18 de octubre 2013 - 00:00

Sin pausa, Obama exhortó a evitar una nueva crisis presupuestaria

Tras ganarle la pulseada al Partido Republicano, el presidente Barack Obama se mostró fortalecido en una conferencia de prensa en la Casa Blanca. Allí, le pidió a la oposición no volver a dañar la credibilidad del país.
Tras ganarle la pulseada al Partido Republicano, el presidente Barack Obama se mostró fortalecido en una conferencia de prensa en la Casa Blanca. Allí, le pidió a la oposición no volver a dañar la credibilidad del país.
Washington - Al día siguiente del acuerdo de última hora que el miércoles permitió a los Estados Unidos restablecer el financiamiento de su administración y alejar hasta febrero el fantasma de una cesación de pagos, el presidente Barack Obama apareció ayer triunfante con un mensaje que, si bien constituyó un llamado a poner fin a las disputas partidistas, incluyó dosis infrecuentes de crítica a los legisladores republicanos más recalcitrantes con quienes deberá volver a negociar antes del 13 de diciembre, fecha límite para pactar un nuevo presupuesto.

"¿No les gusta una política particular, no les gusta un presidente en particular? Entonces ganen las elecciones", les dijo. "Debemos trabajar juntos para hacer que el Gobierno funcione bien antes que amenazarlo como si fuese un enemigo", agregó con dureza.

El mandatario estimó que la pulseada política que mantuvo a parte de la administración cerrada durante dieciséis días y al país al borde del default hizo un "daño innecesario" tanto a la "credibilidad" estadounidense como a la economía nacional y llamó a la conciliación de los partidos y políticas.

"Probablemente nada hizo más daño a la credibilidad de Estados Unidos en el mundo, a nuestra posición ante otros países, que el espectáculo de estas últimas semanas", dijo Obama en la Casa Blanca. Según el mandatario, a nivel internacional el impasse que vivió el país en las últimas semanas "alentó a nuestros enemigos, envalentonó a nuestra competencia y deprimió a nuestros amigos que buscan en nosotros un liderazgo estable".

A nivel doméstico, continuó, también la economía del país sufrió sensiblemente, a la par que los ciudadanos están "totalmente hartos" de sus políticos en Washington.

"No hay vencedores ni vencidos", intentó zanjar pese a que los analistas lo dan como el gran ganador de la puja por no haber cedido a la principal aspiración republicana: mutilar su reforma sanitaria.

Pese a sus palabras ásperas, Obama es consciente de que necesitará apoyo republicano para negociar antes del 13 de diciembre un paquete de recortes del gasto público y reducción del déficit que permita evitar otro cierre del Gobierno el 15 de enero y un default el 7 de febrero, según dispone el pacto legislativo que permitió elevar in extremis el techo de deuda del país desde los actuales 16,7 billones de dólares. El miércoles el "default" fue evitado gracias a los "demócratas y a los republicanos responsables", indicó al respecto.

Ayer, en el Capitolio, negociadores republicanos y demócratas sostuvieron su primera reunión para discutir las soluciones presupuestarias a largo plazo. Se espera que el panel llegue a acuerdo recién en las cercanías de la fecha límite presupuestaria, a mediados de diciembre, aunque no hay garantías de que triunfe luego de que esfuerzos similares fracasaran.

Un informe de la agencia de calificación Standard & Poor's calcula que la parálisis, que terminó con el regreso de unos 800.000 empleados públicos a sus tareas, provocó pérdidas de 1.500 millones de dólares por cada uno de los dieciséis días perdidos y que costará seis décimas al crecimiento esperado para el cuarto trimestre del año, que según las proyecciones alcanzará al 2,6% anual.

"Nos recuperaremos, siempre lo hacemos. Estados Unidos es el fundamento de la economía mundial por una razón, somos la nación indispensable a la que el resto del mundo mira como el lugar más seguro y confiable para invertir", confió, con todo, Obama.

"Nos hemos ganado esta responsabilidad durante más de dos siglos porque mantenemos nuestra palabra y cumplimos nuestras obligaciones. Eso es lo que significa total confianza y crédito completo, que pueden contar con nosotros", subrayó.

"Y hoy quiero que nuestra gente, nuestras empresas y el resto del mundo sepan que la total confianza y crédito en Estados Unidos sigue siendo incuestionable", agregó.

Eso sí, puntualizó, ello requerirá un cambio de proceder en Washington. "Mis amigos en el Congreso deben comprender que tiene que cambiar la forma de trabajar en esta ciudad", instó Obama, intentando captar el enojo popular con la clase política.

Tras el fin de la crisis "debemos dejar de fijarnos en los lobbystas, los blogueros, en los comentaristas de la radio y en los activistas profesionales que se benefician de los conflictos para concentrarnos en lo que la mayoría de los estadounidenses quiere que hagamos, que es hacer crecer nuestra economía, crear buenos empleos, reforzar la clase media, educar a nuestros hijos y poner los fundamentos de una prosperidad de base amplia", sostuvo.

Según Obama, hay tres prioridades para Washington: lograr un presupuesto equilibrado a largo plazo, aprobar por fin -"antes de fin de año"- una reforma migratoria y, también, una ley agraria pendiente.

La reforma migratoria, que pretende regularización de la situación de unos 11 millones de indocumentados, ha sido, además de su reforma sanitaria, uno de los temas de mayor roce con la oposición republicana.

Tareas ésas son tareas grandes pero factibles si, subrayó, demócratas y republicanos dejan de una vez de lado los intereses propios y se ponen a trabajar juntos.

"No hay una buena razón por la que no podamos gobernar de forma responsable pese a nuestras diferencias, sin ir dando tumbos de crisis manufacturada en crisis manufacturada", dijo.

Agencias DPA, ANSA, AFP, EFE

y Reuters, y Ámbito Financiero

Dejá tu comentario