buenos Aires como centro del relato», lo que implica «una deuda todavía pendiente» del cine con la ciudad. Esto hace suponer que los redactores no han visto «Buenos Aires», «Buenos días, Buenos Aires», «Buenos Aires en camiseta», «La tercera fundación de Buenos Aires», y un largo etcétera que incluye buenos fragmentos de «Apenas un delincuente», «Breve cielo», «Gente en la ciudad», en fin, y que la deuda pendiente es del autor del texto con la materia Historia del Cine Argentino.

Lo mismo, cuando, respecto a «Somos nosotros», asevera despectivamente «no enfatiza, como lo hacía el viejo cine argentino, que hubiera titulado esta película como Así somos nosotros». ¿Será que el título completo de «La barra de la esquina» era «Así somos los de la barra de la esquina», y su remake «Así somos los muchachos de mi barrio»? ¿Cabe meter en discusión «Somos los mejores», producida por Manuel Antín para gloria de los futbolistas, y «We the Lambeth Boys», un clásico del angry cinema británico? Al menos el comentario de «Lo que más quiero» aclara que «quizás el sur argentino nunca se haya visto tan bien en el cine». Ese «quizás» le da una pequeña posibilidad a «La Tierra del Fuego se apaga», con fotografía del maestro mexicano Gabriel Figueroa, una gloria del cine mundial. También tienen posibilidades «La vida según Muriel» y otras cuantas que conviene ver en 35 mm. antes de abrir la computadora.

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