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Sequía en EE.UU. afectará precios de carne y lácteos
Es lógico que, a esta altura, el mercado local norteamericano comience a plantearse el modo de racionar el consumo, a partir del nivel que han alcanzado las cotizaciones y el impacto que este fenómeno ha generado en los bolsillos de los engordadores de hacienda bovina, cerdos y pollos. Ya se comenta que la sequía añadirá otros cuatro puntos porcentuales a los precios de los alimentos en ese país en el curso del próximo año.
La sequía influirá fundamentalmente en los precios de las carnes -que transitoriamente registran bajas como consecuencia de la liquidación de existencias- y de los lácteos, afectados por el bajo rendimiento de los animales en ordeñe por culpa de las elevadas temperaturas, y en el mayor costo de los forrajes.
Uno de los efectos de la sequía de 1988 fue que, al año siguiente, los precios de la hacienda crecieron un 8%, factor que contribuyó a lograr un incremento anual del 10% en los precios al consumidor.
Desde la Secretaría de Agricultura de Estados Unidos, su titular, Tom Vilsack, comentó a la agencia Bloomberg que lo peor de la sequía, la más grave de los últimos 56 años, podría estar llegando a su pico máximo, aunque los efectos que ella ha tenido en los dos cultivos más importantes de esa nación -maíz y soja- no serán conocidos plenamente hasta el momento de la recolección.
También en la FAO se advierte que los precios de los alimentos han experimentado subas apreciables. El índice que mide la totalidad de los precios de los alimentos se situó en julio en 213 puntos, lo que refleja un incremento del 6% respecto de junio. Este brusco ascenso responde fundamentalmente a los aumentos que se han registrado en los cereales y el azúcar, y en menor medida en los aceites y grasas. Los cereales crecieron mes a mes, de acuerdo con esta medición, un 17%, con mejoras en el trigo (19%), como consecuencia del deterioro de la cosecha rusa y las expectativas de un nuevo crecimiento en la demanda como forraje de este grano, por segunda temporada consecutiva.
Evidentemente, la demanda global deberá adecuarse a menores disponibilidades en esta campaña, habida cuenta de que la sequía afectó al principal productor de maíz y soja del mundo. Se anticipan racionamientos por el lado de la demanda de maíz para la elaboración de etanol y también en el uso de forrajes, como consecuencia de los menores márgenes en la actividad de engorde.
Mientras tanto, la plaza granaria comienza a concentrarse en lo que será la próxima siembra sudamericana, y en especial la de nuestro país, a partir del fracaso de la campaña norteamericana, aún no concluida.
En este sentido, el analista estadounidense Michael Cordonnier señalaba en un informe que nuestro país incrementará la siembra de soja en un 9% respecto de 2011, con una proyección de siembra de 20,5 millones de hectáreas, superficie que constituiría un récord. Cordonnier prevé que en la próxima temporada, el volumen de producción argentina de la oleaginosa alcanzará los 56 millones de toneladas.
Para el maíz, el especialista proyecta una reducción en el área de siembra del 10% en la próxima temporada, con una superficie de 3,4 millones de hectáreas y una producción que alcanzaría los 26 millones de toneladas.
Estos datos evidentemente no están tomando en cuenta la relación de precios locales entre la soja nueva y el maíz de la próxima campaña, que actualmente se ubican en el orden de 1,6, cuando históricamente las cotizaciones de la oleaginosa prácticamente duplican las del grano forrajero.
La apertura para exportación de 15 millones de toneladas anunciada recientemente despertó los precios del maíz en los mercados de futuros y esta circunstancia debería ser tomada en cuenta. Es probable, entonces, que la soja no crezca hasta la superficie proyectada por Cordonnier, ni tampoco el maíz sufra una caída tan abrupta en su siembra. La respuesta la tendremos en algunas semanas más.
Informe de Panagrícola


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