27 de junio 2026 - 20:17

Manuel Adorni, 105 días después: el costo de una agonía que Javier Milei estiró demasiado

El Presidente demoró por demás una definición que parecía inevitable. La demora paralizó la gestión, agravó el desgaste y obligará ahora al Gobierno a reconstruir el contrato moral con sus votantes.

Tras más de tres meses, Milei tuvo que soltar a su jefe de Gabinete, acosado por la investigación de su veloz enriquecimiento.

Tras más de tres meses, Milei tuvo que soltar a su jefe de Gabinete, acosado por la investigación de su veloz enriquecimiento.

Presidencia

Un final anunciado. Y una agonía demasiado lenta, de más de cien días, que demuestra esa tendencia libertaria al tiro en los pies.

Corría marzo cuando Manuel Adorni quedó en el ojo de la tormenta por la presencia de su esposa, Bettina Angeletti, en la comitiva oficial que había viajado a Nueva York para exhibir atributos del país apetecible a inversores y que terminó en un sainete que incluyó una conferencia de prensa del ahora exjefe de Gabinete para explicar la cuadratura del círculo y un escarnio de Javier Milei a empresarios argentinos como Paolo Rocca, a quien llamó “Don Chatarrín”, un hecho que marcó un quiebre con parte del círculo rojo. Innecesarios tiros en los pies.

Desde Manhattan hasta acá, Adorni solo sumó nuevos escándalos que derivaron en la investigación en curso por presunto enriquecimiento ilícito. No solo la simple coima o el ingreso inexplicable, el caso del exvocero dejó una iconografía para perdurar en el futuro del imaginario político: una cascada —sinónimo del lujo vulgar del nuevo rico, si lo hay—, el flíper de Los Locos Addams (acaso el mejor de los lanzados en los noventa, junto al de Terminator), las sábanas egipcias y la frase del “deslomado”, que bautizará programas de radio, revistas y bandas punk.

Una demora con costo político

El costo político creció cada día. No solo Adorni era mirado de costado por sus compañeros de gabinete, a quienes debía conducir, como indica el mismo nombre del cargo, sino que su presencia paralizó la gestión y amenazaba con dejar al Congreso en un eterno stand by. “No podemos hablar de nada que nos preguntan por la cascada de Adorni”, mencionaba un ministro, quejándose. El Presidente se empecinó en sostenerlo, para no dar el brazo a torcer. No quiso quemar un alfil de su hermana Karina en plena interna con Santiago Caputo. Y, como si fueran pocos, llegó Patricia Bullrich, dispuesta también a librar su propia batalla, con gestos de autonomía y sin medias tintas.

Con la última jugada, incluso, la exministra desarticuló lo que hubiese sido una solución práctica para Milei. Como se explicó ayer, al desbaratar la sesión prevista para el jueves pasado en el Senado, Bullrich le devolvió la pelota a la Casa Rosada, para que resuelva la situación quien, al fin y al cabo, nombró al jefe de Gabinete. “No tenemos por qué resolver acá una interna del Gobierno, que se hagan cargo ellos”, explicaba el viernes un legislador de buen vínculo con La Libertad Avanza. Si los recintos avanzaban con una interpelación con moción de censura incluida, hubiese generado una diatriba contra el Congreso por parte de Milei, con la acusación de “destituyente” como adjetivo más light.

Pero la movida del jueves dejó otro mensaje: el Senado no podía sesionar para tratar ninguna ley con Adorni en funciones, ya que la apertura del recinto para discutir cualquier proyecto hubiese significado el pedido sobre tablas de la interpelación, con altas chances de ser aprobado.

Así, la renuncia de Adorni luce razonable desde todo punto de vista. Milei podrá oxigenar su plantel, destrabar la gestión y empezar a construir hacia adelante, con el 2027 a la vuelta de la esquina. Máxime, cuando logró el insólito récord de tener el mayor nivel de rechazo social de toda la dirigencia política —ya de por sí con precio a la baja—. Según diversas encuestas, la desaprobación es del 80%, pero con la particularidad de que el costo de su permanencia no solo recaía sobre él, sino que también arrastraba a todo el Gobierno. A Milei también. El último intento por desviar la atención fue elegir la salida en la previa del partido de Argentina en el Mundial. Una picardía que no surtirá efecto.

