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“Sócrates fue íntegro; hasta Galileo mintió para salvarse”
Eduardo Rovner: «Cuando la sociedad empieza a aceptar como natural la falta de ética necesito mostrar que hay otras
posibilidades».
Periodista: ¿Esperaba semejante convocatoria de público para esta segunda versión de «Illia»?
Eduardo Rovner: Lo que a mí me pone más contento es que es una obra abierta, no una proclama política; por eso le gusta a todo el mundo. Carlos Rottemberg, que es kirchnerista, me llamó para decirme lo maravillosa que es. Cuando terminó la función fue a besarlo a Brandoni. ¡Estaba enloquecido! Yo escribí «Illia» en los 90, un momento en que la sociedad argentina ya no sólo aceptaba la corrupción sino también la ostentación de la corrupción. ¿Cuál es el personaje opuesto a esta tendencia? Illia. Cuando la sociedad empieza a aceptar como natural la falta de ética necesito mostrar que hay otras posibilidades.
P.: El estreno fue muy político.
E.R.: Era lo que el productor quería. Me dijeron que no faltó nadie, desde Macri a de la Rúa. Pero esa noche me negué a dar notas. Yo tengo una característica, que seguramente tiene que ver con ser autor y no actor, y es que cuando aparecen las cámaras y los flashes, yo me escondo.
P.: ¿Para no aparecer al lado de un político?
E.R.: No fue por eso. La verdadera razón es que los políticos no me interesan en particular. Después me enteré de que sigue yendo mucha gente vinculada a la política y que a Monseñor Laguna le gustó la obra.
P.: ¿Por qué tardó tanto en estrenar «Illia»?
E.R.: A mí me la pidió el productor Luis Cella (quien, entre otras cosas, estuvo a cargo de la imagen televisiva de Alfonsín durante la campaña del 83). La obra se estrenó en 2009 con Arturo Bonín y dirección de Luis Lecchi. Y después Cella volvió a llamarme porque Brandoni la quería hacer, ahora con dirección de Héctor Gióvine. Yo no soy radical y ésta no es una obra partidista, es una pieza que intenta rescatar la épica política y la honestidad que se ha perdido. Yo no me como que el público ovaciona mi obra o una actuación; lo que está ovacionando es la actitud de vida de un hombre honesto que luchó por sus ideales. Es que después de Illia ya no tuvimos otro político tan ejemplar. Más allá de que uno esté de acuerdo con algunos cambios sociales, la corrupción sigue siendo gravísima.
P.: Y ahora, como no encontró a nadie a su altura, fue por Sócrates...
E.R.: Cuando se puso de moda la «borocotización» de los políticos, que por un puesto o unos mangos cambian de vereda, me pregunté: «¿qué figura de la historia nunca cambió y se mantuvo fiel a sus ideas?». Sócrates fue la respuesta; porque hasta Galileo cambió sus declaraciones para zafar. Sócrates fue condenado a muerte por la Asamblea ateniense, por corromper a la juventud con sus ideas; pero pocos saben que nunca se daba cumplimiento a la pena capital. Esta se canjeaba por un tiempo de arresto, una multa, el destierro o la simple retractación del acusado. Pero Sócrates dijo no, yo me tomo la cicuta porque ninguna de las otras razones me parecen aceptables. Incluso, llegó a pedir a cambio de la pena de muerte ser declarado un benefactor público.
P.: ¿Qué aspectos tomó de la vida y del pensamiento socrático?
E.R.: Me centré más que nada en la versión del juicio que relató Platón en la «Apología de Sócrates», pero también investigué en otros textos. Fueron años de trabajo. Tomé como recurso dramático a un profesor de filosofía que no puede enseñar de otra manera que identificándose con Sócrates y es censurado por la institución donde da clase, ya que le exigen ajustarse a lo estipulado. La acción dramática presenta un doble juego. Vemos al profesor haciendo de Sócrates frente a sus alumnos y al propio Sócrates debatiendo con el tribunal ateniense. Luis Campos está fantástico en ese papel. A los jóvenes les encanta la obra porque tiene humor e ilustra bastante sobre el pensamiento socrático. Tuve ocasión de dialogar con varios adolescentes que vinieron al estreno y que se engancharon muchísimo con el personaje. Yo rescaté las dudas, obsesiones y sentimientos del filósofo frente a su condena y frente a la muerte; lo demás está en los libros.
P.: Pasemos a «Te voy a matar mamá» ¿Está en la misma línea de «Volvió una noche»?
E.R.: Aquí hay un solo personaje, en este caso una hija, interpretada por Mercedes Funes, que ensaya en soledad cómo y por qué matar a su madre. Es un viaje que no deja de lado la comicidad, porque son muchos los reclamos y las contradicciones de esta muchacha. Sus acusaciones no sólo van dirigidas a la madre; el padre tampoco se salva de sus demandas.
Entrevista de Patricia Espinosa


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