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Arranca el balance de los primeros tres meses del año mostrando un incremento -en doce meses- de 40% en sus ingresos y lo finaliza con una caída de 85% en el resultado neto a $1.107.047. Antes de pasar a los pormenores unos datos para poner las cosas en perspectiva; entre junio y agosto de 2015 el bushel del trigo promedió u$s523.11, entre junio y agosto del corriente u$s437,94, 16% menos, y de entonces a ayer u$s406,29 (7% menos que durante este primer trimestre; ayer cerró en u$s411,5). A esto sumamos que el 15 de diciembre pasado el Gobierno redujo de 23% a 0% las retenciones a las exportaciones del trigo, la inflación (IPC Congreso) agosto/agosto trepando 43,85%, el dólar oficial 63,2% y el libre retrocediendo 0,39% (que el lector elabore sus propias cuentas y conclusiones).
En lo que compete a la sociedad, debemos destacar el siniestro producido hacia fines del ejercicio 2015/2016 (la sociedad estima que recién a fines de noviembre contaría probablemente con números fiables de los costos del incidente; en el ínterin calcula que la parada de la planta significó en estos tres meses una baja de $36 millones en las ventas) que se vincula con la reducción del 30% en la producción de harinas y la consiguiente caída en torno al 24% en su volumen de ventas 1er. trimestre/1er. trimestre.
Finalmente, en lo que compete a su mercado, debió seguir proveyéndose durante este período del trigo de baja calidad que correspondió a la cosecha 2015/16.
Esta tormenta casi perfecta le significó un incremento de 61% en los costos, dejándole una ganancia bruta 31 por ciento inferior a la de un año atrás, y a pesar de la contención de los gastos (+24%) un operativo 86 por ciento menor al de 2015, que tras el ligero aporte de lo financiero (7% más que en 2015) y la mordida del fisco, la dejan con el resultado arriba consignado.
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