6 de abril 2009 - 00:00

Sobre secretos bien guardados

Tréstiková: «Seguir la evolución de un personaje viene de mi infancia, cuando inicié un diario sobre grandes acontecimientos, como el primer viaje espacial de Gagarin».
Tréstiková: «Seguir la evolución de un personaje viene de mi infancia, cuando inicié un diario sobre grandes acontecimientos, como el primer viaje espacial de Gagarin».
Los films de la realizadora checa Helena Tréstiková -tres mujeres testimonian lo peor de dos regímenes políticos, una cantante está feliz de hacer «Carmen», una diva checa intenta silenciar sus amores con Joseph Goebbels- recibieron merecidos aplausos en el Bafici que concluyó el sábado (ver nota en pág. 4). Pero ella no se fue muy contenta: frente al Abasto le robaron el bolso con los documentos (suerte que la embajada de su país la auxilió). Dato paradójico, su mayor éxito es sobre un asocial que le robó la cámara. Para quien no los haya podido ver, sus películas están a disposición del público en la embajada. Dialogamos con ella:
Periodista: ¿Cómo se interesó en esos marginados?
Helena Tréstiková: En 1988, aún bajo el comunismo, inicié el seguimiento de cinco jóvenes asociales para comprobar cómo evolucionaban. Uno de ellos era culto y lúcido pero inestable, desconfiado, aprovechador, y aún hoy lo detienen a cada rato por delitos comunes. «Ni Dios sabe por qué mi vida se volvió tan mala», dice. Lo seguí más allá de lo pensado, hasta 2008, lo ayudé, y me cansé. La Academia Europea de Cine consagró mi largometraje «René», pero el personaje real nunca mejoró. Es la evidencia de un fracaso personal y social. Ahora estoy trabajando sobre una drogadicta.
P.: Distinto es el caso de «Marcela».
H.T.: La conocí en un seguimiento anterior, dedicado a historias de matrimonios. Su capítulo terminaba cuando la pareja ya estaba separada y con una nena. Luego ella tuvo un chico mentalmente limitado, muy compañero. La reencontré, seguí filmando su lucha diaria, la acompañé cuando perdió a la hija. En su caso, cuando la película se vio por televisión, el público espontáneamente empezó a enviarle dinero y ofertas de trabajo. Es una de esas obras que justifican mi quehacer.
P.: ¿Cómo se le dio por esos registros «a lo largo del tiempo»?
H.T.: Ya mi corto de graduación en la Escuela de Cine de Praga, la Famu, seguía el embarazo de una mujer, hasta el niño a los cuatro meses de vida: «El milagro». Creo que viene de mi infancia, cuando, internada, inicié un diario íntimo anotando pequeños hechos personales y grandes acontecimientos públicos, como el primer viaje espacial de Yuri Gagarin. Al releerlo, ya entonces, lo vivía como una película. Lo mismo hice en 1968, con la Primavera de Praga, y 1989, con la caída del comunismo.
P.: Entiendo que recientemente fue ministra de Cultura.
H.T.: Sólo un mes. Las intrigas partidarias me fastidiaron y volví a mi trabajo.
P.: Hablemos de su serie de mujeres ante el siglo XX, empezando por la de «Sweet Century».
H.T.: Todo un personaje. Reconocida cronista de modas en los '30, y presa política en los '50, porque ayudó a escapar a mucha gente. Pero ella tenía una máxima: «Una dama es una dama, aunque esté en la cárcel entre criminales».
P.: Es la única que, al hablar del nazismo, en vez de las crueldades describe las telas y sombreros que se usaban.
H.T.: Después no le gustó nada la imposición de la moda «obrera», con telas burdas y confecciones poco elegantes.
P.: También la de «My Lucky Star» es una dama.
H.T.: Su familia cayó en desgracia cuando un vecino los denunció por escuchar la BBC. Antes de entrar al campo de concentración el padre le dijo «La calma será nuestra poder». Así soportó cinco campos, y, lo peor, la muerte de la hermanita. Los ingleses que llegaron no pensaban atender a los sobrevivientes, pero ella les interesó, porque hablaba inglés. Lo había aprendido tras enamorarse de una canción, «My lucky star».
P.: ¿Y la de «Hitler, Stalin y yo»? Impresiona cuando evoca el adiós del marido, rumbo al fusilamiento, y dice que fue «el momento más importante, el peor, y el más hermoso de mi vida».
H.T.: El más hermoso, porque sintió que él era libre, pese a sus cadenas. Primero fue víctima de los nazis, como ella, y luego cayó en la purga estalinista de 1951, la misma que cuenta Artur London en «La confesión», luego llevada al cine por Costa Gavras. London fue uno de los pocos que logró salvarse. También a ella la música la ayudó a vivir, en su caso el concierto para violoncelo y orquesta de Dvorak. Y lo que más me admira de todas estas mujeres, es cómo, pese a todo lo que sufrieron, son capaces de mantener el optimismo.
P.: Vamos a la más difícil: la actriz Lida Baarova (la señora Giulia Curti de «Los inútiles» de Fellini). Víctima del comunismo, amante de Goebbels durante el nazismo, presunta espía de la Gestapo.
H.T.: Me decían «apenas le preguntes te echa de la casa», así que se lo pregunté recién el último día de rodaje. No me echó, pero fue siempre elusiva, ocultadora, cuando no simplemente alcoholizada, farfullando incoherencias. No destapó nada, y murió poco después. Tampoco deja la menor pista en su autobiografía.
P.: Un estudioso comenta que nadie habló más distanciadamente de la Baarova que ella misma, en su autobiografía.
H.T.: Es una observación buenísima.
P.: ¿Tampoco dijo nada de su paso por la Argentina?
H.T.: Que extrañaba Europa y aquí había calor y muchos mosquitos. La pasó mal, se estaba separando. Pero eso no lo puse.
P.: Se le agradece mucho que también haya traído «Forte a Piana», aquí rebautizado «Carmen Story», sobre la mezzo-soprano Dagmar Pecková preparando una puesta con el regisseur Josef Bednarik. ¡La gente salía feliz de la sala!
H.T.: Bueno, Carmen muere, pero sabemos que es de mentira, y al regisseur tampoco lo mata la crítica. La música siempre nos ayuda a vivir. René no tiene música.
Entrevista de Paraná Sendrós

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