Milei Adorni Karina
Javier y Karina Milei defendieron a Manuel Adorni hasta donde pudieron. Era uno de los hombres de más confianza y fue una carta fuerte para intentar ganar la Ciudad en 2027. Lejos quedó la victoria porteña de mayo del años pasado.

Javier y Karina Milei defendieron a Manuel Adorni hasta donde pudieron. Era uno de los hombres de más confianza y fue una carta fuerte para intentar ganar la Ciudad en 2027. Lejos quedó la victoria porteña de mayo del años pasado.

El contrato moral

Entre los pecados capitales de Adorni, más allá de los que deberá determinar la Justicia, aparece uno que es determinante en clave política: dilapidó el capital simbólico de La Libertad Avanza, fuerza elegida por la sociedad por la promesa fundamental de pelear contra la casta, entendida como el mix de privilegios y corrupción de la vieja clase política. Adorni personificó ambos costados en su misma persona y Milei tendrá que renovar su contrato con los votantes. No solo con una recomposición salarial para los sectores medios, que demora en llegar, sino también con nuevos términos y condiciones en el apartado moral. Sin ello, La Libertad Avanza se desvanece como fuerza política y quedará reducida solo al histrionismo de su líder.

Adorni, además, encarnó una política pública de persecución al periodismo, un actor de la democracia al que intentó disciplinar con medidas insólitas como un “678 libertario”, retiro de acreditaciones a acreditados ejecutadas por su mano derecha Javier Lanari (quien lo sucedió en el cargo de secretario de Prensa) y hasta una “Oficina de Respuesta Oficial” de corte orwelliano, que intenta desmentir falsedades de los medios, aunque suele caer en mentiras para aclarar supuestas mentiras. De hecho, el aire fresco en la comunicación ya emergió con la designación del nuevo vocero, el pampeano Adrián Ravier, y de un nuevo secretario de Prensa, Fabián Fernández. Ambos esperan recomponer el vínculo roto con los periodistas y dedicarse más a informar sobre la gestión y menos a provocar a los trabajadores de prensa.

Por caso, la última travesura de Adorni contra los periodistas es renunciar un sábado, en vez de un martes a la mañana, como cualquier buen cristiano. Aunque, según asegura, esta es la tercera vez que pone su renuncia a disposición, mientras que —asegura— las otras dos no fueron aceptadas.

También responsabilizó a los medios por sus pillerías en una penosa carta de despedida.

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La silla eléctrica

Desde ya, el recambio no será sencillo. Al cierre de este artículo, todo indicaba que el ministro del Interior Diego Santilli era el hombre que ocuparía la silla eléctrica de Adorni. Santilli llega reconocido por los gobernadores, con quienes entabló buen diálogo en esta segunda parte de la gestión de Milei, y es un salvoconducto para reestablecer el vínculo roto con el PRO, su partido de origen.

Cuando tiempo atrás el Gobierno analizó la salida de Adorni (Ámbito lo contó tras chequearlo con ministros y recibió la furibunda crítica del Gobierno), Santilli había sido sondeado. En aquel entonces, había declinado el ofrecimiento, ya que suponía que aceptar el cargo lo perjudicaba en su carrera a la gobernación bonaerense. Lo mismo pensaron Martín Menem o Luis Petri, con aspiraciones similares en La Rioja y Mendoza. El cambio de opinión de Santilli deja abierta la pregunta: si imaginan en LLA que la batalla en Buenos Aires (desdoblada) está perdida o si el ministro del Interior se entusiasma con una remontada heroica desde un espacio con más exposición.

“Más exposición, sí; pero va a terminar golpeado, nos viene bien”, eso dicen, por caso, en el peronismo pampeano respecto a Ravier, donde el ahora vocero intentará recalar para suceder al gobernador Sergio Ziliotto, del PJ ortodoxo.

Quizás, como reflexión final, también quede la necesidad de revisar la demagógica política del congelamiento salarial para los funcionarios. ¿Es correcto que un jefe de Gabinete cobre apenas algo más de $3 millones, si luego aparecen sobresueldos o la apertura de kioscos opacos? ¿O convendría que los gobiernos también sinceren ese punto ante la sociedad? Así como Milei fue convincente al decirles a los argentinos que “no hay plata” y que el ajuste era inevitable, quizás ese sea un buen primer paso para rediseñar el contrato moral con sus votantes.

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