28 de enero 2010 - 00:21

Shell sigue vendiendo mejores estaciones de servicio porteñas

Ya se desprendió de siete (y no las reemplaza)

Shell continúa recortando su presencia en la Argentina en lo que hace a venta de combustibles: la petrolera holando-británica está a punto de desprenderse de dos estaciones de servicio que se sumarán a la lista de bocas de expendio cerradas y convertidas en torres de departamentos, y que no fueron ni serán reemplazadas por otras.

Shell ya vendió una de sus ubicaciones «premium», la estación de servicio de Libertador esquina Virrey Loreto.

También estaría cerca de venderse la ubicada en FiAlcorta esquina Juez Tedín -en pleno Barrio Parque-, a pesar de que las dimensiones del terreno no permitirían edificar en altura y cantidad de metros. Un vocero de Shell afirmó: «Todavía no está en los planes vender Figueroa Alcorta; estamos cambiándole los tanques, pero por ahora no tenemos interesados».

En cambio, Libertador ya tiene comprador: se trata de un grupo encabezado por el ex IRSA Fernando Barenboim, que dejó la firma de Eduardo Elsztain hace algunos meses para emprender proyectos propios. Barenboim -que bautizó GES su flamante empresa- también está desarrollando dos proyectos de lofts: uno en Vicente López (en un predio que dejó vacante una fábrica textil) y otro en la ex planta de Revlon en Colegiales.

En Libertador hará 65 unidades y -según dice el propio empresario- «ya tenemos todo vendido; lanzamos un fideicomiso, y se vendieron todos los departamentos en una semana».

En relación con la de Figueroa Alcorta, el mercado le atribuyó la compra a RAGHSA, la desarrolladora que construyó las torres Le Parc en Palermo, Puerto Madero y Punta del Este. Sin embargo, Héctor Salvo, gerente general de la empresa que comanda Moisés Khafif desmintió de plano la posibilidad.

«Ya fue complicado lo de la estación de servicio DAPSA que compramos para levantar Le Parc Figueroa Alcorta; no podíamos dejar de hacerlo porque la fracción que ocupaba era parte del terreno en que se hicieron las torres, pero no tenemos en nuestros planes reincidir, a pesar de que nos ofrecen estaciones de servicio todo el tiempo», dijo el ejecutivo.

Sucede que para poder construir encima de un predio que antes fue ocupado por un local de venta de combustibles hay que encarar un engorroso y caro proceso de curación de la tierra, algo que no todos los desarrolladores están dispuestos a hacer.

No parece haber sido el caso del grupo que construye las torres Mulieris en Juan B. Justo, que le compraron a Shell una de las naves insignia de su red de estaciones, la ubicada en Cerviño y Godoy Cruz, y están en pleno proceso de saneamiento; cuando concluyan, levantarán una torre de departamentos.

También es el caso de Román Goldfarb, el joven empresario ex Grupo Chateau que se quedó con la Shell de Libertador y Olazábal; tras la demolición, ya comenzaron las tareas de remoción de tierra, y la construcción de la torre (en este caso de oficinas) comenzará en las próximas semanas.

Una de las primeras Shell en venderse fue la que estaba ubicada en Pampa y Ramsay, frente a los bosques de Palermo. Tras la curación del terreno, los compradores -inversores «ad hoc» para este proyecto- comenzaron la obra hace algunas semanas.

En cambio, Barenboim deberá esperar al menos dos años para demoler la gasolinera de Libertador y Loreto; la escritura -firmada la semana pasada- prevé un comodato a favor de la petrolera para que ésta la explote durante ese lapso.

Antes, Shell ya se había desprendido de las estaciones ubicadas en Santa Fe y Aráoz (Botánico), avenida San Martín y Francisco Beiró (Devoto) y la de Corrientes y Riobamba (comprada por un grupo encabezado por los empresarios Mario Silberstein y Ernesto Lerner, que están levantando un megacomplejo de departamentos y oficinas que abarca el pasaje Enrique Santos Discépolo, ex Rauch.

Estas operaciones demuestran al menos dos hechos:

  • la decisión de Shell -la empresa del sector que más seguido tuvo enfrentamientos con el Gobierno de los Kirchner- de achicar su presencia en el mercado minorista de los combustibles; las estaciones de servicio que vende no son reemplazadas por otras nuevas;

  • la falta de terrenos en zonas «premium», que son las únicas en las que se produce movimiento de compra y venta; la falta de crédito hace inalcanzable la adquisición de unidades nuevas para los sectores más amplios de la clase media.

    En todos los casos citados, los desarrolladores aceptaron pagar cerca de u$s 1.000 de incidencia; la cifra representa el «peso» del terreno en el


  • valor del metro cuadrado construido. Esta cifra implica que el precio final del inmueble no podrá ser inferior a los u$s 3.000, porque la construcción de primera categoría no baja de los u$s 1.000 el m2.

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