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Sin volumen ni entusiasmo

Como viene ocurriendo desde que arrancó la semana no hubo ningún motivo puntual de auténtica relevancia para explicar este derrumbe que ya supera el 7 por ciento, por lo que muchas voces se refugiaron en la idea algo inconsistente que la suba vivida hasta el viernes pasado había sido exagerada (parece demasiado que se pierda todo lo ganado en más de un mes y medio). Es cierto que se pueden esgrimir justificaciones de menor magnitud (inventarios, consumo, huracanes, etc.), pero si miramos que el precio del oro avanzó ayer el 0,07 por ciento y que la tasa de los bonos del tesoro a 10 años se redujo al 1,782 por ciento anual, la idea que lo que está sucediendo tiene algo que ver con una visión no muy optimista sobre el futuro económico global cobra cierto sentido. De hecho, esto último es una de las cosas que mejor explican que, más allá de un atisbo inicial, se recibiera con tan poco entusiasmo el anuncio de un nuevo megaplan de compra de títulos por el Banco de Japón, para inyectar más liquidez a su mercado (hace casi dos décadas lo vienen haciendo -ahora imitados por la Fed y el BCE- sin demasiados resultados).
El volumen, que hace tiempo no mencionamos, ha vuelto a caer luego del pico de la semana pasada (la primera posvacaciones) y fue ayer el menor de las últimas siete ruedas. Los precios podrán o no subir, pero es claro que el entusiasmo sigue ausente.


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