30 de mayo 2016 - 00:00

Show papal en el conurbano, la versión de cita Francisco-Hebe

Luego de la audiencia privada y la charla con la comitiva, Francisco acompañó a Hebe de Bonafini para despedirla en el ingreso a Santa Marta.
Luego de la audiencia privada y la charla con la comitiva, Francisco acompañó a Hebe de Bonafini para despedirla en el ingreso a Santa Marta.
 -¿Saben en qué lugar tendría que hablar yo si voy a la Argentina?... En el Mercado Central.

El papa Francisco lanzó el comentario como si pensara en voz alta y sin esperar respuesta. Lo hizo en la despedida mientras caminaba junto a Hebe de Bonafini hasta el ingreso de Santa Marta, la sede papal a la que la titular de Madres de Plaza de Mayo había arribado dos horas antes, casi sobre las 16.30.

La "idea" que voceó el Papa no fue azarosa. Bonafini viajó al Vaticano para, además de corregir viejos desentendidos con Francisco, pedirle que visite la Argentina. Lo hizo a sabiendas de que el protocolo vaticano impone que sólo un jefe de Estado puede invitar al Papa a que viaje a su país. Así y todo, le hizo el planteo ante lo cual Francisco contó que Mauricio Macri le había enviado, por la vía oficial, una invitación para que regrese, como Papa, a la Argentina.

El Pontífice contó durante la charla que aún no respondió al convite presidencial. Quienes traducen todos los gestos del Papa a partir de la frialdad y los escasos 22 minutos que le dedicó de audiencia en febrero pasado entienden esa dilación como otro desplante. La posibilidad, invocada sin detalles, de un acto en el Mercado Central podría leerse con esos mismos códigos como un gesto de autonomía del Papa en un eventual paso por la Argentina. "Un lugar ligado a la producción y al empleo, un lugar emblemático", aventuraron sobre la posibilidad del Mercado Central como espacio para un show papal.

Los múltiples portavoces criollos de lo que pasa en el Vaticano coinciden en que habrá un viaje de Francisco a Latinoamérica, pero que no se termina de despejar la duda sobre una llegada a la Argentina. Algunos dan por hecho que visitará Brasil y que podría, incluso, pisar Uruguay, pero que el clima político -y la tensión que hay en torno a su nombre y su relación distante con Macri- lo mantendrían alejado de la Argentina.

Esa especulación suma otro componente: la tesis de que no podría visitar el país en la previa electoral supone que el período de tiempo para viajar tiene como frontera marzo de 2017 o si no, directamente todo se correría más allá de octubre, después de las elecciones del año próximo, el primer test electoral del macrismo. La frialdad con que el Papa trató a Macri y la saga de visitantes que atiende en el Vaticano configuran los términos de una relación complicada entre Olivos y Francisco.

La previa de la audiencia con Bonafini estuvo condimentada por la irrupción de Margarita Barrientos, la dirigente del Comedor Los Piletones, que dijo que no irá a ver al Papa porque éste no la recibió en 2013. Nada es, claro, casualidad como tampoco lo es lo que Gustavo Vera desliza, aquí y allá, sobre los familiares de Barrientos designados en organismos públicos controlados por el PRO.

El raid de argentinos para ver al Papa sumó, la semana pasada, a un puñado de intendentes que firmaron, a principios de año, el "Pacto de Padua" que toma como base los lineamientos expresados por Francisco en su encíclica Laudato Si. La comitiva la integraron, entre otros, los alcaldes Juan Zabaleta (Hurlingham), Enrique Cresto (Concordia) y el catamarqueño Raúl Jalil, y dirigentes como Dalmacio Mera y Franco La Porta.

Ocurrió dos días antes de la audiencia de casi dos horas que el Papa mantuvo con Hebe de Bonafini y que generó quejas y reacciones. Años atrás, la titular de Madres de Plaza de Mayo había sido crítica respecto de Jorge Bergoglio, como buena parte de los sectores K por los chispazos políticos manifiestos entre el entonces cardenal y Néstor Kirchner. Con el tiempo ese vínculo se descomprimió y en febrero pasado, una invitación del Vaticano fue aceptada por Bonafini que viajó el martes pasado y se vio el viernes a la tarde con el Papa.

Temario

"No voy a hablar de desaparecidos",
avisó Hebe para perfilar, de antemano, el carácter político de la reunión. Y así fue: la charla, de la que dejó trascender varios tramos, fue sobre la situación del país. La visitante expuso sobre los despidos y según contó, el Papa la escuchó con atención. "Sabía que había despidos, pero no que la situación era tan grave", contó que le dijo Francisco que recibió un informe de los "Sacerdotes de Opción por los Pobres" sobre la situación social y laboral en los barrios más vulnerables.

"Hable tranquila, tenemos todo el tiempo del mundo", arrancó la charla Francisco y, contó Bonafini, eso le sacó presión. En el repaso de la situación política del país, Hebe le trasmitió un saludo de Cristina de Kirchner con quien habló por teléfono antes de volar rumbo a Roma. Con la expresidente se verá pronto.

Fueron, al final, casi dos horas mano a mano y luego media hora más, más distendida, a la que se sumaron Silvina, la médica que acompaña a Bonafini, y Sofía, su secretaria, además de Alejandro López, el único dirigente que escoltó a la titular de Madres, que registra alguna relación de cercanía indirecta con Francisco -un tío suyo, también jesuita, fue protector del joven Bergoglio- a la que se sumó un grupo de italianos de Pescara que tienen un grupo de apoyos a Madres y Marta Cascales, la esposa de Guillermo Moreno que viajó por su cuenta y luego se agregó a la comitiva de Bonafini.

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