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“Siento predilección por hacer verosímiles ideas disparatadas”
Bizzio: «En principio me divirtió el apellido, un Borges judío, poeta mediocre, con un impulso asesino. La relación con Borges la pensé después de haber terminado la novela».
Periodista: Uno de los temas de su novela trata de Borgestein, un poeta que está loco y persigue a un psiquiatra que está paranoico desde que ese paciente buscó matarlo con un cuchillo.
Sergio Bizzio: Es la idea central de la novela, un loco que persigue a alguien que se está volviendo loco. Y que se suma a que ese hombre tiene un matrimonio donde a su mujer sólo la ve dormida.
P.: Borges-stein, significa Borges de piedra, monumental, que es el Borges que persigue a cualquier escritor argentino que ha sido atravesado por su trascendencia. Su Borgestein es un poeta que quiere matar a alguien que quiere volverse escritor.
S.B.: Lo pensé, pero mucho después. En principio me divirtió el apellido, un Borges judío, poeta mediocre, con un impulso asesino. Cuando Fogwill se internó la última vez escribí un poema, del que en el libro apenas aparece sólo un breve fragmento, pensando que Quique Fogwill lo iba a leer y que, además de gustarle, le iba a causar gracia. No alcanzó a leerlo, murió antes. Ahí el poema pasó a manos del personaje, porque la novela es contemporánea a la internación y muerte de Fogwill, de quien fui muy amigo. La relación con Borges la pensé después de haber terminado la novela.
P.: ¿Quiso contar divertidamente la historia de un pobre tipo, de un psiquiatra que escapa de un paciente?
S.B.: Es todo bastante raro porque funciona de un modo bastante aleatoria. No tengo la historia completa cuando empiezo a escribir. No sé adónde voy, más allá de las páginas en las que estoy. Hay un momento en que las cosas se articulan de determinada manera y ya puedo prever los panoramas posibles adelante, pero de arranque no sé nada del lugar al que voy.
P.: ¿Eso lo hace para escapar a su labor de guionista, que hace todo lo contrario, que tiene que saber la historia por entero y sobre todo el final?
S.B.: Cuando escribo guiones, y ahora estoy escribiendo bastantes de cine, es otro el procedimiento; en literatura no me pasó nunca eso. En este libro. de partida tenía la idea de un matrimonio de personas con actividades completamente opuestas. Ella, una actriz de teatro con una obra exitosa en cartel, con la que hace funciones todas las noches; él, un psiquiatra que se levanta muy temprano por la mañana, de modo que se ven dormidos. Cuando ella llega, él está durmiendo, cuando él se levanta la ve durmiendo. Quería explorar cómo era la relación de un matrimonio que nunca se ve despierto y se comunican por medio de notas y, eventualmente, algún que otro llamado telefónico. Tenía por otro lado la historia de un hombre que se compra una casa en un lugar paradisíaco, con una cascada junto a la ventana, y se da cuenta de que ese ruido no tiene pausa, que golpea en una olla produciendo un murmullo enloquecedor. Esas dos cosas al unirse dan como resultado «Borgestein». Una intención consciente que tenía era la de escribir una novela de observación, de los estados mentales del personaje, de minucias, en la que la impresión, en el sentido chejoviano, fuera más importante que la acción. No resultó. En la novela pasan muchas cosas. Pero considero que el dibujo de las acciones de los personajes es también el dibujo del pensamiento de esos personajes.
P.: En su ocultarse para escapar hay una tensión de thriller, el psiquiatra se ve amenazado por la posibilidad de la llegada del poeta asesino, por vecinos que se meten en su vida, por la aparición de su mujer.
S.B.: Que él no quiere que aparezca. No sólo tiene un matrimonio anómalo sino que es anómalo que esté dos años manteniendo ese matrimonio anómalo. La puñalada que le da Borgestein en cierto sentido funciona como una excusa para que él pueda liberarse de esa situación. Y así abandona todo, su casa, su mujer, sus pacientes, la ciudad. Descubre que su especie de mantra «fumar, beber, leer, dormir» es lo más parecido a lo que él podría llamar libertad. El goce de la soledad verdadera, que cuando lo descubre retornan las amenazas, vuelve su mujer, Borgestein descubre su paradero, se empieza a llenar de poetas y gente del barrio, ronda un puma, la cascada vuelve a estar ruidosamente presente, la novela se vuelve coral. Él termina siendo «el loco de la cascada», una atracción de lugar. La gente va a ver cómo un tipo lucha por apagar con piedras el ruido de una cascada.
P.: Y encima tiene un representante de sus antiguos pacientes, Gualicho, un loro que le habla y que es adicto a meter los dedos en los enchufes.
S.B.: Y que él ama, dice «si fuera lora estaría enamorada de este loro», y «sería capaz de dar la vida por este loro». Cuando escribí esa frase estuve a punto de ponerme a escribir una novela sobre ese loro que un amigo llama Trifásico. El precedente existe y es alemán. Al regreso de un viaje a Munich, mi mujer, Lucia Puenzo, me cuenta que había estado en una casa donde había un loro que había metido la pata en un enchufe, se había quedado pegado y sobrevivió. Yo lo convertí en un loro criollo y adicto.
P.: ¿En qué anda ahora, después de novela número once?
S.B.: Terminé una película que espero estrenar en abril, que se llama «Bomba»; la tercera, después de «Animalada» y «Fumar es un vicio como cualquier otro». Cuenta de un adolescente que, apurado, en un embotellamiento en la 9 de Julio se sube en el primer taxi libre que ve, y que resulta ser un coche bomba. El coche está manejado por Jorge Marrale, y el pasajero es un actor nuevo que se llama Alan Daicz. Toda la película son estos dos personajes circulando por la ciudad. El coche está cargado de explosivos y cuando el chico ve eso, el taxista ya no lo deja bajar. Hay participaciones especiales de Romina Gaetani, Pablo Cedrón, Andrea Garrote, y de César Aira que hace de presentador de un libro porque el muchacho que viene de la provincia, y llega con el tiempo justo y se sube al auto bomba, es un dibujante de historietas que ganó un concurso, y la editorial que lo publica lo invita a presentarlo en la Feria del Libro. A esta idea disparatada la definiría como una comedia delirante que se ve como un drama razonable.
P.: También en su novela instala hechos extraordinarios que se vuelven verosímiles.
S.B.: Siento predilección por trabajar con ideas disparatadas para convertir en cosas casi realistas, construir un verosímil de eso. En la novela, Borgestein está en una casa elegante donde se presenta un libro de poemas y el camina hacia atrás para sentarse y se pone el sillón de sombrero, y se molesta de que lo demás piensen que es surrealista por tener un sillón de sombrero. El narrador anota «me imagino que no debió resultarle nada fácil ser poeta y llamarse casi Borges mientras buscaba con los talones una rugosidad en la que afirmarse».
P.: ¿Prepara algo en literatura?
S.B.: Voy a publicar «El bosque del sonambulismo sexual», una serie de textos en los que la trama, la historia, el verosímil, los diálogos, la construcción de los personajes, sus acciones, están completamente corridos. Dos personajes dialogan, por ejemplo, hablando de cosas distintas. Si uno dobla a la izquierda termina saliendo a la derecha. No tiene comienzo ni final. No hay historia, no hay trama, son como dadaístas, es un trabajo sobre la desarticulación de la razonabilidad. Trabajé con el ritmo como si fueran fragmentos de casi partituras.
Entrevista de Máximo Soto


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