15 de febrero 2012 - 00:00

“Sin productor, es imposible hacer teatro en España”

Las actrices españolas Susana Hornos y Zaida Rico crearon y codirigen la pieza «Granos de uva en el paladar», un recorrido por la historia de España desde 1932, que se estrenó en el Centro de la Cooperación.
Las actrices españolas Susana Hornos y Zaida Rico crearon y codirigen la pieza «Granos de uva en el paladar», un recorrido por la historia de España desde 1932, que se estrenó en el Centro de la Cooperación.
Susana Hornos y Zaida Rico son dos actrices españolas que llegaron a Buenos Aires, atraídas por su pujante actividad teatral. La primera es escritora, guionista y está casada con Federico Luppi (juntos sufrieron la debacle del 2001 y luego de un tiempo en España volvieron a instalarse aquí). Rico entró al teatro a través de la danza clásica y de inmediato se volcó a la actuación. Juntas crearon y codirigen «Granos de uva en el paladar», un conmovedor recorrido por la Historia de España, desde 1932 en adelante, que atraviesa la Segunda República, la Guerra Civil, la dictadura franquista y los años de transición. Son quince personajes a cargo de un elenco exclusivamente femenino integrado por Arantza Alonso, Lucía Andreotta, Marta Cuenca, Clara Díaz, Sauce Ena y Ruth Calleja. Todas ellas forman parte de AEBA (Actores Españoles en Buenos Aires).

«Granos de uva en el paladar» se exhibe en el Centro Cultural de la Cooperación los jueves a las 21. Conversamos con sus directoras.

Periodista: Para ustedes debió ser una gran novedad hacer teatro independiente.

Zaida Rico:
Pues sí, fue un antes y un después. Aquí pude tener por primera vez en mi vida una obra en cartel («De mí») durante dos temporadas. Allá es imposible, si no hay un productor. Se puede hacer giras, pero no es lo mismo.

P.: ¿En qué ambientes transcurre «Granos de uva.»?

Z.R.: Partimos de tres cuentos que escribió Susana. En uno se cruzan dos mujeres muy diferentes en los años de la República. El segundo transcurre en una cárcel de mujeres durante la dictadura de Franco y el otro es sobre un joven fusilado por los falangistas.

P.: ¿Es la primera vez que abordan estos temas?

Susana Hornos:
Yo antes escribí el guión de una película que dirigió Federico Luppi que se llamaba «Pasos» y transcurría en la década del 80, durante la transición española, que no fue tan maravillosa e idílica como nos la vendieron.

P.: Los años del destape.

Z.R.:
Fue muy curioso lo del destape, pues consistió en que de pronto salieran todas las mujeres desnudas en el cine y en la tele. Cuando lo cierto es que había que destapar otras cosas.

P.: Que por lo visto no se han destapado del todo.

S.H.:
A mí me da mucha rabia porque pasaron mucho años de la dictadura franquista y pese a que el mismo PSOE tuvo una mayoría absoluta, todavía no hubo juicios. Una de las cosas que se piden ahora con la Ley de la memoria histórica es que se les quite la condena a quienes fueron acusados de traición a la patria por ser republicanos. Es injusto hablar de amnistía. No lo fue, porque esa gente nunca debió haber sido condenada.

P.: ¿La Guerra Civil sigue siendo un tema tabú en España?

Z.R.:
Después de 40 años de dictadura, de una época de miedo enorme, la gente no sólo no se atrevía a denunciar ciertos hechos, ni siquiera se atrevían a hablar de ellos. Esto va más allá de un tabú social, tiene que ver con el miedo y con demasiados años de silencio.

S.H.: La primera parte de la obra contrasta mucho con la segunda en ritmo y luminosidad. Empezamos con un fresco de época, en donde una mujer de pueblo, educada para tener hijos, se está casando con un terrateniente, y en paralelo vemos a otra que es maestra y lucha por sus ideales. Es el mundo de la Segunda República que tiene que ver con los sindicatos, la enseñanza, los derechos de la mujer, el sufragio femenino, la ley de divorcio. Y en paralelo estaba esa España profunda, clerical y, oscura como en las pinturas negras de Goya.

P.: ¿Qué visión ofrecen de los años de guerra?

S.H.:
Aquí desaparecieron los dos bandos. Nuestra guerra no tiene golpes y la recreamos con un lenguaje simbólico. Pese a tratarse de una guerra hay escenas muy hermosas. Eso es lo que nos han dicho. La obra va más allá de la Guerra Civil. No importa que se hable de una cárcel española, bien podría ser argentina, chilena o de Irak. Lo que importa son esas tres mujeres encerradas ahí. Para nosotras es muy gratificante estar en un país y en una ciudad que te da energía para hacer teatro y para tratar estos temas. Lo he dicho en un programa de radio y lo voy a repetir siempre: He tenido que recorrer diez mil kilómetros para encontrarme con mi memoria. No es casual que estemos en la Argentina para poder hablar de esto.

P.: Se dice que en actividad teatral Buenos Aires no tiene parangón.

Z.R.:
Es cierto. En España, cuando me preguntan: ¿de qué trabajas? Y digo: «soy actriz». Es normal que me vuelvan a preguntar: «Sí. Pero, ¿de qué trabajas?». En cambio aquí me ha pasado un montón de veces de ir en un taxi y cuando digo que soy actriz, me contestan: «Buenísimo» y nos ponemos a hablar de teatro con el taxista. Es maravilloso. Esta ciudad tiene un reconocimiento muy lindo por este trabajo.

Entrevista de Patricia Espinosa

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