26 de junio 2009 - 00:00

Sin liderazgo, agoniza histórica revuelta iraní

El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, saluda en la inauguración de una petroquímica en Asaluya.
El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, saluda en la inauguración de una petroquímica en Asaluya.
Teherán - Tras la feroz represión que diezmó las protestas contra la teocracia, los reformistas están a punto de perder también su liderazgo político. El conservador moderado Mir Husein Musaví, supuestamente derrotado en las elecciones por el ultra Mahmud Ahmadineyad, reapareció luego de tres días de ausencia para llamar a sus seguidores a protestar dentro del marco legal y a que no den lugar a que se los retrate como activistas que responden a potencias extranjeras.

El régimen de Ahmadineyad y la televisión estatal acusan constantemente a los manifestantes «de estar vinculados a Occidente y a círculos sionistas». Para neutralizar esas «malvadas conspiraciones», Musaví pidió que se mantengan las protestas «dentro de la legalidad y acordes con los principios de la Revolución Islámica».

Musaví, apoyado por casi todo el campo moderado y reformista, denunció también presiones para retirar su pedido de anulación de los comicios, que, según los resultados oficiales, Ahmadineyad ganó con el 63% de los votos, contra el 34% para su principal rival.

Los disturbios surgieron en protesta por el supuesto fraude en las elecciones presidenciales del 12 de junio, y en apoyo a Musaví, al que muchos veían como el vencedor. Pero más allá de todas las disputas, el objetivo no es derrocar al régimen, sino impulsar el debate sobre si debe haber cambios en el país.

«Occidente sacó conclusiones precipitadas de que las protestas se dirigían contra todo el régimen, algo que sin embargo nunca pasó por la mente de Musaví; algunos de los medios occidentales le dieron una imagen que se corresponde con sus propias ilusiones», dijo un analista.

El ex primer ministro Mu-saví fue en las últimas tres décadas leal al sistema islámico. Al igual que los ex presidentes Mohamed Jatami y Akbar Hashemi Rafsanyani, Musaví sólo pasó a confrontar con el régimen luego de la elección que consagró a Ahmadineyad -protegido por el guía supremo Alí Jamenei- en 2005.

«Definitivamente tenemos que atenernos a nuestros principios de la Revolución Islámica de 1979, pero también mejorarlos y actualizarlos y especialmente hacerlos compatibles con la evolución del mundo actual», había dicho Mu-saví antes de los comicios.

Sus seguidores, conocidos como «la ola verde», lo apoyan pidiendo cambios, pero no atacando al sistema. «Para conseguir cambios radicales tendríamos que sacrificar a muchas Nedas», comentó uno de ellos en referencia a Neda Agha Soltani, asesinada durante las manifestaciones de protesta y convertida en ícono de la resistencia.

En un recrudecimiento de la represión de protestas por las elecciones y de toda señal de disidencia, las autoridades iraníes detuvieron a 70 profesores universitarios que se habían reunido con Musaví en Teherán. Sin embargo, esa información fue desmentida por las autoridades locales.

Paralelamente, el Comité de Protección para Periodistas, con sede en Nueva York, afirmó que la República Islámica ha detenido a más de 40 cronistas tras los comicios.

En tanto, Ahmadineyad pidió ayer al presidente norteamericano Barack Obama que no interfiera en los asuntos internos del país y que se disculpe por sus declaraciones. Ahmadineyad también pidió a Obama que no cometa los mismos errores que su predecesor, George W. Bush, y no repita sus políticas.

Irán también acusó de parcialidad al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien el lunes había dicho estar consternado por la situación que sacude a Irán tras las elecciones, sobre todo por el accionar de entes estatales contra civiles. Los comentarios de Ban podrían ser vistos como «irreflexivos» y una «intromisión en cuestiones internas» del país, señala un texto de la embajada iraní ante Naciones Unidas.

Por su parte, el Consejo Europeo le exigió al Gobierno de Teherán una investigación «independiente y creíble» de los comicios, en un debate celebrado hoy por los parlamentarios en Estrasburgo.

Agencias DPA y AFP

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