Diez meses más tarde, la pregunta que se formulan los periodistas es si el mayor premio que los honra en este país, el Pulitzer, debe ser hoy otorgado o no a sus colegas que pusieron el tapete el "caso Snowden".
El diario británico The Guardian y el estadounidense The Washington Post publicaron a mediados del año pasado lo que posiblemente haya sido la historia más relevante de la década, al revelar cómo la mayor potencia del mundo vigila a millones de personas en todo el planeta, en particular sus comunicaciones, telefónicas y de internet, incluyendo las de influyentes líderes.
La magnitud del espionaje generó un debate al interior de los propios Estados Unidos y duras críticas al Gobierno de Barack Obama de parte de dirigentes de países aliados que fueron espiados.
La opinión pública está dividida entre quienes consideran que los ciudadanos tienen derecho a pedirle cuentas al Gobierno y quienes estiman que Snowden actuó como un traidor y un criminal que debe ser llevado ante la Justicia por revelar secretos que pueden poner en peligro la seguridad nacional.
Paul Janensch, profesor emérito en la Escuela de Comunicaciones de la Universidad de Quinnipiac, prevé tensiones entre periodistas y miembros del jurado del premio Pulitzer.
"Por un lado estamos ante fabulosos trabajos periodísticos, pero por otro los documentos que fueron filtrados estaban clasificados y generaron angustia en el Gobierno estadounidense. Además, la persona que proveyó la información se refugió en Rusia, por lo que comprendo que esto genere un serio debate", señaló Janensch.
Rusia mantiene actualmente con Estados Unidos su peor enfrentamiento desde el fin de la Guerra Fría.
En enero pasado, el director nacional de Inteligencia, James Clapper, estimó que los periodistas que habían difundido los documentos filtrados actuaron como "cómplices de Snowden".
Glenn Greenwald y Laura Poitras, los reporteros que entrevistaron al exconsultor de inteligencia en Hong Kong, retornaron el viernes a su país por primera vez desde que estalló el caso para recibir el George Polk Award por su cobertura.
"No puedo imaginar una elección más apropiada para el premio Pulitzer", dijo Mark Miller, docente de Estudios sobre los Medios de Comunicación de la Universidad de Nueva York.
"Glenn Greenwald hizo lo que se supone que todo periodista estadounidense debe hacer, es decir servir al interés público echando luz sobre los abusos de poder de parte del Gobierno", estimó.
Expertos en medios dicen a su vez que no existe ninguna prueba de que los informes de los periodistas hayan puesto en peligro la seguridad nacional y aducen que éstos siempre fueron muy cuidados en el tratamiento del material que manejaron.
Sus partidarios dicen que podría ser perjudicial para la credibilidad del jurado del premio Pulitzer, que tiene reputación de conservador, no premiar lo que fue "la revelación de la década".
Habitualmente los medios de comunicación estadounidenses son considerados más conservadores en temas que tienen que ver con la seguridad nacional que las publicaciones extranjeras.
| Agencia AFP |


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