1 de septiembre 2010 - 00:00

“Separar la alta literatura de la popular es un grave error”

De Santis: «El formato de ‘El Hipnotizador’ es para mí lo más difícil de escribir, porque tengo que construir una historia que empiece y que termine en una serie de cuadritos y en una serie de capítulos, y que cada capítulo cierre como un cuento».
De Santis: «El formato de ‘El Hipnotizador’ es para mí lo más difícil de escribir, porque tengo que construir una historia que empiece y que termine en una serie de cuadritos y en una serie de capítulos, y que cada capítulo cierre como un cuento».
«Partir de las convenciones de un género literario, de las reglas del policial, de la novela de aventuras, de la historia de vampiro, es un magnífico desafío para el escritor», dice al pasar Pablo de Santis. Este licenciado en Letras de la UBA se sirve de los diversos géneros para hacer una literatura que le ha hecho conquistar numerosos premios. Por sus libros para adolescentes le otorgaron el Premio Konex de Platino y, con su novela «El enigma de París» obtuvo el Premio Planeta-Casamérica 2007 y el de la Academia Argentina de Letras 2008. Lleva publicados más de veinte libros, comics, guiones de programas de televisión. Acaban de aparecer «El hipnotizador», un álbum de historietas, y «Los anticuarios», su nueva novela, editada por Planeta, donde un reparador de máquinas de escribir pasa de forma casual a ser periodista y tiene que investigar el mundo de lo oculto del Buenos Aires de los años 50, de la caída de Perón, y se encuentra con un secta de vampiros. Dialogamos con De Santis.

Periodista: Dado que «Los anticuarios» es a la vez una novela gótica, un policial con vampiros porteños, una novela de aventuras y romántica, ¿a qué género pertenece?

Pablo De Santis:
Primero, es una novela de amor a los libros. Los libros están muy presentes desde el principio. Y sobre todo las librerías de viejo y esa costumbre que tenemos muchos de buscar en ellas un tesoro escondido. Esta vez me puse en un lugar en el que nunca estuve, el del vendedor de libros. Siempre me llamó la atención cuando, en una de esas librerías, se reconoce que los libros esparcidos pertenecen a una biblioteca que compraron a parientes de alguien que ha muerto. Hay un elemento fantástico que relaciona la muerte y los libros. Recuerdo la impresión que me causó cuando vi en una de esas librerías un libro mío en el que le había escrito una dedicatoria a Rodrigo Tarruela, un crítico de cine y escritor que había tratado mucho y que había muerto poco tiempo antes. Me quedé paralizado pensando el tránsito que había hecho ese libro hasta allí. ¿Qué habría sido de su biblioteca llena de títulos valiosos? ¿Cómo se habrían dispersado? Éste es uno de los temas de mi novela, junto al tema gótico y romántico que la recorre.

P.: Usted ha dicho que tiene que tener toda la historia antes de ponerse a escribir. ¿Qué tema fue dominando la historia?

P.De S.: «Los anticuarios» es una novela que tiene distintas reescrituras que la vuelven diferente a otras mías, que son más cerradas, donde todo tiene que ver con un crimen o un misterio, como, por ejemplo, en «El enigma de París». Esta novela es como una vida, con cosas que van pasando. Si bien tiene unidad en el tema de los anticuarios, es un relato más abierto. En las sucesivas reescrituras sacaba elementos, ponía otros, hasta que logré condensar el relato y darle unidad. El comienzo, el tema de la redacción, es algo que había escrito hace varios años.

P.: ¿De donde partió para narrar el clima de una redacción?

P.DeS.: De mis recuerdos de la Editorial Abril de los años 80, trasladado al mundo de los 50 donde transcurre la historia, porque entre esas dos etapas aún hay un cierto parecido, esa traslación no podría hacerla con una redacción actual.

P.: ¿Se remonta al pasado porque le ayuda a contar su historia o porque su personaje repara máquinas de escribir?

P.De.S.: Alejarme temporalmente es algo que a mí me resulta en términos narrativos. Contar algo cercano lleva a tener que dar precisiones que son necesarias aunque no sirvan a la historia. El mundo del primer peronismo vinculado al periodismo, con la presiones del gobierno que hubo en esa época, se lo puede tomar con cierta distancia; en cambio si se toma una redacción de los años 70 es imposible no meterse de lleno con la política. Ir a los años 50 me servía narrativamente y me gustaba por la estética de esa época en que mis padres eran jóvenes. Es un mundo que yo no viví pero que tuve a través de los relatos de cómo ellos lo vivieron, y el mundo de los padres jóvenes es siempre un mundo idílico para los hijos

P.: ¿Qué clase de vampiros son los de su novela?

P.DeS.: Surgió el tema de los vampiros porque pensaba: alguien que vive muchos años inevitablemente está pegado al pasado, es alguien que no termina de incorporarse en el presente. Imaginaba un cansancio hacia lo que es novedad. Algo que a uno le sucede cuando descubre que muchos de sus gustos se fijaron en la infancia. Me imaginaba a esos anticuarios, esos vampiros, como gente fijada en el pasado que procura rodearse de objetos viejos como un modo de protección, con ellos rodeándolos se sienten seguros, tranquilos y no perseguidos.

P.: Unió en su historia elementos que hoy hacen best sellers como los vampiros de la serie «Crepúsculo», los de Stephen King y los diversos Dráculas, junto a los libros que hablan del mundo de los libros como los de Carlos Ruiz Zafón.

