Sensatez y sentimientos en un logrado film de animación

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Que una nena se llame Anina Yatay Salas, es decir, que tenga nombre y apellidos capicúas, suena gracioso. Salvo para la nena, porque los chicos la llaman "niña capicúa". Peor es que le digan "elefanta", como ella le dice a una grandota de anteojos en medio del recreo. Pelean, y las mandan a hablar con la directora, quien les da un castigo muy raro, al cabo del cual, se supone, las nenas habrán tenido tiempo de reflexionar y de conocerse mutuamente.

Ese castigo es tan raro que sólo puede aparecer en la cabeza de las mejores directoras. O en un cuento. En este caso, una simpática historia del escritor uruguayo Sergio López Vázquez, que habría hecho las delicias del cordobés Juan Filloy, célebre coleccionista y creador de frases palindrómicas. La ilustró el salteño (de Salto, Uruguay) Alfredo Soderguit, y luego también la llevó al cine, convertida en el dibujo animado que ahora vemos. Tuvo buena ayuda: Alejo Schettini, director de animación, Bruno Boselli, músico, con artistas invitados, César Troncoso en la voz del padre de Anina, y otros, todos en estado de gracia. Hay momentos enternecedores. Y otros de memorable fantasía, como el de una pesadilla infantil donde la maestra antipática aparece multiplicada al infinito cantando a coro "La letra con sangre entra". Y ese es apenas un ejemplo.

En resumen, una joyita. Para las nenas que se reconocen gozosamente en varios aspectos. Para los amantes de los dibujos sencillos, imaginativos y encantadores. Y en especial para los grandes de ambos lados del Plata, porque además tiene una ambientación retro que nos devuelve con todo cariño al mundo de nuestra infancia.





"Anina" (Uruguay-Colombia, 2013). Animación. Dir.: A. Soderguit.

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