2 de febrero 2012 - 00:00

Seductoras “canciones de mujer” de Casella

En su nuevo espectáculo, Carlos Casella sufre, parodia, ironiza en cada canción, narra pequeñas historias de amor, bromea con sus músicos e intima con el público sin necesidad de darle participación.
En su nuevo espectáculo, Carlos Casella sufre, parodia, ironiza en cada canción, narra pequeñas historias de amor, bromea con sus músicos e intima con el público sin necesidad de darle participación.
«¡Babooshka!, canciones de mujer». Int.: C.Casella. Artista Invitada: A.Radano. Dir.Mus.: A.Terán Mús.: P.Onetto, N.Rainone, F. Flores y A.Terán. (Maipo) 

Carlos Casella fue uno de los creadores e integrantes de «El Descueve», compañía independiente que durante quince años aportó audacia y creatividad a la danza-teatro.

Aunque sigue destacándose como coreógrafo (ha trabajado para el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín en varias ocasiones) Casella ha ido desarrollando en paralelo una nueva faceta de actor y cantante que ya había dejado entrever en espectáculos anteriores («Todos contentos», «Hermosura», «Patito feo», «Guarania mía»), pero que explotó abiertamente en el musical de Alfredo Arias «Tatuaje» (2010).

En «¡Babooshka!, canciones de mujer» hace gala de sus múltiples recursos expresivos. Entra a escena como un impecable «crooner», de traje y anteojos negros y actitud ganadora. Pero esto es puro juego. Su voz y su repertorio nada tienen que ver con los de un Frank Sinatra, un Brian Ferry o un Michael Bublé.

Casella disfruta más de los agudos, un registro que le permite explotar a fondo su histrionismo y sensualidad.

En este show rinde homenaje a sus cantantes favoritas con un repertorio bien ecléctico que incluye temas de Rocío Dúrcal, Olga Guillot, Gloria Trevi, Lía Crucet, Libertad Lamarque, Rita Pavone, Mina, Britney Spears, Björk y Kate Bush, entre otras.

El intérprete aborda cada canción de manera diferente y apostando a la ambigüedad. En «Besos brujos» expresa el dolor con delicadeza de geisha; en «Arrastrando la cobija» se adentra en el melodrama mexicano y en «La gata bajo la lluvia» inventa un videoclip sin imágenes.

El cantante sufre, parodia, ironiza, narra pequeñas historias de amor entre marineros, bromea con sus músicos e intima con el público sin necesidad de darle participación.

Su melodiosa voz no será la de un profesional del canto, pero tiene calidad interpretativa. Y ese don se ve realzado por un potente lenguaje físico en permanente metamorfosis.

En un escenario mínimo, el bailarín y cantante puede moverse poco y aún así bailar mucho, concentrando casi todos sus movimientos en manos y brazos. «Yo podría bailar ese sillón», decía Isadora Duncan. Casella, más modesto, baila con su saco y otros elementos de su indumentaria (ligas, tiradores). Va del gesto cool al homenaje kitsch cual si se tratara de un «chico Almodóvar».

La valiosa participación de Alejandra Radano aporta un par de temas y un monólogo «masculino», elegante y pícaro como el resto del show. Lo firma: Juan Verdaguer.

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