Se liberó Lula de un ministro al que sufría

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Con apenas dos años cumplidos en el cargo, Roberto Mangabeira Unger, ministro de Asuntos Estratégicos de Brasil, dejó el lunes el gabinete de Lula. Si bien la explicación oficial fue que, impedido de prorrogar su licencia como profesor de Harvard, regresaba a esa universidad estadounidense en la que enseña desde hace 25 años, alrededor de su abrupta salida se acumulan otros motivos y sospechas.

No es para menos. Mangabeira nunca cayó demasiado bien en los círculos de Brasilia. Particularmente entre gran parte del equipo del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que tuvo que «adoptar» a este profesor y filósofo carioca, ajeno a la política, luego de que el vicepresidente José Alencar pidiera su incorporación en retribución a su asesoramiento durante la campaña 2006 por la reelección.

Su llegada al gabinete no estuvo exenta de tropiezos. En 2007, Lula pidió la creación -hecha a medida- de una Secretaría de Planeamiento y Largo Plazo, pero fue rechazada en el Senado por 46 votos (22 a favor). Es que los senadores no olvidaban que en 2005, el profesor filósofo había sindicado al Gobierno de Lula como el más corrupto de la historia, y en especial a su Congreso, corrompido por los sobornos del «mensalao». Ante la negativa del Senado, a Lula no le quedó otra que instalar, por decreto, la Secretaría de Asuntos Estratégicos.

El fuerte acento norteamericano en el portugués de Mangabeira, una sintaxis barroca, su vocabulario rimbombante y anticuado, y por sobre todo una actitud «doctoral» frente a sus pares y la prensa provocaron más tirria todavía en Brasilia. Su Secretaría pasó a conocerse como el Ministerio de los Locos, y su cargo, como ministro de Asuntos Aleatorios.

Mientras tanto, Mangabeira cumplía con las misiones delegadas en él por Lula: el PAS (Plan para una Amazonia Sustentable, recién inaugurado) y la colaboración en el Plan Nacional de Defensa, lanzado en setiembre de 2008. En el camino, su estilo confrontativo o escasamente diplomático, aceleró la renuncia de Marina Silva, la secretaria de Medio Ambiente. Asimismo, un fuerte encono con el ministro de Defensa, Nelson Jobim.

Pero también las opiniones -entrometidas y «sin filtro»- de Mangabeira le consiguieron otros adversarios dentro del gabinete lulista. Entre ellos, el presidente del BNDES (Banco Nacional de Desarrollo), luego de que criticara la escasa dedicación de esa entidad hacia las pymes. Aunque las más gruesas fueron las pronunciadas a mediados de junio que, de acuerdo con fuentes de la Cancillería brasileña, le habrían acelerado su sentencia de salida.

En declaraciones a O Estado, el ministro filósofo olvidó toda estrategia de prudencia y dijo no sólo que el Mercosur era un «cuerpo sin alma», sino que la política exterior debería ser un tema «de política interna de Brasil» y que no corresponde que sea «delegada ni formulada por los diplomáticos, que sólo tienen que ejecutarla». Esto le habría valido, se dice en Brasilia, que el vicecanciller Samuel Pinheiro Guimaraes pidiera su cabeza.

Conexión

Mangabeira Unger prometió que a su regreso a la cátedra en Harvard hará de puente con el presidente Obama. Pero, sus ahora numerosos detractores señalan que sería Gabriel, el hijo de 20 años de Mangabeira (fue líder del comité de campaña de Obama), el encargado de hacer la conexión con la Casa Blanca, recalcando que, si bien el mandatario norteamericano fue su alumno en esa universidad, no recuerda ni es amigo de este profesor brasileño.

En torno a su salida, también se mencionan las aspiraciones de Mangabeira para un cargo electivo en 2010, en caso de que Dilma Rousseff, la actual jefa de la Casa Civil y su «protectora» dentro del Planalto, se presentara como candidata a presidente. Claro que, fiel a su estilo, lo haría en medio de polémica: cambiaría su afiliación al PRB (Partido Republicano, al que pertenece el vicepresidente Alencar), por una al PMDB, de los nordestinos. Y lo corre el tiempo: el plazo para mudarse de partido vence en setiembre.

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