29 de octubre 2015 - 00:00

Seguirán los precios bajos para materias primas

El comercio mundial estará (en todo este año) exhibiendo resultados fuertemente afectados por la caída de los precios internacionales. Las previsiones de organismos internacionales hablan de un segundo año consecutivo (2015, luego de 2014) en el que los volúmenes de exportaciones mundiales crecen en alguna medida (computados en despachos físicos), pero los precios descienden, y en particular en 2015 por primera vez en muchos años, ese descenso de precios supera el alza (modesto) en volúmenes físicos.

La incidencia del descenso de los precios en el total del comercio internacional es muy entendible. El principal componente del comercio mundial en los últimos años había sido el sector combustible/petróleo (más de 3.000 billones al año), seguido de los productos agropecuarios (unos 1.700 billones); aunque también el comercio global ha estado explicado por productos industriales como químicos, alimentos elaborados y automotores (cada uno en nivel de unos 1.400 billones anuales).

La Organización Mundial del Comercio prevé para este año un crecimiento del comercio mundial del 2,8% (ha revisado en una publicación del 30 de septiembre pasado su previsión anterior que anticipaba el alza en un 3,3%). Pero encuentra en América Latina la peor performance entre varias regiones (niveles de exportaciones que son más bajos que en 2014 y que en 2013; que están en lo que va de la década estancados y que no crecen respecto de los de 2010). En ese sentido, la OMC advierte que los resultados de nuestra región, desde 2010 a la fecha, han sido peores que los de Europa, Norteamérica y Asia (que es la región con mejor performance en la década en curso).

Debe decirse al respecto en fuerte relación con la Argentina (que este año muestra descenso de exportaciones en un 16%, especialmente por la caída de precios porque al fuete descenso de volúmenes de exportaciones de bienes industriales lo compensa con mejores despachos físicos de bienes de origen agropecuario) que en realidad, en el mundo, de entre los precios de los principales productos comercializados el que menos tendencia a la baja muestra es el de los productos alimenticios elaborados, que aún están más de un 50% por encima de los precios de 2005 (un decenio atrás). Los precios que más descienden son los de la energía, que están ya por debajo no sólo de los de los últimos años sino de los niveles de un decenio atrás (2005). En el medio, los precios de los minerales, los productos agropecuarios y los productos básicos no energéticos caen fuerte desde los máximos niveles alcanzados en 2011/2012, aunque aún permanecen algo por encima de los niveles de 2005.

En América Latina en particular, los pronósticos hablan de un tercer año en el que los precios empujan resultados de comercio transfronterizo hacia abajo aunque los volúmenes no decrecen, pese a que debe decirse que en 2015 esos volúmenes muestran resultados ya muy modestos y los precios bajan contundentemente.

Una advertencia que puede hacerse para nuestro país es que hay una diferencia notable entre la volatilidad de los precios de los productos agropecuarios y la de los alimentos elaborados, en favor de los bienes con mayor agregación de valor (lo que nos lleva a la asignatura pendiente argentina de mayor industrialización en esa cadena). Esto parece mostrar el camino ante una muy probable etapa de precios de commodities más débiles (los primarios agropecuarios descendieron 10 puntos porcentuales más que los alimentos elaborados).

Ahora bien: otra conclusión que surge del descenso de los precios que arrastra hacia abajo el comercio internacional es que (según las recomendaciones de organismos internacionales como CEPAL en su última publicación, y según también los anuncios y acciones de muchos países de la región) se debe proceder a la búsqueda de reducción de costos al comercio internacional, lo que debería ser la mejor respuesta a la baja en las cotizaciones. Esto es: los decesos de los precios no pueden poner a los países a la defensiva, sino que los deben llevar a la generación de respuestas para facilitar ese comercio transfronterizo.

Esto es lógico si se entiende que la incidencia del comercio en las economías de cada país ha crecido tanto que la restricción del comercio internacional influye decisivamente en el nivel de actividad de cada uno. Como muestra de ello puede observarse que en Sudamérica el contenido importado dentro de las exportaciones llegó ya al 20% del total de las exportaciones (era del 13% hace 20 años). Y en esta línea una recomendación ante esta emergencia es avanzar en la facilitación de comercio (entendida como flexibilización, armonización y mejora en las normas y prácticas administrativas fronterizas y de aduana, y en las condiciones internas de ejercicio y soporte del comercio exterior por parte de los países). Según CEPAL, el costo promedio del comercio internacional dentro de América Latina es algo más alto que los costos del comercio intrarregión en Centroamérica y México; y es nada menos que un 20% más alto que entre las naciones del ASEAN y más del doble que entre las naciones de la Unión Europea.

Sostiene la CEPAL que avanzar en la agenda de facilitación del comercio es importante por varias razones. Hacer más expeditos los flujos comerciales entre los países de la región puede ayudar a aumentar el comercio intrarregional y, dado que las ineficiencias en los procedimientos fronterizos afectan desproporcionadamente a las pymes -la inmensa mayoría de las cuales no exporta-, la facilitación del comercio puede estimular su internacionalización, lo que, a su vez, puede incentivar la diversificación exportadora y contribuir a atenuar la elevada dependencia de las materias primas que muestra la región, en particular América del Sur.

Un nuevo contexto pone a la región, pues, ante la necesidad de nuevas respuestas. También nuestro país, en este sentido, y ante el comienzo de una nueva administración, deberá contribuir a generar esas nuevas respuestas.

(*) Director de la consultora DNI.

Dejá tu comentario