4 de julio 2018 - 00:00

Servicios por comida: el trueque se impone en una Venezuela devastada

Un estudio de tres universidades determinó que la población perdió, en promedio, 11,4 kilos el año pasado.

EN ESPECIES. Alfredo Silva, un peluquero de La Vega, al oeste de Caracas, acepta comida a cambio de los cortes de cabello que realiza.
EN ESPECIES. Alfredo Silva, un peluquero de La Vega, al oeste de Caracas, acepta comida a cambio de los cortes de cabello que realiza.
Río Chico (Venezuela) - Bajo el sol del mediodía, decenas de delgados pescadores esperan descalzos a las orillas de una laguna en Río Chico, en la costa venezolana, para ser los primeros en cambiar su pesca del día por otros alimentos, en un trueque informal que crece en la dañada nación petrolera.

El trueque se convirtió en una de las vías que tienen los venezolanos para recibir pagos por la falta de billetes y la escasez de productos, además algunos prefieren recibir comida, ya que el dinero no les alcanza para adquirirla y los precios varían dependiendo si el pago es en efectivo o con tarjeta de crédito o debito.

"Aquí no hay dinero en efectivo, solo trueque", dijo Mileidy Lovera, de 30 años, caminando por la orilla de la laguna con una hielera llena de pescado que su esposo había atrapado temprano, esperando cambiarla por comida para alimentar a sus cuatro hijos o medicamentos para su hijo epiléptico.

En un país en hiperinflación, donde los billetes son tan difíciles de encontrar como los alimentos y los medicamentos, los venezolanos recurren cada vez más al trueque para realizar transacciones básicas.

"Es un sistema de pago bastante primitivo, pero también es primitiva la falta de efectivo en el país", dijo el analista Luis Vicente León, de la consultora Datanálisis.

Según la encuesta Datanálisis de mayo pasado, 3,2% de la población usa el trueque, cuando en 2016 ese intercambio ni siquiera se mencionaba como forma de pago.

El trueque en Venezuela no tiene ubicación ni reglas precisas y está mayormente dominado por el intercambio de comida en una nación en la que la pobreza alcanza al 87% y donde la población perdió un promedio de 11,4 kilos el año pasado, según un estudio realizado por tres grandes universidades del país.

El presidente Nicolás Maduro culpa de los crecientes precios y la escasez de alimentos y medicinas a una "guerra económica" de la oposición y el Gobierno de Estados Unidos.

Los economistas dicen que el Banco Central no imprime billetes lo suficientemente rápido como para seguirle el ritmo a la inflación, que según la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, alcanzó casi el 25.000% interanual en mayo.

"Prefiero que me paguen con comida", dijo Julio Blanco, un mototaxista de 34 años, mientras espera a clientes en Catia, al oeste de Caracas. "Acepto transferencias, porque efectivo no se consigue. Hago servicios por comida para poder sobrevivir".

En La Vega, otra barriada popular del oeste de Caracas, en un local azul claro con puertas de vidrio y un letrero que dice "Barbería Jayko", trabaja Alfredo Silva afeitando a hombres por unos 30 centavos de dólar al cambio del mercado paralelo.

Silva, de 40 años, acepta transferencias, comida y, de fallarle esas opciones, usa otra que revela las complejidades de una simple compra en esta nación petrolera. El barbero va con su cliente a una carnicería cercana y el carnicero le despacha a Silva el equivalente del costo del corte de cabello en productos, que pueden ir desde carne hasta huevos y embutidos.

En Río Chico, Marvin Guaramato, de 32 años llega a la laguna con el asiento trasero de su auto lleno de productos para intercambiar. En su mano sostiene dos harinas utilizadas para hacer la típica arepa venezolana (pan de harina de maíz).

Los pescadores luchan por cambiar sus peces. Al final del día algunos deberán volver a casa con sus pescados y sin productos.

"Hay días que paso hasta cinco horas y no vendo nada, entonces regreso a la casa con el pescado", dijo Reinaldo Armas, uno de los pescadores que apilaba paquetes de pasta, arroz y harina encima de su cava.

"El menú es pescado al mediodía, pescado en la mañana y pescado en la tarde", dijo Armas al asegurar que tiene más de un año sin comer pollo por el alto costo de las proteínas.

Agencia Reuters

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