23 de febrero 2009 - 00:00

Senado: dos bancas aún pueden sumarse al éxodo de Reutemann

Miguel Pichetto, presidente del bloque kirchnerista del Senado, le informó el viernes pasado a Cristina de Kirchner que el éxodo de rebeldes se había terminado con las salidas, descontadas en ese momento, de los salteños Juan Carlos Romero y Sonia Escudero. Fue durante un encuentro a última hora en la Casa Rosada, donde sólo un caso quedó pendiente de análisis: el del misionero Luis Viana. Esa banca ya no es un problema para Pichetto, sino para el Gobierno. Los problemas que alejan a Viana del kirchnerismo tienen que ver con la distancia que tomó del gobernador Maurice Closs, un radical K que no consigue pacificar su relación con el peronismo de la provincia. Por lo tanto, el caso Misiones quedó en órbita del propio Néstor Kirchner. Esta semana habrá definición sobre esa banca.
Con ese diagnóstico, Pichetto le prometió a la Presidente un bloque encolumnado de entre 38 y 39 miembros, lo que no debería afectar la votación de las leyes que pida el Poder Ejecutivo. Pero ese optimismo del viernes por la noche tiene sus peligros.
Aunque Pichetto haya conseguido que la rionegrina María José Bongiorno no dejara el redil, hay otros senadores que permanecerán en el bloque, pero con disidencias.
El caso más claro es el de la chaqueña Elena Corregido. La senadora, el términos políticos, no tiene contención hoy en su provincia. Esto significa que la relación con el gobernador Jorge Capitanich no alcanza para disciplinarla frente a temas en los que Corregido se opone al Gobierno.
Por eso, aunque la chaqueña haya desmentido su alejamiento de la bancada, seguirá sosteniendo la autonomía que mostró en votaciones complejas, como en el caso de la Resolución 125, donde no acompañó al Gobierno. Es decir, no es un voto seguro para el oficialismo.
Junto a Cristina de Kirchner, Pichetto discutió también sobre el primer problema que deberá enfrentar esta semana el oficialismo: la sesión preparatoria del Senado donde se deben decidir las autoridades del Senado para todo 2009.
Allí el kirchnerismo debe reemplazar un puesto clave como es la vicepresidencia primera del cuerpo que hasta ahora tenía el salteño Juan Carlos Romero. El reemplazante será el pampeano Rubén Marín, hoy el menos rebelde de los peronistas disidentes.
Marín fue uno de los ocho senadores oficialistas que votó en contra de las retenciones móviles, pero desde entonces apoyó todos los proyectos del Gobierno, a diferencia de Reutemann y Romero.
Para solucionar algunos de los problemas que aún tiene en el horizonte el kirchnerismo del Senado, Pichetto dispondrá desde hoy de dos cargos más para convencer a remisos. No se resolvió aún para quién serán las presidencias de las comisiones de Relaciones Exteriores, que encabezaba Reutemann, y la de Seguridad Interior y Narcotráfico, a cargo de Escudero.
Pero hay otro caso que sigue en incógnita. El cordobés Roberto Urquía, propietario de Aceitera General Deheza, uno de los mayores productores exportadores de aceites del país, fue en otros tiempos para Cristina de Kirchner el ejemplo del empresario argentino modelo. Así se lo premió con la estratégica presidencia de la Comisión de Presupuesto y Hacienda cuando Capitanich partió para gobernar Chaco.
Cuando el Gobierno envió al Congreso la ratificación de la Resolución 125, Urquía tuvo que renunciar al cargo presionado entre sus lealtades a los Kirchner y al campo al mismo tiempo. Y terminó votando en contra. Desde entonces, su relación con el oficialismo casi desapareció y hoy su pertenencia al bloque es un misterio.

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