4 de octubre 2012 - 00:00

Sobornos: testigos siguen arrinconando a Chacho

Eduardo Menem logró ayer, con su declaración, intrigar a la concurrencia del juicio oral por los supuestos sobornos en el Senado. En un atrapante túnel del tiempo, habló de reuniones secretas, narró diálogos y negociaciones durante distintos Gobiernos y rechazó las denuncias del arrepentido Mario Pontaquarto. El riojano levantó la voz en distintos momentos, en especial para fustigar a Carlos Chacho Álvarez: «Hacía raids mediáticos diciendo que el Senado era un aguantadero; pobre, no se acordaba que el presidente que lo llevó al poder había hecho casi toda su carrera ahí».

«Nunca escuché de sobornos para la aprobación de la ley», dijo en referencia a la reforma laboral. Con buen ritmo relató distintas reuniones con Antonio Cafiero para hablar sobre el anónimo que detallaba supuestas coimas. Recordó un encuentro privado en la casa del exsenador bonaerense en San Isidro en el cual, según explicó, Cafiero le preguntó qué sabía del anónimo. «En un momento me dio a entender que mi nombre aparecía; le respondí que ésa era la prueba de que era todo mentira», expresó Menem.

Apoyos

Consultado sobre el rol de los peronistas en la votación de la reforma laboral, recordó reuniones de los senadores con su hermano Carlos, por ese entonces presidente del PJ. «Nos reunió y nos dijo que había que apoyar a De la Rúa igual que los radicales lo habían apoyado a él en el Congreso en los primeros meses de su presidencia», explicó al narrar que cuando Raúl Alfonsín le traspasó el poder con antelación a Carlos Menem en 1989, éste todavía no tenía las mayorías necesarias en el plano legislativo. «Ese apoyo era decisivo para votar leyes urgentes; no se olviden que en ese momento la inflación tuvo picos del 196%», sostuvo.

Los únicos sobresaltos los vivió al recordar, con evidente furia, a Álvarez: «Realizó descalificaciones permanentes a la institución del Senado, se la pasó hablando de 2 millones de dólares de fondos reservados para la presidencia, pero nunca dijo que cuando yo fui presidente del cuerpo nunca toqué un peso». A continuación calificó de «deleznable» la actitud de Chacho de leer el anónimo a los senadores. «Lo hizo casi como disfrutándolo», recordó.

Tuvo un solo momento de emoción al recordar al senador de la UCR Kenneth Woodley. «Estaba agonizando de cáncer e igual iba a las sesiones a votar las leyes que necesitaba su presidente Alfonsín. A ese tipo de hombres Álvarez les faltó el respeto», sostuvo elevando la voz.

Con traje oscuro y una carpeta en mano, Menem llegó puntual a los tribunales de Retiro. Como si estuviera en una conferencia, respondió preguntas de fiscales y defensores sobre derecho parlamentario, materia sobre la cual ha publicado su último libro. Fue tal el entusiasmo de los letrados que el Tribunal Oral Federal Número 3 debió llamar la atención a fin de que el debate no se asemejara más a un claustro académico.

Se fue en silencio y se saludó con unos pocos. Divertido les recordó cuando renunció a la presidencia provisional del Senado para que ese cargo lo asumiera el radical José Genoud y permaneciera así en manos del Gobierno. Según contó, los senadores peronistas le organizaron una cena homenaje y Cafiero leyó un texto cuyo título pareció un guiño al escrito Oscar Wilde: «La importancia de llamarse Eduardo».

Críticas

Las objeciones contra Álvarez continuaron cuando llegó el momento de que Fernando de Santibañes ampliara su declaración. «Siempre me acusó de haber armado la tapa de la revista La Primera, pero cuando vino acá contó otra cosa», dijo el exjefe de la SIDE en referencia a la declaración de Chacho.

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