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Siquier inicia la Colección de Arte Espacio Público
“1201”, una de las escasas obras de arte público de las últimas generaciones que posee la Ciudad de Buenos Aires, se emplazó la semana pasada en el parque Thays.
El arte de Siquier se nutre de nuestras calles y hoy, su poderosa evocación urbana, el despliegue de impenetrable e intrincado diseño, pone en evidencia la belleza de la arquitectura. Siquier ha pintado a Buenos Aires como nadie lo hizo antes. Y ahora, las líneas vertiginosas del monumento de hierro que se yergue en medio del parque, delatan la intensidad de un artista obsesivo. Hay una condición casi demencial en la naturaleza de la obra que resulta perturbadora. Hace unos años el artista contó que proyectaba realizar unas estructuras de hierro transitables; hoy, presenta una red tan cerrada que apenas deja filtrar la mirada.
El sentido difuso de la obra se mantiene agazapado, suspendido en el tiempo y en el espacio, con su secreto mensaje para los días que vendrán. Si como observó André Breton, "la obra de arte sólo tiene valor cuando tiembla de reflejos del futuro", las abstracciones de Siquier se proyectan en el presente pero invitan a adivinar el porvenir.
Las tensiones que cruzan el monumento, las diagonales y las rectas vertiginosas que sustentan el gigantesco paralelepípedo, representan las fuerzas de los diversos enclaves urbanos, algunos incompatibles entre sí. Es el nervio de la energía urbana, la férrea trama de la compleja Buenos Aires.
Con la superlativa evidencia de los monumentos, la inmensa estructura abstracta de hierro trefilado se levanta como una señal, ostenta la tenacidad de aquello que se sostiene firme, aun en la adversidad.
Presentación
Frente a la obra que hace un año se exhibió en el Centro Cultural Recoleta,Pablo Siquier agradeció un destino que "no había imaginado ni siquiera en sueños". Poco antes de la multitudinaria gira de La Noche de los Museos, durante el breve acto de presentación que tuvo expresiones de sinceridad poco común en el ámbito político, el ministro de Ambiente y Espacio Público y hoy legislador electo,Diego Santilli, contó que había pensado en las inversiones a largo plazo para legar lo mejor del arte, porque creía en su poder para transformar nuestras vidas. Y, entonces, agregó: "Así como en algún momento se adquirieron obras de grandes artistas como Rodin o Lola Mora para embellecer nuestros parques, en un futuro se podrá decir que los porteños decidieron adquirir el monumento de Siquier".
El ministro de Cultura Hernán Lombardi comenzó por reconocer(de un modo ambiguo y sin personalizar) la existencia de celos y rivalidades en la carrera política. "A veces los dominamos, otras veces los ocultamos, pero los celos están allí. Es inevitable", observó. Desde luego, los presentes, algunos hábiles en los juegos de la oratoria, le pusieron nombre y apellido a la supuesta rivalidad política. Lombardi elogió veladamente la gestión de su par al mencionar una presunta competencia; Santilli, por su parte, puso un ancla en el devenir del arte efímero y ganó un lugar en el difuso límite que separa Medio Ambiente de Cultura.
Entre los funcionarios de la Ciudad que impulsaron la creación de la Colección Espacio Público, estuvo Florencia Braga Menéndez.La compra de la obra de Siquier en arteBA, justo cuando se debatía el pedido de donaciones a veces compulsivo- que padecen nuestros artistas,fue un gesto del Gobierno de la Ciudad que,no sólo enriqueció públicamente su patrimonio sino que, además, estimuló el mercado. Braga Menéndez cerró la tarde diciendo que "autor y autorizar son palabras que se desprenden de la misma matriz. Le debemos mucho a Lombardi, porque el autorizó a los artistas para que se hagan cargo de la parte que les toca y los invitó a salir a jugar, a compartir su creatividad con todos". Allí estaban Analía Leguizamón, Facundo Gómez Minujin, Gabriela Urtiaga, Orly Benzacar, Julia Converti, Maia Güemes, Belén Bauzá, Guido Ignatti, Renato Rita, Mari Jo Cardinal, Mercedes Corte, Claudio Massetti y Elio Kapsut.
A los porteños siempre les gustó el arte y en esta última década se acentuó el interés por las expresiones contemporáneas que vienen ganando espacio en los museos e instituciones culturales. No obstante este interés creciente por la producción artística de las últimas generaciones, recién ahora comienza a reflejarse de modo abierto en las calles de la ciudad de Buenos Aires.


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