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Será una burbuja, pero nadie quiere perder la oportunidad
La encuesta de Merrill Lynch entre inversores profesionales confirma la vigencia de dos grandes núcleos de preocupaciones. Los 200 administradores de cartera institucionales -que manejan 500 mil millones de dólares en activos- manifiestan su desconfianza por los riesgos geopolíticos y el curso futuro de las tasas de interés. Si el consenso espera que la Fed mueva el tablero a mediados del año próximo, la visión profesional es que la suba se adelantará. Dos tercios creen que Yellen la gatillará antes de junio 2015.
Y estos recelos no cayeron en saco rato. Hubo un reacomodamiento defensivo de los portafolios. Aumentó el "cash" disponible. Pasó de constituir el 4,5% en junio al 5,1%. Los inversores minoristas hicieron caja con ahínco según lo muestran los flujos de salida de los fondos comunes de acciones (incluyendo ETF). Los institucionales, apenas movieron el dial. Aun así, conforme la historia de la encuesta, la señal es "bullish". Lo favorable: habrá que ver si el efectivo adicional no les quema en las manos. Con cotizaciones en alza, así será. Si la tasa larga sigue cayendo y los bonos subiendo -como el 62% de los managers tiene menos bonos en cartera que su nivel de referencia- es posible que haya derrame positivo sobre las acciones (donde la regla es la sobreexposición). Como aquel perro de un millón de dólares que podía canjearse por dos gatos de 500 mil cada uno; que se encarezcan los gatos, le da más valor a los ladridos.
Entiéndase bien, no todo es timba. La temporada de balances cierra muy bien. Las ganancias por acción de las firmas del S&P 500 habrán trepado el 9,6% interanual en el segundo trimestre (computando las estimaciones de utilidades para el 9% de las compañías que aún resta informar). La vara a superar, a principios de julio, se ubicaba en el 5,6%. La rentabilidad esquivó la contracción económica del primer trimestre y remontó vuelo en el segundo. Y las proyecciones de ganancias futuras continúan en alza, pisando terreno récord de nuevo. No hay objeciones allí. Lo que se pague por cada dólar de utilidad es harina de otro costal, pero la base está.
La amenaza de la Fed luce más dominable tras el tropezón de Europa (y el previsto traspié "por única vez" de Japón por la suba de impuestos). La eurozona hace agua por todos los frentes -el súbito freno de la actividad, la desinflación que no cede, las penurias de los bancos y el crédito- cuando se los daba en franca mejoría. El Banco de Inglaterra, el primero en ventilar la posibilidad de anticipar la suba de tasas, produjo el alerta -el "grito de Carney"-, pero no pudo sumarle sustancia a la intención de su gobernador canadiense, Mark Carney. Los salarios promedio cayeron en el segundo trimestre en Gran Bretaña, por primera vez en cinco años. El recalentamiento que temía Carney se enfría solo, y el posterior declive a plomo de la libra y las tasas largas certifica que las expectativas de un bautismo de fuego se corrieron para el año que viene.
Relajación y paciencia son las divisas que más le sientan a la política monetaria actual para librarse de enredos en el G7. Y Janet Yellen abona ambas. Desde ya, hablar en Jackson Hole supone una óptima plataforma para delinear cambios de estrategia. Quién no recuerda a Bernanke lanzando allí el QE2 en 2010. "Re-Evaluando la Dinámica del Mercado Laboral", es el tema que tratará Yellen, y el desempeño reciente permite ensayar una mirada más agresiva. Pero el diablo está en los detalles -nos lo recuerda la frustración de Europa- y si Yellen algo conoce del mercado laboral son los vericuetos conflictivos en sus detalles más recónditos.


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