15 de diciembre 2008 - 00:00

Senado condenó risa y a un apóstol

Las senadoras María Cristina Perceval, Isabel Viudes, Liliana Fellner y Judit Forstmann ríen junto a Miguel Pichetto, jefe de la bancada K, y el santacruceño Nicolás Fernández, en un alto del debate sobre violencia contra las mujeres.
Las senadoras María Cristina Perceval, Isabel Viudes, Liliana Fellner y Judit Forstmann ríen junto a Miguel Pichetto, jefe de la bancada K, y el santacruceño Nicolás Fernández, en un alto del debate sobre violencia contra las mujeres.
¿Vive la Argentina bajo un régimen talibán? La duda se desprende del debate previo a la sanción por parte del Senado de una ley para «Prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres». Allí se dieron definiciones tales como: «El lugar más peligroso para muchas mujeres no es la calle sino la habitación conyugal»; «el disvalor de la mujer es soporte fundamental de nuestra herencia cultural»; «queremos mostrar la violencia a la que las mujeres somos sometidas en nuestra sociedad»; «la mujer es la gran discriminada en todos los aspectos sociales»; «nuestra sociedad es violenta. La violencia contra la mujer es la más extendida y la menos visible»; «como mujeres nos sentimos a diario y en todo momento agredidas en nuestra dignidad», etc.
Imagen escalofriante dan del país estas expresiones que, cabe aclarar, fueron pronunciadas tanto por senadoras como por senadores.
El proyecto votado busca mejorar la prevención de un delito que ya está tipificado por el Código Penal. Es importante que la mujer que denuncia encuentre un marco de respeto y, sobre todo, de acompañamiento posterior. Con este fin, la ley introduce la figura del «amicus curiae» para contener a la víctima en los pasos que deba dar. También es importante que, como propone la ley, el Estado desarrolle programas de prevención para las diferentes formas de violencia que puede padecer una mujer en el ámbito familiar, institucional y laboral. Vale recordar que la Argentina ya cuenta con una norma que sanciona el acoso laboral.

Imágenes

El proyecto también hace mención a las «imágenes estereotipadas» que transmiten los medios de comunicación, «donde la mujer es un objeto más que un sujeto». Ya es hora de que se limite la degradación del género que practican algunos programas. Pero para eso no hacía falta una nueva ley. Bastaría con que los funcionarios hagan su trabajo, lo que hace temer que también esta norma quede en letra muerta.
Finalmente, se crea el «Observatorio de la violencia contra las mujeres», lo que puede ser interesante, siempre que no se caiga en la tentación de magnificar el problema para sostener la existencia de una estructura burocrática más. Temor justificado si se escuchan los fundamentos de los senadores para aprobar el proyecto. En particular la insistencia en la «invisibilidad» de la mujer en nuestra sociedad, como si portásemos burka. El machismo consiste en negar la capacidad de las mujeres por su condición de tales. La Argentina es un país en el cual no existe rama de actividad que le esté formalmente vedada a las mujeres, donde la representación en el Congreso oscila entre el 30% y el 40% y cuya presidencia de la Nación está ocupada por una mujer.
En la sesión, las senadoras afirmaron no haber sido ninguna de ellas víctimas de la violencia que estaban condenando, hecho que no las llevó a morigerar el tremendismo de sus intervenciones. «Las mujeres aquí presentes -dijo Marina Riofrío (San Juan, FPV)- seguramente no hemos sido víctimas de violencia. Obviamente que no (sic). Pero ninguna de nosotras puede decir que no ha sentido la discriminación y lo difícil que se ponía la tarea por nuestra condición de mujeres».

Guerra de géneros

Tampoco evitaron las senadoras la guerra de géneros, con poca consideración hacia los colegas varones que las estaban acompañando, entre ellos, Gerardo Morales (UCR, Jujuy), miembro informante del proyecto. Así, hubo que escuchar a Nancy Parrilli (Neuquén, FPV), como la gran mayoría de las allí presentes senadora merced a la ley de cupo, afirmar que «durante muchos años, en nuestro país, ésta ha sido una lucha sólo de las mujeres».
Pero el único varón señalado en la sesión fue el apóstol San Pablo. Sin temor al anacronismo, ni a ofender la fe de los argentinos, el senador Marcelo Fuentes (FPV, Neuquén) denunció «el papel poco feliz de las grandes religiones monoteístas en la conformación de lo que es el valor de la mujer. Simplemente menciono a Pablo de Tarso. De ahí, el que quiera leer biblias, que lo haga».

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