23 de diciembre 2008 - 00:00

Sin respiro, los anti-K apuran campaña en la playa

Julio Cobos
Julio Cobos
Julio Cobos alquiló una «casita» en Mar del Plata. Más pituco, Francisco de Narváez se muda a Pinamar. Elisa Carrió promete no ir a Punta del Este. Felipe Solá arranca en Monte Hermoso. Y Jorge Macri, quizá con su primo Mauricio, caminará la playa con agenda de seguridad.
La oposición, en sus múltiples variantes, planea un verano de agitación electoral como anticipo, prematuro pero imprescindible, de las legislativas de octubre. Todos, sin excepciones, se lanzarán a la costa y es probable que haya más de una sorpresa.
Cobos hará punta. Reservó, para enero, una «casita sencilla» en el barrio Los Troncos de Mar del Plata. Llevará a su familia todo el mes y aparecerá los fines de semana de la mano de uno de sus armadores bonaerenses, el ex alcalde local Daniel Katz.
Además del «running» tempranero, el vice saldrá de recorridas por la playa, andará por la peatonal y tiene una agenda nutrida de eventos. Se sabe: Cobos se convirtió en todo un «eventero». Aprovechará, además, para estar con su hermana, que vive en La Feliz.
Si el azar u oportunas charlas previas lo permiten, es probable que se cruce con Elisa Carrió. La líder de la Coalición Cívica (CC) prometió que este verano no pisará Punta del Este. «El jefe de la asociación ilícita no me deja tomarme vacaciones», se queja amargamente.
Se refiere, claro, a Néstor Kirchner, quien le reprochó la pasión esteña a Carrió cuando habló de dirigentes que tienen 120 días de vacaciones pagas. Sintió el impacto y, a los suyos, compungida, les dijo que pasará las semanas en Capital y tendrá week ends marplatenses.
Tarde, y a las corridas, Carrió se acordó de que sería oportuno tener algo planificado para el verano, más allá del descanso y la lectura. Coincidirá, si hace tiempo, con Margarita Stolbizer, su apuesta bonaerense, que trabaja en un acuerdo con Cobos y la UCR oficial.
Expedicionarios
Más arriba, con otro valor el metro cuadrado, en Pinamar se instalará Francisco de Narváez, que, además, ya tiene lista una casa en La Plata que porta una metáfora: al abrir la puerta, se da de frente con la Casa de Gobierno. «Estoy a metros de la gobernación», bromea.
De Narváez podría coincidir con Eduardo Duhalde que, dos veranos atrás, con demora, pudo finalmente instalarse en un complejo costero en la zona de Cariló. Más allá de idas y vueltas, el diputado y el ex presidente siempre terminan juntos y a los abrazos.
El motivo de la riña han sido -ya se contó en estas páginas- los coqueteos de Duhalde con Felipe Solá, quien, gasolero, comenzará la ronda veraniega en el último balneario del sur bonaerense: en Monte Hermoso, entre las aguas vivas y las ráfagas de viento traicionero.
Conocedor de la provincia, Solá prefiere destinos menos masivos que Mar del Plata
-adonde igual irá- porque, sobre todo al sur, concurre gente del interior provincial, un mercado electoral donde cree que puede obtener un fuerte respaldo si, finalmente, compite el año próximo.

Tras el verano, y en parte según cómo funcionen sus recorridas por la costa, además de tantear el sistema de alianzas, su relación con los Macri y la cosecha de respaldos en el peronismo, el ex gobernador hará el anuncio formal de su candidatura.
Volverá, convocado por Jorge Macri, a mostrarse con sus socios de PRO. Puede que sea el retorno de Solá a la agenda puramente bonaerense: Macri planea un seminario de verano sobre inseguridad y, como ocurrió ya con temas del campo, lo invitará a Solá.
Podría ser la oportunidad para que, llegado el caso, el ex gobernador se muestre por primera vez en público con el otro Macri, Mauricio. Esa foto, largamente demorada, se guarda para una ocasión que felipistas y macristas definen sin más detalle como «especial». En simultáneo, Macri
-Jorge-
tiene su propia agenda de verano: además de inseguridad, apunta al mercado juvenil y planea una campaña bajo el sol. Algo similar, luego de instalar su «mapa de la inseguridad», tiene previsto hacer De Narváez. Es quien, por ahora, tiene más fechas fijas. Con una temporada que, por momentos, aparece menguada por la crisis, la oposición se instalará en la costa para anticipar la riña electoral, a pesar de que, en verano, el ánimo no suele ser el mejor para el entrevero político. Así y todo, la costa, de punta a punta, será otra vez tierra de campaña.

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