30 de septiembre 2011 - 00:00

Se vive en ebullición como si se votara hoy

Caracas - Si un extranjero aterrizara en Venezuela ahora mismo pensaría que la elección presidencial se está por celebrar en días y no en un año.

Incluso mientras convalece de un cáncer, el presidente Hugo Chávez y sus aliados insisten cada día sobre la «Misión 7 de octubre», el intento del líder socialista en pos de un nuevo mandato de seis años.

La alianza opositora está igualmente encendida, llenando las radios y las calles con mensajes de unidad y cambio, además de la creencia genuina de que finalmente puede desbancar a Chávez y poner fin a sus 13 años de Gobierno en el país sudamericano miembro de la OPEP.

Los diarios y los programas de televisión apenas si hablan de otra cosa a lo largo y a lo ancho de todo el país de 29 millones de habitantes. Sin embargo, faltan doce meses para la gran votación del 7 de octubre de 2012.

La prematura pasión refleja la convicción de todos los sectores de que «todo está en juego, por lo que cualquier pequeña ventaja que se obtenga al principio podría rendir dividendos cuando se cuenten los votos.

«Nadie puede predecir esta (elección) con certeza», dijo un diplomático extranjero en Caracas. «En circunstancias normales, cualquiera pensaría que Chávez tiene una ventaja. Pero hay un factor fundamental que es su cáncer, y la oposición parece haber puesto manos a la obra uniéndose en su contra», explicó.

Las encuestas muestran que Chávez, el carismático exlíder militar golpista y apóstol de la Cuba de Fidel Castro, probablemente ganaría los comicios si éstos se celebraran mañana. Pero la oposición espera obtener un impuso cuando elija un candidato de unidad en la primaria de alto perfil que planea realizar el 12 de febrero.

A la cabeza de aquellos que esperan para desafiar a Chávez se encuentra un joven gobernador, Henrique Capriles Radonski, quien comparte algo de la personalidad de torbellino del presidente, si no su política de línea dura.

«Gane quien gane la primaria, nos mantendremos unidos para producir en Venezuela el cambio que todo el mundo quiere. El ciclo de Chávez está terminando», dijo Capriles durante una reciente visita a un barrio pobre de Caracas.

El desafío de la oposición es proyectar a su candidato a nivel nacional, ya que los favoritos sólo cuentan con bases fuertes en lo local, además de desarrollar propuestas que vayan más allá de la mera oposición a Chávez. Y deberán pelear con firmeza para poder emparejar una campaña en la que los músculos del Gobierno se alimentan con los miles de millones de dólares de los ingresos petroleros.

Lo que los ayudará de cara a las que probablemente sean las elecciones más fascinantes desde que Chávez llegó al poder a principios de 1999 es la creciente insatisfacción de los venezolanos con los malos servicios. Los cortes de luz son comunes y hay una fuerte escasez de viviendas.

La mayor incógnita, sin embargo, es el impacto del tratamiento de Chávez contra el cáncer. Nadie más allá de un pequeño círculo íntimo de confidentes y los médicos conocen su verdadero estado, por no hablar del modo en que jugará durante la campaña.

«La salud de Chávez sigue siendo el factor desconocido que tendrá el mayor impacto en la elección», dijo el analista y corredor bursátil Russ Dallen, de Caracas Capital Markets. «Una recuperación completa haría de Chávez una vez más el candidato formidable que siempre ha sido, mientras que un deterioro continuo daría a la oposición una probabilidad de ganar superior a la que cualquiera hubiera creído posible hace pocos meses», añadió.

Hasta ahora, la enfermedad le ha dado a Chávez un pequeño rebote de simpatía en las encuestas de opinión, y podría ayudarlo aún más si se lo percibe como un héroe que supera la adversidad justo a tiempo para la votación.

Chávez, de 57 años, dice que se siente bien después de cuatro sesiones de quimioterapia, como un «ave fénix» camino a la recuperación.

Sin embargo, sus súbitas y no explicadas desapariciones de los medios de comunicación estatales y de las ceremonias públicas, de varios días cada vez, alimentan los rumores sobre una posible metástasis e infecciones que podrían obstaculizar una campaña, hacerlo no apto para gobernar o, incluso, amenazar su vida.

La oposición evita intencionalmente las especulaciones sobre la salud de Chávez y trata de concentrarse en hacer campaña sobre los problemas reales, como el crimen descontrolado, las dificultades con los servicios y una inflación que es la más alta de América Latina.

La alianza opositora lanzó esta semana un documento que promete revertir lo que juzga lo peor de Chávez: una persistente erosión de la democracia y el sector privado.

Más en detalle, el documento asegura construir sobre las populares «misiones» de Chávez, sus programas sociales, en las zonas pobres. Estas han sido una razón fundamental de la perdurable popularidad del mandatario, aunque muchas están algo desactualizadas y cortas de fondos en algunas áreas.

Si la oposición triunfa, enfrentará un desafío gigantesco en la reversión de más de una década de «socialismo del siglo 21» de Chávez, que ha incluido nacionalizaciones generalizadas.

«Si la oposición gana, luchará por encaminar una transición muy difícil dada la necesidad de realizar ajustes macroeconómicos políticamente impopulares, así como por enfrentar el reto de tener a Chávez como líder antagónico», dijo Risa Grais-Targow, analista de Eurasia Group.

Algunos críticos del presidente especulan con que éste puede negarse a aceptar una derrota, o que podría haber piedra libre para sus funcionarios para el saqueo en el intervalo de tres meses previo al traspaso del poder.

Si Chávez gana por poco, sin embargo, y hay acusaciones de fraude, la inestabilidad podría venir desde el otro lado con protestas como las que sacudieron a Venezuela en 2002 y 2003.

Cualquiera sea el escenario que resulte, muchos en el país ya se preparan para un final de 2012 turbulento.

«Me voy a Miami mientras todo esto pasa», dijo un rico empresario venezolano, que planea llevarse a su familia por un par de meses en la etapa de elecciones.

Agencia Reuters

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