9 de marzo 2010 - 00:00

“Secreto”: del buen pronóstico al triunfo

Juan José Campanella, al fin con la estatuilla: después de su nominación por «El hijo de la novia», se le hizo con «El secreto de sus ojos».
Juan José Campanella, al fin con la estatuilla: después de su nominación por «El hijo de la novia», se le hizo con «El secreto de sus ojos».
La fiesta de la delegación argentina en Los Ángeles se repitió por tres: primero en el ceremonial Governors Ball, que tuvo lugar en el Grand Ballroom del último piso del Hollywood & Highland Center; luego, más familiar, en el hotel Mondrian, y más tarde, ya sin Juan José Campanella (a quien comenzaban a hacerle efecto los sedantes que había consumido desde temprano) en uno de los hoteles más pequeños donde se alojaba el equipo técnico que había viajado por las suyas a la entrega del Oscar.

El Governors Ball, tradicional celebración «after show», tuvo además este año una particularidad: por primera vez se estampaban en el acto los nombres de los ganadores sobre cada una de las estatuillas entregadas, trámite que en el pasado podía llevar algunas semanas; había que entregar los Oscars en la sede de la Academia, para que ésta los devolviera con sus respectivas inscripciones.

En el Mondrian («nuestro bunker», como lo denominaba Guillermo Francella), Campanella improvisó una breve conferencia de prensa, que en realidad fue una charla entre amigos y conocidos: además del equipo del film presente en Los Angeles, estaban el músico Emilio Kauderer, residente en la ciudad, el también músico Federico Jusid, y el cónsul argentino Jorge Lapsenson.

«Llegamos casi dos horas y media después de la ceremonia», dijo ayer a este diario Vanessa Ragone, productora del film, ya bien despierta a las 10 de la mañana. «Se mezclaba todo, la emoción, la sorpresa, el griterío, los abrazos, los llantos de algunos. En fin, el sueño realizado». Insiste, en especial, sobre la sorpresa: «cuando entramos al teatro, no había absolutamente ningún indicio de que nos llevaríamos el Oscar. Por la mañana, Campanella había hablado con el presidente de Sony Classics, la distribuidora del film en los Estados Unidos. Él lo felicitó y le deseó suerte, y le confesó que no tenía la menor pista sobre quién iba a ser el ganador. Ningún dato. En el Kodak, lo que percibimos sólo fue una magnífica disposición hacia la película. Kathy Bates, por ejemplo, estaba entusiasmadísima. El abrazo que le dio Almodóvar a Juan, junto a sus deseos de éxito, también fue muy sincero».

De los más de 6000 miembros que tiene hoy la Academia de Hollywood, sólo 400 componen el jurado que vota en el rubro Mejor Film en Lengua Extranjera. Es el tribunal más atípico de todos: su composición es la de mayor edad promedio de toda la Academia y, naturalmente, la más internacional: además de los miembros norteamericanos, lo integran cada uno de los ganadores y productores de las películas que han participado en ediciones anteriores, por lo cual su «gusto» es, también, el más atípico.

No es infrecuente que en la celebración más fuertemente industrial de Hollywood, el rubro consagrado al film extranjero quede como la «ventana artística» de la noche (categoría que, todavía hoy, muchos continúen asociando allí a «cine europeo»). Al recibir el Oscar, el chiste de Campanella, buen conocedor de aquel mundo, fue exacto y mucho más ingenioso que los que anoche se oyeron en boca de los animadores Steve Martin y Alec Baldwin: «Agradezco a la Academia que no hayan considerado el NaVi (de «Avatar») como lengua extranjera». Aunque la película de Cameron resultó la gran perdedora, hubiera sido un rival de temer en esa categoría.

Pese a que las apuestas previas sindicaban al film alemán «La cinta blanca» de Michael Haneke como el candidato más firme a quedarse con el Oscar (de los cinco, era el que más se ajustaba «artísticamente» a las pautas de lo que suele premiarse, y hasta está filmado en blanco y negro), en esta ocasión el torbellino «El secreto...», es decir, la misma fuerza que tiene el film de Campanella y que arrastró en la Argentina el récord de dos millones y medio de espectadores, se adueñó de los votantes. «Los Angeles Times», en sus pronósticos, había dicho que «El secreto...» era una película «atrapante», pero que como no se diferenciaba mucho «de un capítulo de C.S.I.» sus chances no eran fuertes a la hora de la verdad. El mayor diario de Los Ángeles arriesgaba como vencedora a la película de Haneke, a la que sólo le encontraba un obstáculo: «Ganó la Palma de Oro en Cannes, y para Hollywood eso puede ser el beso de la muerte»).

Los análisis «químicos», como el que también le otorgaba algunos puntos más a la francesa «Un profeta», quedaron ayer por completo descartados. El rumor favorable que se había asentado desde fines del año pasado, con los primeros pases privados de «El secreto...» a los miembros de la Academia, se convirtieron en certeza. «Con esto quedaron descartados los preconceptos que suelen tenerse», señaló ayer Ragone a este diario. «Nosotros ya teníamos esos primeros informes, que se repetían en cada exhibición de la película. Y esto también demuestra que El secreto de sus ojos funciona perfectamente ante las miradas más distintas, y va más allá de cuánto se entienda, por ejemplo, su color local o su trasfondo político. Es decir, aunque un espectador sueco o asiático no sepan qué fue en la Argentina la triple A, la escena del ascensor provocaba el mismo efecto atemorizante. Y lo mismo el humor».

La productora cuenta que, en el curso de un simposio previo a los Oscars que se desarrolló en Los Ángeles con las películas candidatas en este rubro, se proyectaron dos escenas, de dos minutos de cada una. «Nosotros elegimos el encuentro entre Rago y Darín en la estación de tren, y aquella en que Darín le informa a Soledad Villamil que se propone reabrir la causa, como un ardid de seducción, y que termina interrumpiendo la entrada de Francella. Bueno, las carcajadas explotaban cuando se oía decir ¡Pero esto es una felonía!».

El equipo técnico proseguía, ayer por la noche, los festejos, ahora con más calma. «Todavía tenemos algún trabajo que realizar para el lanzamiento del film en Estados Unidos. Campanella va el viernes a Miami, ya que El secreto... cierra el festival de Miami».

Sobre el final, algunas infidencias: ¿Iba a hablar alguien más al recibir el premio?» «Estaba previsto que, además de Juan, el productor Gerardo Herrero hiciera un breve agradecimiento pero fue imposible. Había un contador de tiempo con cuenta regresiva, delante de nuestros ojos, que ni siquiera le permitió a Juan terminar con sus palabras». ¿Y Francella, se quedó con las ganas de decir el latiguillo que algunos le pedían?». «Lamento desilusionar a la hinchada, pero no. Eso era una broma. Guillermo, ni aunque hubiera tenido la oportunidad de hablar, habría dicho eso. Hay ciertas formas que mantener, y ganar un Oscar no es cosa de todos los días». ¿Recpeción triunfal en Ezeiza? «Espero que no por Juan. Le daría mucha vergüenza. No le gustan esas manifestaciones».

M.Z.

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