P.DeS.: Los libros que hablan de libros es una marca muy argentina, está en Borges, en Cortázar, en Denevi. Pertenece a la tradición de nuestra literatura y ha tenido una enorme influencia en escritores de otros países. Leía una novela que me encantó, «Literati», de Barry McCrea, un irlandés, que me parecía muy al gusto argentino, y al llegar al final veo entre los agradecimientos uno a Ricardo Piglia, ahí entendí por qué tenía un vínculo con nuestras letras. Enrique Vila-Matas ha dicho que se siente, en ese sentido, un poco argentino. De la serie «Crepúsculo» no sé nada, no lo leí, y no creo que me interese. En cambio Stephen King me encanta, lo leí muchísimo, y así como tiene novelas horribles tiene otras extraordinarias como «Carrie» o «Cementerio de animales», que es la novela más terrorífica que leí. En general no me gusta el género de terror, me parece muy berreta, salvo las novelas de Stephen King, un autor muy desparejo, pero cuando la pega es genial.

P.: Cuando su personaje Santiago Lebrón va al encuentro de los vampiros, y va a convertirse en un anticuario más, uno recuerda a cuando Jonathan Harker llega al castillo de Drácula, o lo que le sucede a Robert Neville, protagonista de «Soy leyenda».

P.DeS.: «Soy leyenda» es una novela que me gusta mucho y que he leído varias veces. En ella está el tema de la soledad del héroe que se ve asediado. «La hora del vampiro» de King, «Soy leyenda» de Matheson,»Carmilla» de Sheridan Le Fanu, y «Drácula» de Stoker, son los grandes libros del género terror.

P.: ¿Por qué elige para sus libros la literatura de género y se dedica a la literatura fantástica, policial o de aventuras?

P.DeS.: Para mí la literatura siempre tiene la presencia del mito de las grandes estructuras narrativas, del viaje, del asedio, de las pasiones. Son formas que cambian a partir de los grandes temas permanentes. Todo eso hace una gramática narrativa. Así como hay una gramática que hace que tenga sentido lo que decimos, que es universal porque no hay lengua que no tenga sujeto y predicado, hay también una gramática universal narrativa que permite que entendamos las historias, que nos gusten o nos conmuevan. El narrador tiene que ser consciente del manejo de los géneros, de las convenciones, y no pensar que puede escribir sin ningún tipo de convenciones, porque eso es una ilusión.

P.: Usted considera que sólo desde lo más tradicional es donde se puede desplegar algo nuevo.

P.De.S.: Desde una novela de género se puede innovar, en tanto quienes pretenden innovar sin tener en cuenta las convenciones narrativas terminan escribiendo todos, siempre lo mismo. El género es un desafío, impone expandir la imaginación. A mí me marcaron las ideas de Northrop Frye, un extraordinario crítico canadiense, que ve la literatura como un gran sistema, y le da un lugar importante a la literatura popular, al atractivo que sentimos frente a ciertas historias. Es interesante ver que las novelas policiales, fantásticas, de aventuras, que siempre parecen quedar fuera de la literatura en su momento de aparición, finalmente se instalan para siempre, como pasó con Kipling, Verne, Wells, Dumas, Dickens, y tantos otros. Philip K. Dick es un caso clarísimo. En vida no llegó a ver un libro suyo de tapa dura, siempre ediciones baratas y cuentos en revistitas. Nunca se lo tomaba en serio, hasta que murió, y ahora es un consagrado. Cuando se pretende separar la alta literatura y la literatura popular se comete un grave error porque siempre están mezcladas.

P.: ¿Cuál es la clave de una buena historia?

P. De S.: La literatura es siempre como se cuenta una historia. La clave está en el cómo, del mismo modo que se cuenta una anécdota o un chiste. Esto se ve claramente en la fascinación que consiguen los grandes narradores orales.

P.: Usted, que decidió dedicarse por entero a la literatura y vive escribiendo, ¿cómo hace para pasar de la narrativa juvenil, donde es un consagrado, a la literatura adulta donde viene cosechando premios, y al guión o la historieta?

P.De S.: Siempre tengo ideas en la cabeza, pienso argumentos constantemente, es como mi hobby. Y de pronto me doy cuenta hacia dónde va esa historia. Por ejemplo si me sirve para hacer una historieta, porque la historieta tiene dificultades específicas. El formato de «El hipnotizador» es para mí lo más difícil de escribir, porque tengo que construir una historia que empiece y que termine en una serie de cuadritos y en una serie de capítulos, y que cada capítulo sea cerrado como un cuento.

P.: ¿Buscó que «El hipnotizador» fuera cinematográfica?

P.De S.: No fue porque pensara en el cine sino porque tengo que plantear situaciones que el dibujante pueda dibujar. Por eso la historieta se adapta fácilmente al cine. Uno no puede tener diez cuadritos con dos personajes hablando, no va. Importan las imágenes. Se debe resumir el diálogo, pasar a otros ambientes, tiene que ocurrir algo en el mundo físico. Es fantástico cuando de pronto se trabaja con un dibujante como Juan Sáenz Valiente, de primera línea mundial, con un trazo realista, expresivo, personal, caprichoso, muy fuerte que hasta parece hacer hablar a los edificios.

P.: ¿Cómo ve la literatura argentina actual?

P.De S.: Hay muchos escritores muy interesantes. La presencia de Argentina en la Feria de Frankfurt hace que sea éste un tiempo de balances. Hoy la nuestra es una literatura muy llena de energía, con líneas estéticas muy variadas. Siempre se ve que salen cosas nuevas. Me parece una literatura muy viva.

Entrevista de Máximo Soto

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