Escuchábamos ayer a una de las “brujas” de nuestro mercado argüir que 2020 fue un año muy difícil para la elección de activos financieros, lo que sorprende un tanto viendo que de los componentes de S&P Merval -que suma 74% en el año- más de dos tercios superan la inflación (sólo Valo apunta a cerrar el año perdedor). Para los mal pensados aclaramos que “na que ver” con su insistencia en la necesidad de una “administración profesional” a través de su nueva familia de Fondos Comunes (¿o si?). Mientras tanto, ayer continuó la fiesta. Es cierto que el operado en CeDeAr, $4480 millones (máximo desde el 12 de noviembre) tuvo más que ver con la suba de las acciones yanquis (el S&P500 “voló” 2,07%) que con la clásica búsqueda de refugio de los inversores locales (el dólar libre cedió 0,5% a $198 y la tasa de riesgo país 2,75% a 1699 pb), y que los principales ADR, con 20 alzas y 1 baja, negociando u$s1786 millones (90% arriba del diario 2021) sumaron en promedio 2,96%, más que el 1,08% que ganó el S&P Merval que cerró en 89.242,77 puntos; pero el 3,05% de los ADR con cotización porteña sugiere que la presión alcista local fue ligeramente mayor a la externa (2,74%). Si bien con un incremento de 17% respecto al lunes, los $1712 M tranzados en acciones estuvieron 14% debajo del diario del mes, sugiriendo -especialmente considerando el feriado de hoy- que la suba es por ahora el juego de unos pocos. Volviendo a lo que nos viene ocupando estos días, para ser francos, ninguno de los padres del Eurocentrismo: desde Aristóteles (que veía Asia y África como una régimen monolítico donde el calor, generaba gobiernos despóticos y habitantes serviles y carentes de espíritu) pasando por Montesquieu, Hegel, Marx, para terminar en Weber, tenían, a pesar de sus utópicos argumentos sobre el atraso ex-Europa, tenía la más mínima idea de la historia y el pensamiento oriental (para ser metódico: “Ocho Historiadores Eurocéntricos, de J. M. Blaut, 2000; sino, las magras y falaces fuentes y citas empleadas). Viendo las cartas de los misioneros Jesuitas en China (1700 a 1775), o las observaciones de Quesnay y Voltaire (mucho más enjundiosas) pareciera que más que achacar esto a la ignorancia de la época, debiéramos apuntar a los prejuicios. Un ejemplo de esta ignorancia: el impuesto continuo de mayor duración en la historia es el 10% a la tierra sancionado por la dinastía Quin en 221 AC, operativo hasta 1949 -derogado en 2006-, una clara demostración de la continuidad de la propiedad privada en China. ¿Los prejuicios? Mañana.
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Sigue fiesta (con ayudita)



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